El juego de la economía social y sostenible

Foto: Vicente Zambrano

Foto: Vicente Zambrano

Este Monopoly alternativo sirvió como campo de pruebas de la moneda local de Vilanova i la Geltrú.

Ecopolis es un juego inspirado en el Monopoly pero que en lugar de enseñarnos a especular quiere ayudarnos a entender cómo el uso de las monedas complementarias puede mejorar la economía de un pueblo. Se juega en dos partes: la primera, con criterios puramente capitalistas, y en ella se favorece la especulación, la rapiña y la destrucción planetaria; y la segunda, con criterios de economía social y sostenible. Aquí el tablero de juego representa una ciudad en la que está implementada una moneda complementaria que se obtiene mediante trabajos para la comunidad u ofreciendo productos artesanales, servicios o conocimientos. Los productos se pueden pagar en parte en moneda global y en parte en moneda local.

Cada jugador escoge al azar un personaje y una condición económica asociada, y a medida que avanza va encontrándose con necesidades que tiene que cubrir con lo que ofrece la sociedad. En la parte de economía social, las posibilidades de cubrir las necesidades son mucho mayores que en la capitalista y a la vez la huella ecológica es muy inferior.

Hay una ganancia colectiva, que se constata en el hecho de que todos los jugadores tienen trabajo y están mejorando la ciudad, y también una ganancia individual, que se mide según la capacidad de cada jugador de reducir su huella ecológica.

Ton Dalmau, el inventor del juego, explica: “El juego se creó en el año 2010 para entender cómo podría funcionar la moneda complementaria que estábamos diseñando pensando en Vilanova i la Geltrú. Hubo un momento, en octubre de 2010, en el que nos dijimos: ‘pongámonos a jugar en real’, y de ahí surgió la turuta, la moneda social de Vilanova i la Geltrú, un proyecto ciudadano”.

“La globalización ha servido para crear muchas cosas que no se pueden producir localmente (ordenador, móvil, avión, coche…), pero lo ha puesto todo en un solo mercado, incluso los productos que siempre habían tenido un origen local, y esto tiene un alto coste energético y repercute en la salud individual y planetaria –sigue Dalmau–. El poder de las economías locales complementarias consiste en poner en valor de nuevo todo lo que podemos producir localmente (comida, ropa, muebles, casas…). Creemos que la glocalización (global más local) es la auténtica globalización, pues lo global no funciona si lo local se destruye”.

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