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De Broadway a Suzan-Lori Parks. Una radiografía teatral de Nueva York

Jue 20/12/2018 | 10:30 H

Por Edgar Costa desde Nueva York

Todo aquel que pone el pie por primera vez en Nueva York, sea amante del teatro o no, probablemente tiene intención de ver un musical de Broadway. Esta avenida que cruza Manhattan rompiendo la cuadrícula de calles y avenidas es símbolo de espectáculo y fue hacia 1890 cuando múltiples teatros se comenzaron a ubicar alrededor de Times Square, en el punto donde Broadway se cruza con la 7ª avenida. Hoy son 40 las salas entre las calles 40 y 54 que iluminan y atraen miradas convirtiendo este enclave de Manhattan en un reclamo turístico. El teatro emplea a 89.000 personas en la ciudad y mueve unos 14 millones de dólares en entradas cada año.

En Nueva York los dólares son el motor de todo, Y el arte no escapa a la máquina de hacer dinero, convirtiendo las mega producciones de Broadway en un gran negocio. Sin embargo, el teatro musical que hoy triunfa en Nueva York tiene una trayectoria completamente diferente de los dramas y las comedias surgidos en pequeños grupos de improvisación, transformados después en escuelas de interpretación, muchas de ellas basadas en influencias europeas y rusas que hoy viven amenazadas por un agresivo mercado inmobiliario y financiero que lo transforma todo.

Los teatros de Nueva York durante la mitad de los años 1700 atraían a una clientela seducida por la prostitución que se practicaba bajo la vista gorda de la corrupta policía. Más tarde, llegaría el boom teatral de la mano de la bombilla eléctrica a principios de 1900, cuando los locales que conformaban el theater district comenzaron a colocar carteles brillantes con luces blancas formando el gran camino blanco ("the great white way"). El potencial publicitario que descubrieron en la bombilla eléctrica se convirtió en un rápido aliado de los teatros pero también en un elemento que transmitía seguridad a la vez que permitía que ir a ver una obra se convirtiera en una actividad atractiva para un sector de público más amplio.

Cuando el sonido llegó al cine, muchos empezaron a temer que las películas le robarían la audiencia, a la industria del teatro. La escena supo sobrevivir y capear dificultades como el impacto de la Segunda Guerra Mundial o la Gran Depresión, donde la gente no se podía permitir como antes ir al teatro, lo que hizo caer el número de espectadores y empujó a algunos negocios a cerrar o a muchos actores a probar suerte en Hollywood.

THE LIVING THEATRE
Las dificultades siempre se han transformado en oportunidades de crear en Nueva York, y aquello que 'quien triunfa aquí puede hacerlo en cualquier lugar' es especialmente válido en el mundo del espectáculo, donde no sólo talentos surgidos en Nueva York han conquistado escenarios de todo el mundo sino movimientos y formas de trabajo con sello neoyorquino han influido por doquier. En los años 50 surgían alternativas imaginativas al teatro comercial, como The Living Theatre, que tuvo un papel fundamental en la innovación del teatro como rotura de paradigmas de creación teatral occidental en un escenario contracultural. Su teatro revolucionario supuso persecución y junto a las dificultades de operar de una empresa única y experimental dentro de un establecimiento cultural mal equipado para aceptarlo llevó al cierre por parte de las autoridades de todos los locales del The Living Theater de Nueva York.

A mediados de los años 60, la compañía comenzó una nueva vida como grupo nómada. En Europa, se convirtieron en colectivos, viviendo y trabajando juntos hacia la creación de una nueva forma de actuación no ficticia basada en el compromiso político y físico del actor para utilizar el teatro como medio para impulsar el cambio social.

El teatro en Nueva York siempre ha vivido una lucha constante para superar dificultades. Los años 70 comenzaban complicados para el distrito del teatro y en general para toda la ciudad. El epicentro del crimen y la prostitución se ubicaba en Times Square y la inseguridad se apoderaba de la zona. Eran los 'años dorados' de la prostitución y las drogas. Circulaba un panfleto durante la época que decía: "No esté en la calle después de las 6 de la tarde". El escenario no lo ponía fácil y las dificultades financieras complicaban la supervivencia de los teatros.

WOOSTER GROUP
Mientras Broadway caminaba hacia el teatro de masas y los musicales de éxito, el Off Broadway se abría a la experimentación dando pie a iniciativas como la del Wooster Group. Una serie de producciones independientes surgidas a finales de los años 70 que catapultaron las carreras de muchos actores, formalmente convirtiéndose en el Wooster Group en el número 33 de Wooster street, en el barrio de Soho. En algún lugar entre el teatro y el cine, entre la memoria y lo que es efímero, surgía un colectivo que interactuaba con otros lenguajes incorporados en sus montajes. Fundado en 1975 por Willem Dafoe y Elisabeth LeCompte, empezaron a crear piezas repletas de contradicciones que se resistían al análisis. La compañía, desde que se creó, ha sido querida a la vez que mal entendida por la manera como ha desmontando obras dramáticas del pasado. Creada como una compañía sin ánimo de lucro, el Wooster Group presentaba un teatro experimental incorporando a menudo sonidos y vídeos pregrabados en adaptaciones de clásicos como Shakespeare o Chéjov.

Teatros, iglesias o lofts del West Side se llenaban de experimentos informales. Vanguardias que abrían las puertas a propuestas conceptuales como las de Robert Wilson, quien más ligado a la estética que a la ideología, empezaba a ofrecer un teatro en sintonía con la ruptura de los vanguardistas de inicios de siglo XX. Wilson logró desarrollar técnicas que transformarían la escena, apelando a la capacidad sensorial del espectador mediante la iluminación y múltiples lenguajes como la danza. La yuxtaposición de diferentes lenguajes artísticos donde el movimiento es el elemento clave.

Una de las nuevas tendencias en la vasta galaxia del entretenimiento en directo de Nueva York es el teatro inmersivo. Desde el éxito de 2011 'Sleep no more', producido por la compañía británica Punchdrunk, que permitía a audiencias enmascaradas elegir su propia aventura, el teatro y las productoras han estado intentando captar la emoción del imprevisto y la participación total. Cada vez más propuestas apuestan por romper la barrera entre el espectador y la obra, algunos espectáculos inmersivos crean escenarios personalizadors, uno a uno, para audiencias individuales en habitaciones cerradas, otras propuestas animan a perderse en un grupo en espacios amplios.

TEATRO AFROAMERICANO
Mientras Lin Manuel Miranda es el nombre de moda en el ámbito de los musicales y 'Hamilton' sigue siendo la mayor sensación de los últimos 10 años en Broadway, Suzan-Lori Parks se ha alzado como la voz más destacada de la dramaturgia estadounidense contemporánea. Tras convertirse en la primera dramaturga afroamericana en recibir el premio Pulitzer en drama con su obra 'Topdog/underdog', 'The New York Times' la ha considerado como la mejor pieza de los últimos 25 años. Historias de opresión racial y divisiones en un entorno capitalista que ofrecen una visión de una sociedad postracial donde la lógica del sistema es desplazada por la lógica del individuo. Aquí es donde la Nueva York en tiempos de Trump demuestra su esencia diferenciada y pone en escena propuestas inspiradas en movimientos artísticos negros y revueltas posmodernas en las que Parks concentra y esculpe obras provocadoras que enfatizan las preocupaciones e identidad afroamericanas.

Nueva York siempre ha sabido ser un foco de atracción para creadores y artistas, y aunque hoy en día parece haber perdido parte de su esencia, seguimos encontrando escondidos, por ejemplo en locales de Brooklyn, almas creativas que experimentan en nuevos escenarios. El constante bullicio de la ciudad más grande de los Estados Unidos no sólo proviene de las luces de Broadway, la crean también la herencia bohemia del West Village, los ritmos subterráneos de Harlem, lo hacen posible los artistas venidos de todos los países y disciplinas que se sienten atraídos por Manhattan para seguir sus sueños. Y aunque a primera vista pueda parecer que la vanguardia teatral se ha retirado de Nueva York, una mirada más atenta puede mostrar que se ha diversificado, alterado y renovado. No siempre es visible desde Nueva York, ya que Nueva York ya no es el único foco para la experimentación teatral, la vanguardia está en todas partes.

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