Santa Madrona, olvidada en Barcelona, pero muy presente en el Poble-sec

13 marzo, 2015 | Barceloneses, Insólito

Las ciudades y los ciudadanos de la época medieval se ponían bajo la advocación de algún santo para que los protegiera del mal; de ahí que se declararan patrones y patronas. Barcelona llegó a tener tres patronas. Dos son bien conocidas aún hoy en día, la Virgen de la Mercè y santa Eulàlia. Existe una tercera, que estuvo al mismo nivel, pero que hoy en día está bastante olvidada. Se trata de santa Madrona, cuya onomástica se celebra el 15 de marzo. No la ha olvidado, sin embargo, toda la ciudad. En el Poble-sec tienen dos iglesias dedicadas a la santa y celebran un encuentro en su honor en primavera.

A santa Madrona, como a san Sever, san Pacià o santa Eulàlia, se la considera barcelonesa, pero al igual que esta última su existencia parece más legendaria que real. No obstante, la gran devoción que le profesaba la ciudad es incuestionable. Según la tradición, recogida entre otros por el folclorista Joan Amades, Madrona nació en una villa romana en la zona de Montjuïc, y al quedar huérfana se fue a vivir a Grecia junto a un familiar. Otras versiones dicen que no era huérfana y que se fue allí para trabajar como sirvienta. En todo caso, dicen que, ahí, en Tesalónica, murió martirizada. Un tiempo después de su muerte, unos comerciantes franceses compraron su cuerpo para sacar provecho de él y lo embarcaron en una nave rumbo a Marsella. Una fuerte tormenta los obligó a refugiarse en el puerto de Barcelona, pero cada vez que intentaban zarpar, estallaba una nueva tormenta. Quedaba claro que la santa quería permanecer en su ciudad de origen.

El cuerpo de la santa fue depositado en la ermita de Sant Fruitós que había en Montjuïc. Algunos autores dicen que esta misma iglesia, que acabó desapareciendo, llegó a cambiar la advocación y que en algún momento estuvo dedicada a la santa. En cualquier caso, en Montjuïc hay una capilla de Santa Madrona, documentada desde el año 1403, que pasó por las manos de varias órdenes religiosas: capuchinos, franciscanos, servitas, frailes menores capuchinos… Por otro lado, como estaba en Montjuïc, cerca del castillo, se encontró en más de una ocasión en plena línea de fuego durante varios conflictos bélicos. En una zona algo más elevada se hallaba el convento de Santa Madrona, que dio nombre a uno de los enfrentamientos del asedio de 1714, el Combate del Convento de Santa Madrona. Hoy el edificio no existe, y solo se conserva la antigua ermita, de 1754, en el interior del recinto de los jardines de Joan Maragall.

La ubicación de la ermita en un punto tan estratégico a nivel militar hizo que el cuerpo de la santa fuera trasladado en varias ocasiones. A lo largo de la historia, además de en su propia iglesia en Montjuïc, las reliquias han estado, en diferentes épocas, en la catedral, en Sant Pau del Camp, en el convento de monjes capuchinos que se encontraba en la actual plaza Reial y, finalmente, en la actual parroquia de Santa Madrona, en la calle de las Tapioles del Poble-sec, de donde desaparecieron cuando el templo fue incendiado, en 1909, durante la Semana Trágica. Sin embargo, posteriormente un fiel entregó a la iglesia una pequeña reliquia de la santa, que se venera desde entonces.

Explica Júlia Costa, del Centre de Recerca Histórica de Poble Sec (CERHISEC), que santa Madrona “es abogada contra las fiebres malignas, es protectora de los navegantes, proporciona lluvia ―lo que explicaría la devoción a la santa en muchos lugares de la Cataluña más árida y el hecho de haber sido patrona de los hortelanos en el altar del Pi― y soluciona asuntos difíciles”.

La importancia de la devoción a santa Madrona queda demostrada por el hecho que, según explica Júlia Costa, “en 1563, se declaró la fiesta de precepto, y un año más tarde se la hizo copatrona por voto popular”. Por su parte, el folclorista Joan Amades explica: “Cuando la ciudad padecía sequía, se organizaba una procesión que partía de la Sede e iba a la ermita, pasando por el portal de Sant Antoni. Bajo palio, el cuerpo de la santa era llevado a la Sede y después era devuelto a su ermita.” También dice el folclorista que muchas mujeres hacían voto de ir vestidas de peregrinas el día de Santa Madrona y que “se veía por las calles de la ciudad a un gran número de mujeres vestidas con una larga túnica, esclavina, sombrero de ala ancha, un alto cayado del que colgaba una calabaza, un largo cordón ceñido al cuerpo y varias conchas cosidas sobre el vestido”. Una puerta de entrada a la ciudad que también se utilizaba a menudo en las procesiones era la que lleva el nombre de la santa y que aún existe en el tramo de muralla que queda en las Drassanes.

Actualmente, en el Poble-sec, cada cuarto domingo después de Pascua se celebra la romería de Santa Madrona, con un pasacalle, actos religiosos y una visita a la ermita dedicada a la santa.