‘Baixant de la Font del Gat’: cómo esquivar el calor a principios del siglo XX

Desde finales del siglo XIX hasta mediados del XX, las fuentes repartidas por toda la montaña de Montjuïc fueron un punto de encuentro de las clases populares de Barcelona. Familias, parejas y amigos acudían a ellas para escapar de la rutina de la ciudad y buscar el fresco entre los frondosos árboles.

Montjuïc era el jardín de barceloneses y barcelonesas, un lugar idílico donde podían descansar, cerca de casa, pero al mismo tiempo en medio de la naturaleza. Los domingos y los días de fiesta muchos barceloneses y barcelonesas subían a celebrar fontades (meriendas alrededor de una fuente), a jugar, a comer, a salir… Incluso, en las fuentes más bonitas, se celebraban bautizos, comuniones y bodas.

La Font del Gat, la Font Trobada, la Font dels Tres Pins, la Font del Geperut, la Font del Tir, la Font del Parc de Baix o Laribal, la Font d’en Conna, la Font de la Vista Alegre, la Font de la Guatlla, la Font d’en Pessetes, la Font de la Mina y la Font de la Satalia eran de las más concurridas.

De todas, la más famosa es la Font del Gat. Situada en los jardines de Laribal, cuenta la leyenda que la descubrió un gato en el año 1885 y por eso el escultor Josep Antoni Homs, cuando tuvo que decidir qué figura utilizaba como manantial, esculpió en piedra la cabeza de un felino. La popularidad de esta fuente hizo que el autor teatral Joan Amich le dedicara la canción La Marieta de l’ull viu (Marieta avispada), protagonizada por una chica y un soldado que eran novios y paseaban cerca de allí:

Baixant de la Font del Gat, una noia, una noia.

Baixant de la Font del Gat, una noia i un soldat.

Pregunteu-li com se diu. Marieta, Marieta.

Pregunteu-li com se diu. Marieta de l’ull viu.