La crisis de natalidad y su impacto demográfico en el área metropolitana de Barcelona

Ilustración ©Mariona Cabassa

La pirámide poblacional del área metropolitana de Barcelona no es invertida, ni el envejecimiento de la población nos aboca al colapso, como a menudo se cree. Durante las últimas décadas, ha habido picos de gran vitalidad  demográfica, aunque también crisis de natalidad muy ligadas a las recesiones económicas. La generación más numerosa, la de los boomers, tiene alrededor de 45 años. 

¿Un territorio envejecido?

En la región metropolitana de Barcelona viven prácticamente cinco millones de personas. Su metabolismo no nos remite a una historia demasiado lineal, sino más bien cíclica. No es cierto que estemos ante una pirámide invertida (gráfico 1), en que el envejecimiento deba conducir irremediablemente al colapso. Sin embargo, se aprecian bastantes irregularidades, que hay que analizar con perspectiva demográfica si queremos dar con el quid de la cuestión. Así, podemos ver olas con picos donde se concentra una gran vitalidad demográfica, inmediatamente precedidos y sucedidos por valles de escasez poblacional. ¡Debemos tener en cuenta que la pirámide nos contempla con más de un siglo de experiencia acumulada!

La generación más numerosa, la que corresponde al pico del baby boom, es la nacida en 1976, que en 2022 cumplió 46 años. La concentración de estas cohortes tan voluminosas no fue un hecho puntual, sino un fenómeno que se prolongó largamente en el tiempo, y comprendió a quienes ahora tienen entre 39 y 56 años: algo menos de 1,4 millones de adultos —que corresponde a casi el 30% de la población residente en el territorio metropolitano de Barcelona— nacidos entre los años 1966 y 1983, y que han sido desde que nacieron y serán —esperamos que por muchos años— las generaciones más numerosas de este territorio. Esto es una oportunidad de presente y de futuro, puesto que nunca el área metropolitana de Barcelona había tenido una población adulta tan numerosa y saludable. Por este motivo, no deja de sorprender el alarmismo por la falta de sustitución que los pronósticos agoreros lanzan cada vez que la natalidad cae.

También hay que desmentir que la inmigración venga a compensar la falta de natalidad en el país. Por ejemplo, en la Barcelona metropolitana, más de un cuarto de la población entre las generaciones más numerosas ha nacido fuera de España. En cambio, la mayoría de las personas mayores de 70 años han nacido en el resto de España, fuera de Cataluña.

Además, debemos tener en cuenta que en torno a la cohorte de 2011 (que tenía entre 7 y 16 años en el último recuento) se evidencia otra concentración de población, otro pico, que hace que nos preguntemos si la llamada crisis de la natalidad ha empezado hace cuatro días. 

A la pregunta que encabeza el apartado debemos contestar, en consecuencia, que la región metropolitana de Barcelona no presenta una estructura demográfica envejecida, sino que viene marcada por el gran volumen de boomers, que actualmente tienen alrededor de 45 años, con una vida media por delante de 41,5 años más para los hombres y de 46,7 para las mujeres. Son y serán, mientras vivan, las generaciones más numerosas del territorio, ahora y en el próximo medio siglo, con independencia de qué ocurra con la natalidad. De hecho, desde que empezó el siglo XXI, antes de la covid, en Cataluña la esperanza de vida de las personas que tenían 45 años se había dilatado cuatro años para los hombres y tres para las mujeres.

Gráfico 1. Pirámide de población del territorio metropolitano, 2022.  Fuente: Elaboración a partir de los datos del Instituto de Estadística de Cataluña (Idescat) Gráfico 1. Pirámide de población del territorio metropolitano, 2022.  Fuente: Elaboración a partir de los datos del Instituto de Estadística de Cataluña (Idescat)

¿Crecemos o decrecemos?

El crecimiento poblacional de las últimas dos décadas del siglo xx en el territorio metropolitano fue prácticamente nulo, fruto de la combinación de una natalidad cada vez menor, de una mortalidad bastante estable (crecimiento natural o vegetativo) y de un saldo migratorio equilibrado, ya que se iba fuera del área metropolitana la misma cantidad de personas que llegaba (gráfico 2). En definitiva, la dinámica demográfica fue pobre durante el período finisecular, marcado por una crisis económica que los Juegos Olímpicos de Barcelona no lograron disipar.

Repentinamente, y coincidiendo con el amanecer de la nueva centuria, enmarcado entre una remontada económica sorprendente desde el año 2000 y la nueva “gran recesión” de 2009, hubo un fuerte crecimiento demográfico, que fue fruto del incremento de la natalidad, pero —muy especialmente— de un muy elevado saldo migratorio positivo: se tenían más criaturas y la cantidad de gente que venía era muy superior a la que se iba. Aquí tenemos una pista sobre las razones de la evolución demográfica, un ritmo que viene marcado por las circunstancias económicas de cada período.

Ciertamente, la tasa de crecimiento durante el bienio 2012-13 fue negativa, pero el componente causante de este decrecimiento no fue vegetativo sino migratorio: se mudaba a vivir fuera más gente de la que entraba a residir aquí. Desde la crisis de 2009, la tasa de crecimiento natural en el ámbito metropolitano no ha dejado de caer, hasta alcanzar la tasa cero (natalidad y mortalidad idénticas) en 2018 y pasar a ser negativa en 2020 debido a la mortalidad sobrevenida causada por la pandemia de la covid. Sin embargo, las tasas de crecimiento parecen restablecerse: hoy volvemos a situarnos en un nivel de crecimiento nulo, un equilibrio inestable que puede romperse en cualquier momento. 

Gráfico 2. Tasas de crecimiento demográfico en el territorio metropolitano. Fuente: Elaboración a partir de los datos del Instituto de Estadística de Cataluña (Idescat) Gráfico 2. Tasas de crecimiento demográfico en el territorio metropolitano. Fuente: Elaboración a partir de los datos del Instituto de Estadística de Cataluña (Idescat)
 

Podríamos decir que, a finales del siglo xx, el crecimiento natural salvó los quinquenios de decrecimiento migratorio (1981-85 y 1991-95). No obstante, durante el siglo xxi, lo que ha marcado la pauta es la migración, con un incremento espectacular de 2000 a 2008, y con una recuperación entre 2014 y 2019 truncada por la pandemia. 

Actualmente, el 62% de la población residente en el territorio metropolitano ha nacido en Cataluña; el 22%, fuera de España, y el 17%, en el resto de España. La edad media de esta última es de 67 años, dato que indica que ya hace tiempo que llegó a la región metropolitana de Barcelona. En contraste, la edad media de los otros dos colectivos es de 39 años.

¿Creceremos o decreceremos? Ahora mismo, depende del saldo migratorio en el territorio, puesto que la tasa de crecimiento vegetativo (natalidad menos mortalidad) es cero, pero no es negativa. 

¿Crisis de natalidad?

No quisiera transmitir la sensación de que escurrimos el bulto. Hablamos concretamente de la crisis de natalidad en el territorio metropolitano, con los indicadores específicos de este fenómeno (gráfico 3). Es decir, la intensidad de la fecundidad (número de criaturas por mujer), su calendario a través de la edad media de la maternidad y, más concretamente, la edad en la que se es madre por primera vez. No debemos ocultar que los datos provisionales para 2022 señalan que el territorio metropolitano ha alcanzado un punto de mínima fecundidad, con 1,1 hijos por mujer, un valor similar al de 1995. 

Esta crisis de natalidad se sitúa en un contexto temporal algo más amplio, que comienza a mediados de los setenta y que ha tenido algunas vicisitudes que es interesante repasar. Entonces, el índice de fecundidad era de casi tres criaturas por mujer, con el calendario más joven que se recuerda: 25,5 años para la primera maternidad. Como reacción a la crisis económica, que se inició con el incremento de los precios del petróleo y la explosión de las tasas de paro, y que afectó de forma contundente a una zona tan industrial como la región metropolitana de Barcelona, los indicadores de fecundidad fueron cayendo: a principios de los años ochenta llegaron a 1,7 niños por mujer, con una edad media de 28,1 años, y a mediados de los noventa se desplomaron a poco más de 1 por mujer, con una edad media por encima de los 30 años. 

Para ofrecer unos estándares con los que podamos comparar estos valores, y teniendo en cuenta que habitualmente los hijos se tienen en pareja, se considera que el nivel de reemplazo de la población se sitúa en 2,1 criaturas por mujer. Recordemos que la fertilidad femenina comienza a decaer exponencialmente a partir de los 30 años.

La crisis económica (y de la natalidad) duró hasta finales del siglo xx, pero a partir de este punto se dio una recuperación de la intensidad de la fecundidad (hasta el máximo de 1,5 criaturas por mujer en 2008) y una estabilización del momento en que se era madre, que se mantuvo en los 30 años para la primogenitura y en los 31 para la maternidad general. 

Hay que dejar claro que la tendencia ascendente se rompió al empezar la última gran recesión económica, a finales de 2008, sin que se diera ningún cambio cultural ni tampoco en la estructura demográfica del territorio metropolitano. Además, la caída de la fecundidad ha ido acompañada de un retraso inaudito en el calendario: la edad media de la maternidad se ha situado por encima de los 33 años.

¿Qué diferencias sustanciales existen entre el período de crisis 1981-1995 y el actual, que comenzó en 2009 y que todo apunta a que todavía no ha terminado? En primer lugar, se observan elementos de desinstitucionalización de la fecundidad: las criaturas de parejas casadas, que eran casi el 90% en 1995, cayeron al 65% en el pico de la recuperación (2008) y representan actualmente el 50%, ya que la otra mitad se tienen fuera del matrimonio, aunque no fuera de la pareja. 

Sin embargo, por encima de estos cambios culturales, cabe mencionar las expectativas económicas actuales. A finales del año 2000, la recuperación económica fue sorprendente, y el incremento de la población de nacionalidad no española que vino gracias a la mejora del mercado de trabajo, inaudito. Pero, ahora mismo, las esperanzas de que esa situación excepcional vuelva a repetirse son escasas. Todo apunta a que, con la retirada de los estímulos europeos y de la extraordinaria protección laboral que comportó la pandemia (con, por ejemplo, los expedientes temporales de regulación de empleo, los ERTE), se auguran malos tiempos para la natalidad, al menos a corto y medio plazo.

Gráfico 3. Intensidad y calendario de la fecundidad en el territorio metropolitano. Fuente: Elaboración a partir de los datos del Instituto de Estadística de Cataluña (Idescat) Gráfico 3. Intensidad y calendario de la fecundidad en el territorio metropolitano. Fuente: Elaboración a partir de los datos del Instituto de Estadística de Cataluña (Idescat)
 

Para acabar con un hilo de luz, quisiera mencionar las proyecciones realizadas por el Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre el número de nacimientos en la provincia de Barcelona con el horizonte en el año 2036. Aunque las estimaciones para 2022 los sitúan en un nivel similar a la mitad de los años noventa (poco más de 40.000 nacimientos), el INE pronostica que empezarán a elevarse progresivamente a partir de 2023, para llegar a los 55.000 al final del período atisbado. 

El boletín

Suscríbete a nuestro boletín para estar informado de las novedades de Barcelona Metròpolis