El pregón

JAVIER PÉREZ ANDÚJAR:

Barcelona y más allá

En ocasiones, las fronteras están para ser transgredidas, para ser ignoradas y dar un paso más, aunque solo sea para tener una perspectiva mejor del paisaje. De ahí que Javier Pérez Andújar sea capaz en sus crónicas de saltar de Barcelona a Sant Adrià, a Badalona o a Santa Coloma con la facilidad que le proporciona sentirse miembro de una metrópoli entendida más como realidad social que como término municipal.
 
Y es que él nació en Sant Adrià de Besòs en 1965 y se licenció en Filología Hispánica en la Universidad de Barcelona. La letra escrita, y mejor aún impresa, es su vida, tal y como descubrió de pequeño con una selección de autores que iban de Machado a Lovecraft pasando por Edgar Allan Poe. También lo fue cuando encontró uno de sus primeros trabajos, repartiendo periódicos a primera hora de la mañana. Quizá no fuese el trabajo de su vida, pero, medio soñoliento, se sentía satisfecho de que lo que repartía no fuesen ni flores ni pizzas, sino letras que se juntaban en unas palabras que formaban frases que contenían ideas.
 
De sus ideas agridulces tuvimos constancia por primera vez en Saló de lectura, un programa de BTV por el que media Barcelona aún da las gracias a Emili Manzano. Allí, fue de los primeros en rendir homenaje a un Quijote a punto de aniversario. Y lo hizo hablando sobre la obra, pero también inaugurando una apasionante colección de objetos kitsch (de ceniceros a llaveros) relacionados con el «caballero de la triste figura». Y así nos demostró, como ha hecho tantas otras veces después, que lo culto y lo popular no solo no están tan lejos, sino que en ocasiones son las dos caras de una misma moneda.
 
En sus obras, en muchos ensayos y en algunas fabulaciones divertidísimas, Pérez Andújar parte a menudo de sus paseos (solo o con su madre) para describir con espíritu de cronista el alma y la mística de la Barcelona metropolitana, aquella que cruza de Sant Adrià a Barcelona sin darse cuenta porque, en el fondo, uno y otro municipio son distintos aspectos de una misma realidad. Y así se ha convertido, como él mismo ha dicho en alguna ocasión, en una especie de cronista de «la Internacional de los bloques de pisos».
 
Ácido, o más bien provocador por convicción, la ternura tiene también un papel en su obra, como lo demuestra Los príncipes valientes, su estreno en la narrativa en el año 2007. Pero lo que realmente le complace es molestar, aunque solo sea un poco, porque cuando alguien siente que le han tocado las narices, posiblemente sea porque Pérez Andújar tiene poder y la crítica ha sido acertada. Y eso lo sabe cualquiera que haya leído una de las dos versiones de Catalanes todos, la de 2002 o la de 2014. 
 
Apasionado del cine y premio Ciutat de Barcelona 2014, se adentró en el universo de los nuevos inmigrantes de la periferia con Milagro en Barcelona, una obra que combinaba dos talentos (el literario de Pérez Andújar y el fotográfico de Joan Guerrero, de Santa Coloma de Gramenet) que apuntaban en una misma dirección: elaborar la crónica de una ciudad invisible. Se trata de un recordatorio de que quizá sea necesario dar un paso más y transgredir una frontera o un término municipal para ver Barcelona en toda su plenitud; de que nunca hay que perder de vista que un centro no lo es por sí mismo, sino que es precisamente la periferia que lo envuelve la que lo convierte en lo que es.