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Marina Garcés o la filosofía como práctica de vida

 

Estábamos acostumbrados a considerar la filosofía como una disciplina propia de seres extraños, enigmáticos y muy a menudo elitistas, como una categoría del conocimiento que pertenece estrictamente al mundo académico. Como mínimo hasta que algunos y algunas de los que se dedican a esta disciplina nos han enseñado que no, que pensar es algo que podemos hacer todos... si tenemos ganas y queremos ponernos a ello. ¿Y si la filosofía no fuera pensar "como" alguien sino pensar "con" alguien? ¿Y si fuera más una interpelación que un adoctrinamiento?
 
La filosofía, lejos de ser una disciplina propia de aulas y despachos, de libros gruesos y complicados, es una especie de segunda piel que no nos podemos poner y quitar, sino que nos acompaña día y noche, tanto si damos una clase como si estamos preparando la cena. Lo explica Marina Garcés, una de las pensadoras de la nueva generación de filósofos catalanes nacidos en los años 60 y 70 y pregonera de la Mercè de este año.
 
Marina Garcés estaba estudiando Filosofía el año de la euforia olímpica, cuando habían caídos los regímenes comunistas, se anunciaba el fin de la Historia y el futuro parecía el relato de un progreso fabuloso e imparable. Pero ella, poco amiga de engañarse, intuyó que el mundo que venía sería más complejo de lo que nos explicaban y que seguramente estaría bien dotarse de herramientas intelectuales para explicarlo o tal vez para transformarlo. Y en las aulas de la universidad encontró un montón de gente valiente, se dio cuenta de que el pensamiento no era solo cosa de unos pocos y descubrió la acción colectiva, un concepto importantísimo en su visión del mundo.
 
Marina Garcés nació en Barcelona, hija de un arquitecto y de una historiadora, y nieta de unas abuelas de la cara norte del cabo de Creus y de un poeta descendiente de la emigración castellana que llegó a la ciudad para construir la nueva ciudad que apareció con la Exposición Universal de 1888. Aunque trabaje en la Universidad de Zaragoza, donde es profesora titular de Filosofía, Barcelona sigue siendo la ciudad donde vive y donde, además, ha sido una de las creadoras de Espai en Blanc, dedicado al pensamiento crítico y colectivo. Hacer del pensamiento algo apasionante es uno de los objetivos de Espai en Blanc, que lucha por combatir el aislamiento y propone una forma colectiva de pensar, basada en la cooperación, en la articulación de redes y la compartición de conocimientos y complicidades.
 
Explica todas estas ideas y algunas más en una serie de libros, como En las prisiones de lo posible (2002), Un mundo común (2012), Filosofía inacabada (2015) o Fora de classe. Textos de filosofia de guerrilla (2016). En estas obras apuesta por un pensamiento que considera la existencia como un problema común y la filosofía como una herramienta de todos y para todos, una herramienta que podemos y debemos utilizar incluso en nuestra vida cotidiana. De ahí que desarrolle su pensamiento, tanto dentro como fuera de las aulas, incluso desde las páginas de un periódico, un espacio que ocupa con decisión y responsabilidad. Son cosas de un tiempo en el que la filosofía puede haber perdido peso en los currículos académicos pero, a la vez, gana espacio en nuestra vida diaria. Tanto es así que este año llega al Saló de Cent en forma de un pregón que promete ser toda una invitación a pensar en común sobre el futuro que queremos. 

 

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