Barcelona Cultura

Jacopo Godani: “No hay un método ni personas que te puedan hacer realizar milagros, si tú no sabes que puedes hacer milagros”


danza internacional
16 Junio 2017, 11:42

Por Andreu Gomila, periodista i escritor.

 

La Dresden Frankfurt Dance Company de Jacopo Godani es la encargada de abrir el Grec 2017 con un programa mixto que nos hará viajar por el último siglo de danza a partir de un cuarteto de cuerda de Béla Bartók ('Metamorphers'), una pieza para piano de Maurice Ravel ('Echoes from a restless soul') y un corte electrónico de 48nord ('Moto Perpetuo'). Habrá música en directo y un cuerpo de baile muy joven que, en manos de Godani, continúa la revolución que puso en marcha William Forsythe hace 40 años. Él es su heredero. Fue su bailarín principal y ahora dirige -desde hace dos años- la compañía que él dirigía. Godani dice que la danza “tiene que ser tan pasional como el sexo” y habla de virtuosismo y espectacularidad para definir qué es la danza. A finales de los 90, IT Danza estrenó una pieza suya. Pero su relación con Barcelona viene de mucho antes.

¿Qué es para ti la emoción?
El mayor momento de emoción es cuando ves crecer a una persona. No te explicaré chorradas sobre la inspiración... Cuando ves a un ser humano que da un paso, rompe barreras, crece... He tenido bailarines con los que había trabajado, de 27 o 28 años, y con los que contacté para entrar en la compañía, que se marcharon indignados. Me decían: eres un monstruo, no se puede trabajar así... Los bailarines que se quedaron, que eran más jóvenes, ahora me dicen: Jacopo, el año pasado fue muy duro, pero te lo agradezco porque ahora me siento una persona entera, completa, he entendido cosas que no habría podido entender nunca si no hubiera hecho las cosas de una forma tan violenta.

¿Eres un tipo chungo?
Me gusta mucho reír... Y entiendo que una persona inteligente sabe ver dónde se encuentra la profesionalidad, que no se trata de trabajar de manera profesional, sino de serlo. Con los bailarines, siempre es importante poner las cosas claras. Les dije que tenía una carrera, que había trabajado mucho como bailarín y coreógrafo, que había analizado mucho el trabajo, y que podía ahorrarme cinco años de trabajo si en lugar de hacer las cosas de manera clásica, las hacíamos de otro modo. Y, en lugar de cinco años de hacer pedagogía, invertimos un mes.

¿Te ves como un revolucionario, así como lo fue Forsythe en su época?
Billie ha sido un ejemplo de funcionamiento y no sé cómo un tipo de aquella época, de aquel entorno, cuando la danza te constreñía tanto, pudo ser tan libre en su forma de expresión. Todo esto pasó delante de mis ojos. Sí, se podía hacer... De repente estás en un mundo que tiene una pared a cada lado y la gente te dice que tires adelante. Pero tú pides mirar por encima de la pared y ves que hay más espacio.

Continúas su revolución, o sea, más que mantener su legado...
Billie era muy espontáneo. No sabía qué estaba haciendo. Y esto me impresionó mucho: ¡un hombre de aquella generación, que venía del ballet! Yo he hecho mucha danza contemporánea, he visto más cosas, pero él venía del ballet, de San Francisco y Stuttgart. Y supo reinventarse de aquel modo. Yo quería que todo esto pasara conscientemente. He visto a colegas míos reaccionar, alucinar, cómo se adaptaban a sus delirios... Yo he intentado sistematizar todo lo que hacía para que mis bailarines puedan tener acceso a todo aquello de manera consciente y más rápida.

¿Ya tienes nombre para tu método?
Modus operandi [ríe].

Esta mezcla de emoción y exigencia, ¿cómo consigues trasladarla al escenario?
No hay un método ni personas que te puedan hacer realizar milagros, si tú no sabes que puedes hacer milagros. Los bailarines tienen que afrontar su potencial. No los miro de lejos. Les enseño cómo se hacen los movimientos, el camino, y cuando intentan interpretarlos, los cojo por la nuca y los pongo ante el espejo. ¿Qué te parece?, ¿que lo haces bien?, ¿estás satisfecho?, ¿no crees que puedes llegar más lejos?, les digo. Siempre me dicen que sí, que pueden ir más lejos. Hago que se enfrenten de manera violenta a ellos mismos. De forma muy cruda y radical. Entonces, se convierten en sus mejores profesores.

Es como 'El lago de los cisnes' aplicado a la enseñanza de la danza...
¡Cabrón! [ríe]... Es lo peor que me podías haber dicho [ríe mucho].

¿Qué papel tiene la dramaturgia en tus piezas? ¿Cómo la introduces?
Es un trabajo más difícil que la propia coreografía. Es como explicar la historia de una película. La dramaturgia es comunicación. Es captar la atención del espectador durante un minuto y medio, para, entonces, meterle una hostia y después acariciarlo para que se relaje... Cuando baja el latido del corazón, ¡le atizas otro electroshock! Esto es la dramaturgia. Incluso cuando lo haces de forma narrativa, como las películas. Debes llevar la cabeza de una persona por los cambios psicofísicos que experimentará como espectador. No es un trabajo intelectual, sino más bien como un electrocardiograma. Quieres poner al público en diferentes estados y esto es muy difícil cuando creas, sobretodo si quieres hacer diferentes espectáculos.

Eres más un director de cine o un director de teatro que dirige repertorio a partir de la contemporaneidad...
Yo nunca he hecho referencia a nada en mis creaciones. Me parece ridículo hacer referencia a cosas que existen.

El ballet clásico continúa teniendo muchos espectadores.
Las compañías que llenan teatros son las clásicas, las históricas. Quizá sea por ignorancia.

Abres el Grec con tres piezas muy distintas. ¿Te representan?
Mucho. Diría que si hay tres piezas que me representan como persona, son estas. Por la composición, por la atmósfera de la composición, por la sensualidad... Lo tienen todo. Funcionan como elemento dramatúrgico porque tienen una atmósfera parecida. Y, en lo referente a la partitura, son interesantes, contemporáneas, sexis y morbosas.

Tienes una antigua e intensa relación con Barcelona. ¿Qué te ha aportado la ciudad?
Barcelona me ha aportado un grupo de amigos interesantes, a los que todavía veo cuando paso por aquí. Me ha aportado una de las primeras relaciones que tuve con un chico. Me ha dado la primera imagen de una metrópoli mediterránea. Yo quería vivir aquí, pero no podía dedicarme a mi profesión. Ahora da miedo, la ves ahora y asusta: era una señora noble, elegante, aunque también alternativa, pero ha tenido una mala experiencia con un hombre y se ha convertido en una puta drogadicta y enferma.

¿No te parece que tienen pocas oportunidades, los bailarines de aquí?
No sé por qué pasa esto.
 


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