Barcelona Cultura
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El Teatro Grec de Barcelona

Historia

El Teatro Grec de Barcelona

Forestier, Reventós y Rubió i Tudurí, tres apellidos para un equipamiento cultural que ya forma parte de la escena catalana: el Teatre Grec de Barcelona, construido en el año 1929 en la hondonada de la montaña de Montjuïc siguiendo el modelo tradicional griego, el que se inspiraba en el de Epidauro y que ha vivido un siglo XX marcado por la indiferencia y el olvido pétreo de los primeros años de vida y el actual respeto y reconocimiento, tanto del público como de la profesión.

El Teatre Grec nació gracias a un paseo que el arquitecto francés Jean Claude -Nicolas Forestier, consevador del Bois de Boulogne, hizo en el año 1921 cerca de una cantera de Montjuïc. «Buen lugar para un teatro griego», dijo al ver el emplazamiento. Años más tarde, siete en concreto, su observación se materializaba en piedra y se hacía realidad.

El proyecto de construir este equipamiento, bautizado primero como Teatro de la Naturaleza y después como Teatro Romano, nombres que no perduraron, fue encargado a Ramon Reventós i Ferrerons y Nicolau Maria Rubió i Tudurí. Reventós, autor entre muchos otros proyectos de las dos torres venecianas de la avenida Maria Cristina, diseñó un teatro de trazado preciso, un teatro que se conjugó con la ornamentación y el ajardinamiento de un entorno agreste. El jardín es obra de Forestier. Rubió i Tudurí fue el gran impulsor de la jardinería y la utilización de los espacios verdes en Cataluña. El conjunto se completó con el Pabellón de la Música, obra del mismo Reventós, espacio que actualmente ocupa el restaurante del Grec.

«Belleza, bondad y salud», con este lema de Forestier se diseñó el jardín del teatro. El conjunto arquitectónico, según recogía el Diario Oficial de la Exposición, fue «una labor silente, modesta y magistral. Reventós no sólo ha rehabilitado un rincón del viejo Montjuïc, sino que, con gusto depurado, tacto exquisito y visión profética, ofrenda a Barcelona un singular palenque, un templo del arte [...].»

El Teatre Grec alzó el telón con motivo de la Exposición Internacional de 1929, muestra que comportó la urbanización de la montaña de Montjuïc. La inauguración del teatro, con una capacidad aproximada para 1.894 personas repartidas por un hemiciclo de 460 metros cuadrados, pasó sin embargo desapercibida comparada con el abrumador éxito que tuvieron el Pueblo Español y la Fuente Mágica proyectada por Carles Buïgas. En el escenario, de 12 metros de largo por 8 de ancho, había un templete de piedra, hoy desaparecido, que servía para la entrada y la salida de los actores durante la obra.

El primer artista que subió al escenario del Teatre Grec fue una mujer, Josefina Tàpies. Salió a escena la tarde del 27 de junio de 1929, con una recopilación de poemas. Ante ella, como público, los congresistas que habían llegado a Barcelona para participar en el III Congreso Mundial de Teatro, organizado por el Instituto del Teatro.

El programa de aquel lejano 1929, el primer año de vida del teatro, no fue demasiado extenso; ni extenso ni demasiado artístico. Este se completó en el mes de septiembre con tres funciones del mimo-drama Demèter, una coreografía de Àurea de Sarrà y una fiesta infantil organizada en el mes de noviembre y con la cual la ciudad celebraba la Diada del Mutualista. Hasta el año 1932 no se pudo ver el primer espectáculo importante, según las reseñas de la época. Aquel año, Margarida Xirgu presentó una versión, en castellano, de Electra.

Entre 1929 y 1936, año en que se cerró a causa de la Guerra Civil, el Teatro Grec funcionó un total de... quince días. Esta cifra, que resulta totalmente sorprendente, se ha de leer en clave histórica y contextualizarla.Aquella fue una época de gran inestabilidad política y crisis económica.Una situación que hizo que esta inactividad durase hasta el año 1952, es decir, dieciséis años después de la última utilización y veintitrés después de su construcción. La actriz Mercedes de la Aldea, la que se conoció como la primera gran amante de este teatro, estrenó en 1952, con la colaboración de Juan-Germán Schroeder, un Edipo rey. Este estreno, que tuvo lugar el 6 de julio, se consideró como el espectáculo inaugural del Teatre Grec.

Desde entonces, a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, en el escenario de Montjuïc han actuado figuras todavía entonces por descubrir, como Núria Espert y Adolfo Marsillach; se vivieron días históricos, como la primera representación en catalán, un Juli Cèsar que llegó en 1957 dirigido por Esteve Polls; y en él se celebraron los Festivales de España, patrocinados por la cultura franquista.

En el año 1969, después de haberse representado 136 espectáculos desde 1952 espectáculos de teatro, zarzuelas, conciertos, danza, bailes folklóricos, óperas y operetas, el Grec volvía a cerrar las puertas, que se volvieron a abrir tres años más tarde. Los motivos fueron una tímida, pero efectiva, campaña de prensa y la presión, también tímida pero efectiva, de un sector de la profesión. Prensa y profesión hicieron que el alcalde de Barcelona, Josep Maria de Porcioles, se comprometiera a restaurar un deteriorado teatro y dotarlo de una cierta programación regular. Llegó entonces el trienio 1973-1975, en el cual la empresa Basoli Maria Lluïsa Oliveda y Ramir Bascompte asumió la programación del Grec. Fue la primera y la última vez que la gestión privada se hacía cargo del teatro. En total, Basoli programó treinta montajes. Unos espectáculos con los cuales ya se dibujaba el modelo de programación que ha llegado hasta nuestros días: la alternancia de espectáculos de teatro, música y danza.

Después de la experiencia privada aterrizó en Montjuïc la Asamblea de Actores y Directores y la gestión colectiva que se hizo cargo de la programación de 1976. El teatro acogió de hecho, fue el centro y de ahí adoptó el nombre los dos primeros festivales Grecs. En el año 1978, el teatro volvió a cerrar, pero solamente durante un año, porque con la llegada del primer ayuntamiento democrático, la historia del Teatre Grec ha sido la historia del Festival de verano de Barcelona,plenamente consolidado veinticinco fructíferos años después.