1976. Sin cojines

 

Dicen del primer Grec celebrado en democracia que es un punto y aparte en el currículum del teatro en Cataluña. El primero que nos dejó escrita su opinión fue Manuel de Pedrolo, en el primer programa, de veinte hojas: «Nos debería parecer natural que un colectivo de actores y directores tenga en sus manos, sin mediaciones, la organización de una temporada. Pero no lo es todavía. Ahora se ha dado un primer paso, creo que podría desembocar en un teatro al servicio de nuestro pueblo, de esta cultura catalana que entre todos arrancamos de nuevo de las catacumbas y vamos renovando».

El texto de Pedrolo acompañaba al firmado por la misma Comisión Gestora y Ejecutiva, una presentación de la que hay que destacar dos ideas. La primera de ellas es el carácter insólito de la temporada del año 1976: «Por primera vez no es un empresario quien asume la organización, sino un colectivo que en poco tiempo ha dado muestras de una combatividad y de una imaginación inesperadas ». La segunda, por dónde iba el futuro: «Proseguir la mobilización a favor de un teatro estable, digno, al servicio de la población». El texto acababa reconociendo que «somos conscientes de las dificultades que supone un ciclo de verano. No esperamos, evidentemente, un éxito esplendoroso y tampoco creemos inevitable un gran fracaso. Sabemos que podemos contar, que tenemos que contar, como para tantas otras cosas, con la complicidad de nuestro pueblo».

El programa del primer festival en democracia fue decidido por la profesión. Y lo que hizo la profesión fue presentar textos prohibidos durante la dictadura y que requirieran repartos amplios. Y es que era necesario que trabajase el mayor número posible de profesionales. De hecho, una de las primeras decisiones fue fijar los sueldos. Prescindiendo de las escalas de sueldo establecidas por el convenio, los actores y los directores que participaron en el Grec 76 cobraron lo mismo: 1.175 pesetas diarias.

La profesión programó el Grec 76 fijándose en el modelo que durante tres años (1973-1975) había utilizado la empresa de Maria Lluïsa Oliveda en lo que fue la primera y última vez que la gestión privada se hizo cargo de la programación del Teatre Grec. ¿El modelo? Alternar sobre el escenario los espectáculos de teatro, los recitales de música y las coreografías de danza. La aventura de Oliveda de aquellos años permitió realizar teatro independiente en el escenario de Montjuïc y demostró que la gestión de este teatro se podía hacer, según la misma Oliveda, «con dignidad y con un mínimo de ayuda oficial». En total, se representaron veintinueve montajes, entre recitales, espectáculos teatrales y coreografías.

La música fue la protagonista del autogestionado Grec 76. De hecho, lo primero que se programó fue música. A las 9 de la noche del 1 de julio comenzaban a sonar las 7 Horas de Rock, ante la presencia de 1.100 personas. Entre ellas,Antoni Batista, que firmaba la crónica publicada al día siguiente en el Diari de Barcelona. Hablaba del teatro, del público, «que llevaba siete horas sentado sobre piedras y con los glúteos prácticamente destrozados puesto que nadie, nadie, compró una almohadilla», y mencionaba dos anécdotas: «El aplauso a Ajoblanco, recién multada y sancionada revista, y el agotamiento de las cervezas a media sesión. Rumores hablaban de prevención más que de falta de stock». También asistió al concierto Carlos Carrero, crítico del Tele/eXprés. Su crónica iba un poco más allá: «Por primera vez en el país, el rock y el teatro, el teatro y el rock, se han dado la mano, se han encontrado, se han conocido de cerca. Ya era hora. Porque el teatro necesita tanto de la aproximación a la plástica y a la estética y a la dinámica de la juventud, como el rock ha de asimilar las técnicas de expresión, luz, volumen, color y corporeidad del teatro». Este artículo se cerraba con una opinión que se ha revelado del todo cierta: «Por los jardines y paseos del Grec, perfectamente sonorizados, daba gusto vivir esas horas, siete, de rock, entre amigos y frente a ese escenario tan teatral que, por lo mismo, se descubrió como rockero al mil por mil».

De la necesidad de cojines y de algunas cosas más también habla el cronista Altirriba. El 6 de julio el Brusi publica el artículo «La sandía derrotó a la almohadilla »: «Contra aves de mal agüero, ha empezado la temporada musical y teatral más “democrática” de cuantas han sido organizadas desde la triste posguerra hasta nuestros esperanzados días. En solo dos sesiones 7 Horas de Rock y Manuel Gerena los muros del Teatro Griego se han sorprendido más que en cuantos años lleva funcionando. Las sesiones de la mini temporada mini pero abarrotada de actos están llenas de signos que configuran una nueva distinción- función pública del espectáculo. El éxito de la sandía el primer día se repartieron veintiocho y el fracaso de las almohadillas apenas se llegaron a alquilar cinco suponen, para algunos, la puesta en marcha de una nueva política cultural y es, para los más escépticos, un cambio cualitativo de público, un esnobismo. Pero no se puede negar una sorprendente entidad en la campaña llevada a cabo desde la organización hasta el servicio de bar y portería por la asamblea de actores y directores. La temporada ha comenzado sin autoridades y sin bombones. Todo discurso de presentación estuvo concentrado en una pancarta, la mascota: “Teatre i llibertat, temporada popular, per un teatre al servei del poble, la imaginació al teatre, per tots!”. Después de la libertad in situ vino el canto de libertad de Manuel Gerena. Cantó sentado, como en el corral, pero escandalizó a los carcas. Su garganta fue “ese pueblo mío que ya nadie lo pueee engañááá”. Se aplaudió el atrevimiento y el preciosismo. En el Griego se habla un nuevo lenguaje que va de la charanga a los carteles con ideología y que quiere ser reivindicativo. ¡Ahí es ná!».

Lo apuntaba Altirriba en su artículo y lo recogían otros diarios de la época: en el Grec 79, los miembros de la Asamblea hicieron de todo y más. Jaume Melendres escribió en el Tele/eXprés: «Los profesionales del teatro se ven obligados a realizar tareas de intendencia en esta empresa helénica que, por encima de todo, tiene un sentido teatral y democrático. Más bien debería decirse que, pegando carteles y vendiendo cervezas, los actores y directores están demostrando su alto nivel de profesionalidad.Vender cervezas puede ser, a veces, un acto tan artístico como necesario». Y destacaba: «Una empresa que, más allá de su currículum inmediato, es esencialmente teatral, que está destinada a promocionar no tanto el teatro en general como una nueva concepción y una nueva organización de la vida dramática catalana. Unos espectáculos cuya dimensión teatral se encuentra más en la grada que en el escenario».

 

La nota desagradable de la noche de estreno porque hubo una nota desagradable, la pusieron los inspectores de la BIS, los de la «social», que subieron al Teatre Grec y no precisamente a bailar. Lo leemos en los diarios: «Inspectores de la BIS se personaron en la oficina que centraliza la temporada popular del Teatre Grec, situada junto al bar, donde, tras observar la presencia de un paquete de ejemplares de la revista contracultural Ajoblanco, pidieron la presencia de responsables de la Assemblea. Los detenidos eran los que se encontraban allí en ese momento». ¿Y quién se encontraba allí en aquel momento? Pues Jordi Teixidor, Carlos Lucena, Jaume Nadal y Francesc Albiol. Cuatro actores que pasaron la noche en comisaría y tuvieron la asistencia legal de un abogado muy amigo, Josep Maria Gual.

Otro de los hechos que marcaron aquel primer Grec fue la manifestación que la gente del teatro celebró el mismo 1 de julio en la Rambla de Barcelona. «Los numerosos extranjeros que sobre las ocho de la tarde de ayer circulaban por las Ramblas», leemos en la crónica del Diari de Barcelona, «se quedaron tibios de hacer fotos al bullicioso grupo (unas 300 personas) de “gentes de teatro” que, debidamente autorizados, arrancaron del monumento a Pitarra (Ramblas mar) para llegar a la plaza de Catalunya en un acto de animación teatral explosivo y divertido. Se celebraba el inicio de la temporada del Teatro Griego, conseguido gracias al esfuerzo que partió de la Assemblea d’Actors i Directors y que supone la primera gestión colectiva y democrática de la profesión teatral del país». El artículo también habla de las pancartas, en las que se podía leer: «Teatre Grec 76, Temporada popular, Per un teatre al servei del poble, Teatre i llibertat. Per un teatre imaginatiu.» (Teatre Grec 76, Temporada Popular, Por un teatro al servicio del pueblo, Teatro y libertad. Por un teatro imaginativo). Las reinvindicaciones no se concentraron solamente en las pancartas. «Frente al Sepu se corea con fuerza lo del “Volem teatre popular” (Queremos teatro popular) y “Un teatre per al poble” (Un teatro para el pueblo). Ya en la plaza de Catalunya los organizadores solicitaron permiso del coche de policía que seguía la manifestación para dar la vuelta a la plaza y finalizar en las taquillas del Griego, situadas junto al cine Cataluña. Tras el trámite de comisaría, se concede. Junto a las taquillas, un actor lee el manifiesto de la Asamblea y se canta el Pujant a la Font del Gat con letra teatral».

La encontramos en las páginas del Tele/eXprés: Pujant a la Font del Gat, hi ha un teatre, hi ha un teatre. Pujant a la Font del Gat, al Grec d’aquesta ciutat. Pregunteu-li com se diu, temporada, temporada. Pregunteu-li com se diu, democràtica i d’estiu. Els actors de la ciutat, l’organitzen, l’organitzen. Els actors de la ciutat, que estan per la llibertat. Pugeu a la Font del Gat, que hi passa aire, que hi passa aire. Pugeu a la Font del Gat, l’aire de la llibertat. Subiendo a la Font del Gat, hay un teatro, hay un teatro. Subiendo a la Font del Gat, al Grec de esta ciudad. Preguntadle cómo se llama temporada, temporada. Preguntadle cómo se llama democrática y de verano. Los actores de la ciudad, la organizan, la organizan. Los actores de la ciudad, que están por la libertad. Subid a la Font del Gat, que allí corre el aire, que allí corre el aire. Subid a la Font del Gat, el aire de la libertad.

En el Grec 76, el escenario del teatro de Montjuïc acogió, al margen de las representaciones programadas, un montón de reivindicaciones. En la crítica del concierto de Elisa Serna y Luis Pastor publicada en el Tele/eXprés, Carlos Carrero nos presentaba una: «Se pidió masivamente, enésimamente, la dimisión de Viola [Joaquim Viola, el alcalde de Barcelona entre septiembre de 1975 y diciembre de 1976] y se protestó contra el Plan Comarcal, entre otros gritos ya característicos de estas veladas populares». Un grito, tarareado a menudo en aquellos días, que se sintió en el recital «Cantants de la revolució portuguesa», donde actuaron José Alfonso, José Luis Iglesias y Vittorino. Leemos a Carrero: «Hubo un momento, el mejor de la noche, en el que el público cambió la estrofa que repetía José Alfonso para entonar, siguiendo la fácil musiquilla, los gritos de “Amnistia, llibertat i estatut d’autonomia”, estrofa que se prolongó durante cinco minutos». Sin embargo, no todo fueron reivindicaciones en positivo. La campaña publicitaria encargada a un montón de artistas parece que no le gustó a todo el mundo: «En la tarde del martes [20 de julio de 1976] fueron cubiertas con pintura blanca una veintena de vallas colocadas en distintos puntos de la ciudad, y en las que un grupo de artistas pintores exhibían su desinteresado apoyo a la campaña teatral del Griego». El Ayuntamiento aseguró que la iniciativa pictórica no había sido suya. De todos modos, el responsable de Relaciones Públicas de aquella época, Antonio Catasús Muiño, dio una pista sobre el porqué. Para él era muy claro: «Las frases subversivas que figuran en las vallas». Entre los artistas que vieron sus carteles silenciados con pintura blanca estaban Guinovart, Romeu, Ràfols Casamada, Grimal, Puértolas y Pifarré.

Al margen de aquellas movidas 7 Horas de Rock, que juntaron a Pau Riba, los Iceberg, Oriol Tramvia y Suck Electrònic, en el Grec 76 también actuaron, entre otros,Manuel Gerena;Maria del Mar BonetJoan Isaac, Ramon Muntaner y Quintín Cabrera; los cantantes de la revolución portuguesa José Alfonso, el autor de Grândola, Vila Morena, José Luis Iglesias y Vittorino; Xavier Ribalta, Quart Creixent y Marina Rossell; Jordi Sabatés, Santi Arisa, Ia & Batiste, BAF y Rondalla de la Costa, en unas segundas 7 Horas de Rock; Raimon, que logró reunir a 4.000 personas; Elisa Serna y Luis PastorToti Soler, la Orquestra Mirasol Colors y Oriol Tramvia; las orquestas Plateria y La Principal de la FlorestaManuela VargasPere Tàpies y La TrincaJosé Heredia, y Lluís Llach.

Con respecto al teatro, la Asamblea decidió producir cuatro espectáculos: Faixes, turbants i barretines, de Xavier Fàbregas; El bon samarità, de Joan Abellan, con Alfred Lucchetti, Rosa Novell, Enric Majó y Joan Josep Puigcorbé; Roses roges per a mi, de Sean O’Casey, con traducción de Carles Reig y un reparto encabezado por Contxita Bardem, Josep Minguell y Rosa Maria Sardà. En castellano se presentaron Bodas que fueron famosas del Pingajo y la Fandanga, de José M. Rodríguez Méndez. Se hicieron cargo de las obras direcciones tripartitas. Completaron la programación de aquel 1976 las Divinas palabras, de Valle-Inclán, que firmaba la Companyia Núria Espert y dirigía Víctor García; Tirant lo Blanc, una adaptación de Maria Aurèlia Capmany montada por la Acció Cultural Associació del Personal de ”la Caixa” y dirigida por Josep Anton Codina; Plou i fa sol, de Comediants; La Pau (...retorna a Atenes), del Grup Casal de Mataró; Les Trouvadours, de Robert Arnaut, y las actuaciones que ofreció el Ballet Nacional de Cuba en el Palacio Nacional de Montjuïc.

El Grec 76 finalizó el 1 de septiembre con el siguiente balance: veinticuatro días con espectáculos, 28.125 espectadores y 2.882.300 pesetas de recaudación. La hemeroteca, junto a las informaciones y las críticas de los espectáculos, nos trae el perfume de la época en forma de alguna pintoresca curiosidad, como la carta al director publicada el 31 de agosto y firmada por Rodolfo Sendra Cavero: «Sr. Director: con ruego de publicación y en gran estado de indignación le escribo esta carta después de contemplar durante dos horas largas cómo se atentaba contra la Patria y la Unidad Nacional en el lamentable espectáculo de Faixes, turbants i barretines, estrenado ayer en el Teatro Griego de Montjuïc. ¿Qué pretende realmente la Asamblea de Actores de Barcelona? ¿Qué oscuras manos mueven los hilos de sus movimientos? ¿Qué ocultos fines persiguen realmente los miembros que se escudan solapadamente en el anonimato? Durante casi dos meses hemos tenido que soportar cantantes de claro matiz separatista, cantes importados de países supuestamente democráticos como Portugal, unas obras que atentan claramente contra el orden establecido, el penoso espectáculo esnob y amoral de Núria Espert y, por último, estas Faixes..., engendro teatral que no puede pretender otra cosa que socavar los cimientos de la religión, la unidad entre los pueblos de España y que atenta al propio tiempo contra la sensibilidad del espectador. [...] Vivimos tiempos de apertura, y a todos nos gusta echar una canita al aire contemplando señoritas ligeras de ropa en las portadas de las revistas. Pero de aquí a provocar la desunión, fomentar el escarnio de la bandera y burlarse de principios tan elementales como los de patria, religión y moral bajo el pretexto de “un teatre al servei del poble” media un gran abismo».

El año 1976 fue el del primer festival celebrado en democracia. También fue el año en que se comenzaba a disolver la incerteza sobre el futuro del Teatre Grec. Ante él, un cielo claro, esperanzador.Maria Aurèlia Capmany hablaba en el año 1986 del teatro de Montjuïc y de lo que había pasado una década antes: «Un buen día, con los vientos democráticos, actores y directores decidieron resuscitarlo.No sé con toda seguridad si era una resurrección, porque muerto del todo no había estado nunca. Pero a veces también hay que resuscitar a los vivos que dormitan».