Barcelona Cultura
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25 años de Festival: 1976 -2001, Carlos González

1996-1999. Bajo el paraguas del Grec

Autor, compositor y director teatral, Xavier Albertí se hizo cargo en el año 1996 del festival que pretendía consolidar un modelo en el que convivían oferta pública y privada. El suyo fue un mandato de cuatro años, en los que el festival experimentó un crecimiento espectacular por lo que respecta al número de espectáculos y de espacios. El Grec pretendía llegar al máximo número de espectadores, gustar a todo el mundo. Un mandato en el cual se diferenció entre la oferta oficial, marcada por la vocación por el riesgo y la apuesta por los nuevos creadores (la Sección Oficial) y oferta privada, con un sentido más comercial (la Sección Abierta). El festival vivió en este período una expansión artística que lo llevó a extenderse, también, por el área metropolitana.

El primer Grec de Albertí lo inauguró L’avar, de Molière, un montaje dirigido por Sergi Belbel y protagonizado, entre otros, por Lluís Soler, en el papel de Harpagón; Joel Joan, Oriol Broggi y Joan Massotkleiner.Hablando del espectáculo, Belbel se refería al Teatre Grec: «Este espacio es radical: o te lo comes o te come, o lo vences o te vence. Es, desde luego, un espacio en el que no puedes hacer naturalismo». Con L’avar se abrió una edición marcada por la reflexión sobre la idea contemporánea de Europa y su historia reciente, que se abordó en los montajes Murx den Europäer!Richard III el gran triunfador en Aviñón, en el año 1995 y Tartuf. En esta primera edición ya se apostó decididamente por los creadores locales, que, según el nuevo director del festival, «son un esperanzador relevo generacional». Este primer año firmaron montajes Roger Bernat (Una història d’amor); Albert Bokos (Clàssic);Manuel Dueso (Sara i Simon); Ferran Madico (Prendre part) y Rafel Duran (L’alfabet de l’aigua).

El programa del primer Grec de Albertí presentó 162 espectáculos y 33 espacios. Fue, para la profesión, una de las programaciones más ambiciosas de toda la historia. Aseguran, eso sí, que «falta una cierta reorganización de la oferta y también una mayor definición de los objectivos del Grec». Esta edición estuvo marcada por el retorno de Ramon Oller como bailarín; por la despedida de Nacho Duato de Barcelona; por el estreno en el Pati Manning del Macbeth dirigido por la inglesa Tamzin Townsend, con Pep Tossar y Mercè Lleixà en los papeles protagonistas, y por la zarzuela que firmó Calixto Bieito, La verbena de la Paloma.

El crítico Joan de Sagarra despidió el primer Grec de Albertí con una recomendación en las columnas de El País: «Si de veras se quiere dar rango internacional al Grec, venderlo no solo a los turistas que nos visitan, sino fuera de nuestras fronteras, hay que procurar coproducir con otros festivales nuestros propios espectáculos, venderlos fuera».

Más largo, más variado, más arriesgado, más contemporáneo.Así puede definirse el segundo festival firmado por Albertí, el Grec 97. Los números, como se suelen decir, hablan por sí mismos: 177 espectáculos, 49 escenarios y 2.631 artistas. El Grec 97 fue el más joven: en el programa solamente había un montaje basado en un texto con más de veinte años de antigüedad, La tempestat, de Shakespeare. Fue también el más variado: una diversificación del todo deliberada con la cual se pretendía llegar al mayor número de espectadores. Este fue el primer año de Grec Metropolitano: el fauno visitó Badalona, Santa Coloma de Gramenet, Hospitalet de Llobregat y Sant Adrià de Besòs.

Una de las grandes novedades fue gráfica. En 1997, por vez primera, el fauno que ilustra el cartel del Grec se escogió entre las propuestas presentadas a un concurso público. Los primeros ganadores del concurso de artistas jóvenes fueron Aristu, Balagué y Güet. Fueron los autores del cartel de 1997, una imagen que, además, recibió el premio Laus 98. Los han sucedido hasta hoy,Miquel Puig (1998), Juan Cardosa (1999),Mercè Ferrero y Elba Benaiges (2000) y Guillem Cardona (2001).

El Grec 97 se estrenó con un impacto. Después de veinticinco años sin subir a un escenario español, Milva abrió la programación del festival. Lo hizo protagonizando Non sempre splende la luna. Milva canta un nuovo Brecht, un espectáculo que dirigió Giorgio Strehler y en el que se dio cabida a obras menos conocidas de Brecht. Milva, que por primera vez cantaba al aire libre, interpretó veinte temas. Cerró el recital con Epitafi per Rosa Luxenburg, en catalán. Leemos en El País: «Es un inicio de lujo. Un inicio realmente fuerte. El listón ha quedado muy alto».

En el año 1997 tuvo lugar una iniciativa teatral singular y arriesgada. Fue el año del Hotel de mala mort, un espectáculo desdoblado en cinco escenarios, los de cinco salas alternativas de Barcelona: Sala Beckett (Pat’s Room); Artenbrut (Precisament avui); Malic (Bunyols de Quaresma); Teatre Nou Tantarantana (Boig per si de cas);Versus (Estranyament estrany). La obra fue creada y escrita por cinco autores: Mercedes Abad, Núria Amat, Josep Maria Benet i Jornet, Joan Cavallé y Andreu Martín.

El festival recibió aquel año la visita de un invitado de notables proporciones. Visitó Barcelona el gigante de Royal de Luxe: un inmenso artefacto, creado por Jean-Luc Courcoult, de dos toneladas de peso y 9,5 metros de altura. Un Gulliver que se instaló en La Pedrera y que se paseó por la ciudad.

El año de los centenarios de los nacimientos de Federico García Lorca y Bertolt Brecht, el Grec 98 alzó el telón con Así que pasen cinco años, un texto de Lorca inédito hasta entonces. La obra, considerada una de las comedias imposibles del poeta andaluz, en la que se habla del inexorable paso del tiempo, fue dirigida por Joan Ollé. El elenco, formado por quince actores, estaba encabezado por Pere Arquillué, Laia Marull, Bea Guevara y Manuel Carlos Lillo. «Inaugurar un festival Grec con Así que pasen cinco años y no con cualquier otro de los textos más convencionales de Lorca es simplemente un acierto. Si además se logra aprovechar la magia de un espacio como el Teatre Grec para potenciar la poesía de este texto, la jugada es redonda. » Lo decía Pablo Ley, crítico teatral de El País.

Según Albertí, el Grec 98 apostaba decididamente «por un hecho que algunos ven como una pedantería, pero que no lo es en absoluto: la creación». Su intención era hacer del festival «una plataforma de reflexión para la creación».

El año 1998 llegó con novedades. Fue el primer Grec con dos secciones: la Oficial y la Abierta. Se separó, por vez primera, la oferta artística del festival. Fue el primer Grec en el que se invitó a un país a protagonizar el ciclo «Mirada sobre... », que pretendía mostrar el momento de la creatividad en otros lugares. El primer invitado fue Colombia. El Grec Metropolitano creció en su segundo año de vida. Ya eran siete las poblaciones del cinturón de Barcelona que participaban en él. Se estrenaban ahora Viladecans, Sant Just Desvern y Cornellà de Llobregat.

Peter Brook, una figura clave del teatro europeo de la segunda mitad del siglo XX, presentó en el Mercat de les Flors Je suis un phénomène, un viaje por el cerebro que no conoce el olvido: una fábula sobre los prodigios de la memoria. Brook volvía al Mercat, un espacio que ya conocía porque fue quien lo descubrió como escenario teatral el 28 de febrero de 1983, con La tragèdia de Carmen. «El teatro es una porquería aburrida donde uno se puede morir de aburrimiento pagando.» La sentencia es de Werner Schwab, transgresor del teatro centroeuropeo. De este austríaco, el Grec estrenó Les presidentes,montaje que dirigía Carme Portaceli e interpretaban Mercè Arànega, Lurdes Barba y Lina Lambert. Otro de los nombres del Grec 98 fue Adriano, el emperador romano que nació en la España romana, se educó en Grecia y vivió en Italia. Memorias de Adriano, con Pepe Sancho y Rosa Novell, llegó al Grec con dirección de Maurizio Scaparro, que firmaba la adaptación del texto de Marguerite Yourcenar.

El año 1998 aterrizó en Barcelona la argentina Adriana Varela, una artista que «lleva su tango duro y sombrío a la plaza del Rei». «Es el fenómeno emergente del tango», escribe Arcadi Espada en El País. «Cantante excepcional y tardía, canta por primera vez en Barcelona». Esta gran voz del tango, uno de los grandes descubrimientos de este festival, ofreció dos grandes recitales.Miquel Jurado, crítico musical de El País, habló de ella: «Una voz que, ajena a innovaciones y purismos, le ha devuelto al tango muchas de sus esencias perdidas y, por encima de todas, una: credibilidad». En el año 2001,Varela regresó al festival que la dio a conocer a toda España con una actuación memorable en el Grec de Montjuïc.

El Espacio Escénico Joan Brossa, inaugurado en diciembre de 1997 se incorporó a la programación del Grec. Lo hizo con cuatro montajes: El bell lloc, de Joan Brossa; Oïsme, una conferencia espectáculo a cargo de Perajaume; 21 miradesas de cors, de Hausson; y Peix per peix, de Roland Schimmelpfenning. También es importante la recuperación de Artaserse, la ópera barroca catalana del compositor barcelonés Domènec Terradellas. Estrenada en 1744 en Venecia, esta ópera no se había vuelto a representar desde entonces. En el escenario del Teatre Grec hacía seis años que no se veía ninguna ópera.

«El festival es el único en su planteamiento y hace del riesgo y de la contemporaneidad dos de sus objetivos», escribía Gonzalo Pérez de Olaguer en El Periódico. «Falta en este Grec la presencia de un gran Brecht solo hay un pequeño y atractivo musical en el año de su centenario, y también el teatro clásico castellano, hechos que el propio Albertí asume como ausencias no queridas. El Grec 98 tiene la vocación de hacer crecer un modelo de festival único en Europa. Único por su equilibrada combinación entre oferta pública y privada. Y único, también, por el divorcio explícito entre el Ayuntamiento de Barcelona impulsor y la Generalitat.» Un balance que completaba Ferran Mascarell, que en aquella época era director gerente del ICUB: «El festival», asegura en un artículo, «destila ese tono cosmopolita, explícitamente antisectario, ideológicamente atrevido, que invita a pensar y disfrutar, sentir y, cómo no, pasarlo bien».

El último Grec que programó Xavier Albertí lo inauguró una voz cargada de memoria. La voz de Raimon, un cantautor con una trayectoria vital y artística que forma parte de la historia del país. Cançons d’amor, cançons de lluita fue el título del espectáculo que ofreció el de Xàtiva. Era la tercera vez que Raimon actuaba en el Teatre Grec; la primera actuación, en el año 1976. Y la primera vez que un cantautor inauguraba el Grec. Jordi Bianciotto, crítico musical de El Periódico, escribió: «Así es el Raimon de 1999: depurado gestor de la emotividad, austero pero fluido narrador doméstico y, sobre todo, insobornable mensajero del pensamiento.Un cronista de virtudes extramusicales que sigue sin poder marchar del escenario sin cantar Diguem no y Al vent».

«La máscara es un instrumento misterioso, terrible. Con la máscara estamos en las fuentes del misterio teatral, vuelven a aflorar los demonios, los rostros inmutables, inmóviles, estáticos, que están en la raiz del teatro». Son pensamientos del director teatral Giorgio Strehler. Palabras que volvían a oírse gracias a la visita de una de las perlas del Grec 99, Arlecchino, servitore di due padroni, de Carlo Goldoni.Obra emblemática de los fundamentos del Piccolo Teatro di Milano, esta metáfora sobre el oficio de actor, una comedia de máscaras sobre la supervivencia y el amor, se estrenó en el año 1947. Es un espectáculo, sin embargo, por el cual no pasan los años. Lo puso de manifiesto en 1999. Un espectáculo que dejó boquiabierto a más de uno, entre otros, a Lluís Pasqual: «Quienes tengan la suerte de verlo habrán asistido a uno de esos momentos que solo da el teatro, cuando el milagro tiene nombre de hombre o de mujer, de actor o actriz, y un ser humano puede convertir una máscara en algo más vivo que el más vivo de los hombres, casi en un dios».

En el año 1999, Barcelona y Edimburgo firmaron un intercambio teatral. Colaboraron en la producción de dos nuevas producciones, que se estrenaron en ambas capitales. Se trata de La cita, de Lluïsa Cunillé y dirección de Xavier Albertí, y L’especulador, de David Greig, dirigida por Philip Howard.

Uno de los platos fuertes del Grec que volvió a programar una «Mirada sobre... », dedicada ahora a México fue Molt soroll per no res, de Ferran Madico. Un espectáculo con una gran acogida de la crítica, que lo consideró uno de los montajes de Shakespeare más equilibrados hechos últimamente en Cataluña. Otro Shakespeare cerró la programación en el Teatre Grec: fue el Hamlet que firmaba Lluís Homar, un espectáculo protagonizado por el mismo Homar y Carme Sansa. Destacó, también, el Leonci i Lena de Georg Bücher, que se representó en el Teatre Joventut.

 

En esta edición, el Grec dio la bienvenida al cine. Se programó el Festival de Cine de Verano Net-99, una muestra cinematográfica consagrada a los Nuevos Talentos Europeos NET, de ahí el nombre, realizadores con una obra inédita y sin distribución en España. Una muestra que no acabó de tener éxito y que en su primera y última edición premió como mejor película Mare i fill, del cineasta ruso Aleksandr Sokurov.

El semanario El Temps dedicó un artículo al Grec: «El Grec que Vol i el Grec que Dol». Lo firmaba Andreu Sotorra. En él podemos leer lo siguiente: «El Grec, con virtudes y defectos, es un Festival que quiere y puede. Quiere quedar bien con el espectador más heterogéneo. Quiere contentar a los productores. Quiere dar juego a las salas privadas. Quiere hacer bullir los espacios abiertos de teatro de verano. Quiere hacer un festival del sur de Europa. Y quiere tocar el prestigio con la punta de los dedos a cambio de un temerario estreno oficial cada dos días. [...] Por este motivo la programación teatral del Grec navega entre una Sección Abierta la de los promotores privados y una Sección Oficial la firmaba por el director del Grec en un batiburrillo que desorienta a los más expertos y distorsiona el carácter que debería tener un festival de verano de vocación europea».

Xavier Albertí dejó el cargo de director del Grec en el año 1999. Entre los numerosos balances que hizo de su gestión, defendió la política de encargos, es decir, de producciones: «Sin un Grec que no hubiera encargado óperas, coreografías o textos dramáticos, seguramente nuestro patrimonio de artes escénicas estaría más empobrecido. Creo que el Grec ha servido para tener piezas que ya son un poco clásicas de la cultura contemporánea de este país».