Barcelona Cultura
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25 años de Festival: 1976 -2001, Carlos González

1988-1995. La consolidación de un modelo

El mandato de Elena Posa ha sido el más largo en la historia del festival. Fue la directora en ocho ediciones. Con Posa, el Grec estrenó denominación. Aunque el primer año se denominó Festival de Barcelona, desde 1989 el Grec es el Festival de verano de Barcelona. La nueva etapa del festival comenzó con un buen regalo para los espectadores. Nos lo explicaba La Vanguardia: «El Teatre Grec tendrá desde este año butacas. Sobre la piedra se han fijado unas hileras de asientos de color gris y con respaldo que mejorarán la comodidad de los espectáculos» y permitirán «mitigar la dureza y el granulado del granito».

Sobre este primer festival, sobre el Grec 88, escribía Santi Fondevila en La Vanguardia: «No es una edición más del Grec, sino una nueva etapa con características bien diferenciadas de las precedentes y que podríamos sintetizar en cuatro cuestiones objetivas: un considerable aumento del presupuesto, motivado, en parte, por la operación de patrocinio privado; un cambio radical de los espacios escénicos; una programación prestigiosa con espectáculos internacionales del más alto nivel, y una política de precios que sitúa la media de las entradas en 1.300 pesetas».

El tiro de salida del Grec 88 lo dieron, juntos, la Nederlands Dans Theater y Maria del Mar Bonet. La prestigiosa compañía holandesa llegó con tres coreografías: Psimphony of Psalms, Arenal y Sinfonietta. La cantante mallorquina puso voz al Arenal, una recreación del mundo mediterráneo que firmaba Nacho Duato, uno de los primeros espectáculos presentados en un teatro español donde se combinaba la danza con la música y el canto interpretados en directo. «No cabía desear mejor principio para esa nueva orientación del Festival de Barcelona que significa este Grec 88», sentenció Marjolijn van der Meer en La Vanguardia.

Uno de los grandes momentos del Grec 88 lo trajo Jeanne Moreau. La musa de la Nouvelle Vague presentó en Barcelona Le récit de la servante Zerline, monólogo del escritor austríaco Hermann Broch y dirigido por el alemán Klaus Michael Grüber, que sirvió para reabrir el Teatro Principal, el más antiguo de Barcelona, y desde aquel momento recuperado como espacio escénico de la ciudad. La presencia de la gran actriz francesa, como escribió El Periódico, «constituye un auténtico acontecimiento ciudadano y uno de los más destacados que ha vivido el teatro barcelonés en los útimos años».

El año 1988 fue también una edición marcada por las primeras veces. Este es el primer festival donde actuó Montserrat Caballé, en un Rèquiem de Mozart a cargo de la Orquesta Simfónica y el Coro del Gran Teatro del Liceo. También fue el primer año en el que el festival se representó en escenarios que no eran municipales, una novedad que con el tiempo se ha convertido en uno de los rasgos característicos del Grec. Al margen del Teatro Principal, aquel año debutó el Villarroel Teatro. Lo hizo el 18 de julio, con programa doble: If pyramids were square, de Plan K, y All talking, all singing, all dancing... all Gershwin, de Manel Barceló. Todo esto, el mismo año en que se recuperaba el Invernáculo, el edificio del Parque de la Ciutadella construido con motivo de la Exposición Universal de 1888. La encargada de inaugurarlo fue Marina Rossell con la Rosa de foc. Por último, fue este el año del estreno del Grec Transformadors, un programa artístico desdoblado en diferentes escenarios como el Velódromo de Horta y la España Industrial.

Convertirse en centro obligado de referencia de las programaciones estivales de Europa, con este objetivo comenzó a caminar el Grec 89, un festival que incorporó dos nuevos espacios: la sala Zeleste y el Velódromo de Horta. Dos escenarios que sirvieron de relevo al Pueblo Español hasta 1992.

Les troianes, de Eurípides, fueron las encargadas de abrir el Grec 89. Firmaba su dirección Thierry Salmon. La obra, una singular versión de la clásica tragedia griega, era íntegramente interpretada por mujeres. El texto era cantado y recitado en griego clásico. Ferran Mascarell, en aquella época coordinador del Área de Cultura del Ayuntamiento, escribió: «Con esta obra inauguramos una edición destinada a ser importante en la historia del Grec, por la consolidación de este proyecto cultural de verano». Una edición y un espectáculo que, en palabras de Joan-Anton Benach, crítico de La Vanguardia, «es en suma un pórtico que avala la categoría del gran ciclo espectacular de verano que quiere ser el Grec».

Pero parémonos por un instante en esta crítica. Benach reserva un último párrafo para hablar de una incidencia: «Al término de la representación fue leído un comunicado de l’Associació d’Actors i Directors en el que se informaba de las reivindicaciones a la Televisió de Catalunya para la firma de un nuevo convenio de retribuciones y del sentido que tuvo el reciente encierro en el Teatro Poliorama. Esta acción, así como las del año pasado que reclamaban la inclusión de producciones autóctonas en el Grec, reflejan los vínculos morales que la profesión teatral mantiene respecto a las temporadas de este festival barcelonés desde aquel histórico verano de 1976». Se trata de treinta y siete actores reunidos en asamblea permanente y en huelga indefinida. Reivindicaban un aumento del 10 % en sus derechos de imagen y el pago del 75 % por repetición de programas durante el primer año.

«Cuando Elena Posa tomó las riendas de la temporada Grec declaró que iba a insistir en la línea de producir y coproducir espectáculos con creadores de nuestro país. El compromiso se ve realizado plenamente. La importancia de esta línea de actuación no reside únicamente en la posibilidad de que tal o cual director o grupo estrene una pieza, sino que abre las puertas de las creaciones autóctonas a otros festivales del extranjero. Esta apuesta se concreta en torno a directores tan consolidados como Joan Lluís Bozzo y en otros prácticamente desconocidos como Calixto Bieito». La Vanguardia nos hablaba de un desconocido Bieito, que se presentó en el Grec dirigiendo en el Mercat de les Flors Els dos cavallers de Verona, de William Shakespeare.

La de 1989 fue una edición especial. Significaba el regreso a los escenarios, veinte años después, de Serena Vergano. La actriz italiana,musa de la Escuela de Barcelona, protagonizó, junto con Juanjo Puigcorbé, Vador/Dalí de Gala. También fue importante porque repitió Jeanne Moreau, esta vez con La Célestine, una versión de Florence Delay sobre el clásico de Fernando de Rojas.

El flamenco forma parte, desde el siglo XIX, de la vida y el patrimonio cultural de Barcelona. Conscientes de esta relevancia, la inauguración del Grec 90 se dejó en las manos, y en los pies, del Ballet de Cristina Hoyos y sus Sueños flamencos. Después de presentarlo en la Ópera de París, la bailaora presentó en Barcelona su ballet. Inauguró un Grec, el primero de la última década del siglo XX, que fue bien acogido. La crítica escribió: «El Grec es hoy una marca consolidada, una marca cada vez más apoyada por patrocinadores privados y más decidida su dirección con buenos resultados en asegurarse los tiros. Una opción de la directora Elena Posa defendida cada vez mejor con una buena infraestructura». El que escribe es Pérez de Olaguer, que concluye: «Frente a una cierta especialización de los festivales, el Grec se inclina por una diversidad que parece contar con el apoyo del público, atraído sobre todo por el concepto de fiesta del espectáculo que se le ofrece desde las instancias municipales».

En el Grec 90, la actividad artística se concentró en cuatro escenarios: teatro y danza, en el Grec; propuestas de riesgo, en el Mercat; música de pequeño formato, en la plaza del Rei, y propuestas más populares, en el Velódromo. La nómina de artistas estuvo integrada por Calixto Bieito, que dirigió Els enamorats, de Goldoni; Schiller, de quien el Lliure presentó Maria Estuard; Robert Lepage, que mostró aquí Le Polygraphe; Konrad Zschiedrich, director de Nit de Reis, de Shakespeare, y José Tamayo, con Calígula.

En 1991, el Grec llegó en compañía de un ciclo de música islámica. Sus embajadores: Xahram Nazeri, los Derviches Giróvagos de Konya, el baile gnaua de Nass Marrakech y los iraníes Zur-Hané. Por segundo año consecutivo, el festival se inauguró con ballet. Esta vez, el Ballet Lírico Nacional. Una coreografía de Jirí Kylián y tres de Nacho Duato confirmaron el programa del Lírico en la primera actuación en la ciudad desde que Duato había asumido su dirección. «Con el Ballet Lírico Nacional», leemos en El Periódico, «se abre el camino de un Grec más, que este año se caracteriza por las cautelas ante una programación con menos nombres relevantes que en ediciones anteriores ».

Del programa de 1991 destacamos cuatro espectáculos: Somni d’una nit d’estiu, de Shakespeare, dirigido por Calixto Bieito; La noche de Eldorado, de Marcos Ordóñez y dirección de John Strasberg; Atzavara, coreografía de Àngels Margarit, y L’hort dels cirerers, de Chéjov y dirección de Konrad Zschiedrich. Incluido dentro de Festival Olímpico de las Artes, el Grec de 1992 fue el más breve de la historia: del 17 de junio al 19 de julio. La ciudad celebraba aquel año unos Juegos Olímpicos que reclamaron toda su atención.Una ópera de Bizet, Les Pêcheurs de perles, abrió el festival. «La tradicional ópera del Grec», aseguraba Roger Alier en La Vanguardia, «se apuntó un tanto, ya que llevaba más de un cuarto de siglo ausente de la vida operística barcelonesa».

Siguiendo la tónica de los dos últimos Grecs, el festival concentró la oferta en cuatro espacios. En uno de estos, la plaza de toros de la Monumental, Joan Manuel Serrat ofreció el espectáculo que más espectadores ha tenido en la historia del Grec en un espacio cerrado y en un solo día. El 26 de junio, 14.200 espectadores asistieron al recital del Noi del Poble-sec. La novedad, dejando de lado los calendarios y el número de espectadores, fue doble: el Pueblo Español volvía a la escena y la ciudad acogía el «Grec al carrer »: un programa con decenas de actuaciones en seis escenarios al aire libre. De los quince espectáculos, solamente dos eran de teatro: las obras Les noces de Fígaro, de Caron de Beaumarchais y dirección de Fabià Puigserver, e Isabel, Tres Caravel·les i un Embolicador, de Dario Fo, que también firmaba la dirección artística.

Después del éxito y la feliz «tempestad » de los Juegos, llegó la calma. Eran días en los que apetecían que te explicasen... Historietes. Lo hizo Dagoll Dagom, con el espectáculo inaugural del Grec 93, un musical que recogió lo más significativo de la trayectoria de la compañía.Un espectáculo, en palabras de Pérez de Olaguer, «idóneo para movilizar público, porque ya es conocida la facilidad con que la gente acude a las representaciones teatrales del Teatre Grec de Montjuïc, que, en todo caso, este año saben a poco».

La Casa de la Caritat regresó al festival. Se estrenaron el Parque Güell, que acogió el ciclo de «Dansa al parc» y el Palacio de Deportes, que durante dos noches acogió tres coreografías de la Compañía Nacional de Danza. Hablar del Grec 93, además, es hablar de Hanna Schygulla, la musa de Fassbinder; de Bob Dylan, el maestro del folk rock; de Juan Echanove, el antigalán del cine español; de Wynton Marsalis, uno de los grandes nombres del jazz norteamericano; de Carles Santos, que repuso Asdrúbila, y de Ur Teatro, que llevó al Mercat la sorpresa teatral del año, el shakespeariano Sueño de una noche de verano.

«Un Grec tentador», así titulaba El Periódico su editorial, publicado en vísperas de la inauguración del Grec 94: «El certamen se abre este año con la voluntad de actuar como paraguas sobre toda la ciudad, integrando la actividad escénica de los teatros privados que, por primera vez, han sido invitados a incorporarse a la programación. Esta iniciativa supone pasar de los ocho espacios habituales de representación del Grec hasta 23. Tendremos 33 espectáculos de teatro, 2 óperas de la programación del Liceu, 10 compañías de danza, 35 conciertos y recitales de música, 2 ciclos de cine y otras sorpresas. Es un menú tentador que debe consolidar el Grec como punto de cita inexcusable de los barceloneses que dedican el verano al ocio inteligente y de calidad».

El menú aquel año se pudo degustar en numerosos restaurantes, escénicamente hablando, por supuesto. Y es que el año 1994 fue el año de máxima expansión del Grec. A la sombra de escenarios veteranos o ya estrenados, como el Teatre Grec, el Mercat de les Flors, la Sala Villarroel, el Parque Güell, la plaza del Rei, el Pueblo Español y la Casa de Caritat, debutaron otros quince: la Sala Beckett, el Teatro Malic, el Artenbrut, el Tantarantana, el Teatreneu, el Adrià Gual, La Cuina, el Teatro Condal, el Teatro Goya, el SAT, el Jove Teatre Regina, el Palacio Sant Jordi, el Palacio de la Música, Chic Studio y las Piscinas Picornell. Una ampliación que no pasó desapercibida. Podemos leer en El Periódico: «No hay grandes perlas, es cierto, pero sí una oferta variada capaz de interesar al ciudadano medio y con la novedad que supone la colaboración del Grec con los teatros privados».

En estos escenarios se representaron los 104 espectáculos que integraban el programa del Grec 94. El teatro ganó peso en la programación: de los ocho montajes teatrales de 1993 se pasó a veinticinco. El programa se abrió en el Grec de Montjuïc con Otel·lo, dirigido por Mario Gas e interpretado por Pep Cruz, un estreno con el cual el festival se añadió a los actos conmemorativos del centenario del nacimiento de Josep Maria de Sagarra, traductor de esta versión.

Además de Otel·lo, la programación del Grec acogió dos obras más de Shakespeare: Les alegres casades de Windsor, dirigida por Carme Portaceli, y Measure for Measure, de la compañía Cheek by Jowl. El de 1994 fue también el primer Grec de Joaquín Cortés, y el primero en el que se utilizó el nuevo Palacio Sant Jordi: la Orquesta Simfónica y el Coro del Gran Teatro del Liceo interpretaron allí Lucia de Lammermoor, de Donizetti, un espectáculo que Pilar Miró grabó para televisión.

Expansión, esto es, muchos espacios (32) y muchos espectáculos (124). Con esta máxima llegó el Grec 95, el último festival de Elena Posa como directora. La ministra de Cultura de aquel momento, Carmen Alborch, la nombró nueva directora del Instituto Nacional de las Artes Escénicas. Inauguró el festival el sucesor de Posa: Xavier Albertí firmó la dirección de Antoni i Cleòpatra, el Shakespeare que se estrenó en el Teatre Grec protagonizado por Josep Minguell y Rosa Novell.

«El Grec 95», leemos en El Periódico, «actúa como paraguas de una manifestación teatro, danza, música y cine en la que el sector privado tiene mucho que decir. En tiempos de crisis presupuestarias, el ayuntamiento apuesta por esta fórmula, la única posible si se quiere ofrecer un festival de estas características ».

El año 1995 nos dejó repartidos por el programa Cristales rotos, el texto de Arthur Miller dirigido por Pilar Miró y protagonizado por José Sacristán,Magüi Mira y Pep Munné. Uno de los espectáculos más esperados fue El rei Joan, de Shakespeare, montaje de Calixto Bieito, con traducción de Josep M. de Sagarra y con Mingo Ràfols en el papel de rey. El Convento dels Àngels se estrenó como escenario teatral. Fue el año de Sergi Belbel en la dirección de L’hostalera, de Carlo Goldoni; de Robert Lepage, que firmó la puesta en escena de Les sept branches de la rivière Ota; de Nigel Charnock en la dirección de L.O.V.E., un montaje que se nutría de los sonetos de Shakespeare, y de Emilio Gutiérrez Caba, que se hizo cargo de La boba para los otros y discreta para sí.

La danza tuvo un peso importante en el último Grec de Elena Posa. Visitaron Barcelona, entre otros, Nacho DuatoMario Maya, los Ex Machina, la Pretty Ugly Dancecompany, el Ballet Flamenco Antonio CanalesLanònima Imperial Danat Dansa. Con su actuación, los Danat estrenaron un nuevo espacio, el Pati de les Dones del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), un escenario que desde aquel año se consagró a la danza.

La presencia de las salas alternativas en el programa del Grec 95 fue un hecho. La suya fue una presencia consolidada. Teatros sin butacas de terciopelo en los que se estrenaron verdaderas joyas. Un ejemplo: Ferran Madico dirigió aquel año en el Artenbrut Treball d’amor perdut, de Shakespeare, una comedia sobre la tragedia de las pasiones. La colaboración del Grec con las salas alternativas fue una prueba de que el festival se implicaba en la realidad escénica de Barcelona.