Parque de Montjuïc

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  • Parc de Montjuïc - Febrer 2015
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La montaña de Montjuïc, en su conjunto, es el gran parque urbano de Barcelona. La celebración de la Exposición Internacional de 1929 hizo que la ciudad redescubriera este espacio, lo ordenara y lo organizara. Actualmente debemos considerarlo como un parque de parques.

La montaña condensa una oferta amplia y extensa donde convive la naturaleza, desde espacios forestales hasta jardines temáticos, con zonas de recreo, deportivas, culturales y de servicio. A pesar de soportar esta gran presión, la montaña actúa como un gran parque urbano y la podemos explicar, desde el punto de vista de los espacios verdes, como un jardín de jardines, observando la montaña como un conjunto más que atendiendo a sus diferentes partes.
Montjuïc es, junto con Collserola, uno de los grandes pulmones urbanos y, por eso, la montaña está en pleno proceso para regular y mantener el equilibrio necesario entre la protección del espacio y su riqueza y biodiversidad, y los usos ciudadanos.

Historia

El diseño del ajardinamiento de los espacios expositivos fue encargado a Jean-Claude Nicolas Forestier. Este arquitecto trabajó en Barcelona bajo la guía de Nicolau Maria Rubió i Tudurí. Este equipo dejó para la ciudad algunos espacios verdes excepcionales que forman una concepción particular y un modelo conocido como el Jardín Meridional, que tiene, en algunos de estos espacios, su máxima expresión. Un tipo de ajardinamiento que bebe de la tradición catalana y la mezcla con la jardinería árabe combinada con influencias notables de otros tipos de jardinería, como la francesa y la italiana. En el caso de todo este conjunto, los jardines más próximos a la zona urbana son los que contienen un grado más alto de complejidad en la distribución de las especies, mientras que, a medida que se asciende de nivel, esta complejidad se aligera para dar más preeminencia a los espacios más naturalizados y a las zonas forestales.

Biodiversidad

En la parte más elevada de Montjuïc encontramos importantes zonas forestales. En la parte más baja de la montaña hay todo un sistema de zonas ajardinadas, que incluye un vivero y también huertos urbanos.
El área de los acantilados tiene una relevancia especial como espacio de matorral propio de los suelos áridos, matorrales secos con un gran valor ecológico por el hecho de ser refugio de colonias de cernícalos (Falco tinnunculus), halcones peregrinos (Falco peregrinus), aves de rapiña y otras especies de pájaros como el mirlo azul (Monticola solitarius).
Es un espacio singular, que concentra un hábitat rupícola de gran riqueza. Entre los herbazales, encuentran refugio hasta sesenta especies como conejos, musarañas, murciélagos, ratones, cárabos, búhos, lechuzas, gaviotas, herrerillos, estorninos, ranas verdes, ranitas y sapos, y reptiles como dragones rosados, lagartijas y serpientes blancas y verdes.

Paisajismo y diseño

Si en 1929 la organización de los espacios ajardinados de la montaña para la Exposición Internacional redescubrió la montaña, en el siglo XXI la mirada sobre Montjuïc ya no puede atender a la singularidad de las partes, sino a la consideración de la montaña como un conjunto.
Montjuïc se estructura en grandes planos bien diferenciados. La vertiente sudeste es la más abrupta de todas, con un gran acantilado que ofrece una vista panorámica del puerto y el mar. La vertiente oeste baja hasta integrarse en el delta del Llobregat. La vertiente este ofrece vistas de Ciutat Vella y el mar, y la última, la vertiente norte, se funde con la trama urbana de la ciudad.

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