Poner valor al tiempo para impulsar un cambio socioeconómico

Foto: Vicente Zambrano

Una de las peticiones a los bancos de tiempo proviene de personas mayores que necesitan a alguien para acompañarlos al médico o a pasear.
Foto: Vicente Zambrano

Los bancos de tiempo son espacios en los que se intercambian habilidades, pero nunca a cambio de dinero: se contabilizan las horas de los servicios prestados por las personas y se devuelven en forma de otros servicios que necesiten.

“Hoy por ti, mañana por mí”: este dicho tan recurrente a la hora de intercambiar favores, seguramente más viejo que la aparición de las monedas, resiste el paso del tiempo y se acentúa en épocas de crisis en sociedades que viven bajo el sistema capitalista. ¿Cómo escapar de la mercantilización de lo que consumimos? ¿Cómo librarse de poner un “precio/hora” de trabajo basado en los baremos del mercado? ¿Cómo valorar el precio de una tarea y desde qué perspectiva?

Todas estas preguntas se vuelven innecesarias en el marco de una comunidad que teje relaciones a través del banco del tiempo. Son espacios en los que se intercambian habilidades, pero nunca a cambio de dinero: se contabilizan las horas de los servicios prestados por las personas y se devuelven en forma de otros servicios que necesiten. Las horas de todos tienen siempre el mismo valor: tiempo e intercambio son equivalentes.

Actualmente hay una red de más de ochenta bancos de tiempo (BdT) por toda Cataluña, y aunque cada uno tiene sus peculiaridades, el elemento común es que no solo ayudan a crear vínculos comunitarios y cadenas de favores pagadas en tiempo, sino que también potencian las relaciones de confianza y consiguen que las personas que participan en ellos se sientan útiles y valoradas.

Los BdT se basan en la confianza; para crear uno se necesita un acuerdo comunitario que otorgue a la iniciativa un valor determinado, valor que no es creado por un banco o por el mercado, sino por las personas que realizan el intercambio huyendo de la economía especulativa.

Oportunidades de la crisis: las redes de vecinos

En Cataluña, entre el 2008 y el 2009 –en pleno estallido de la crisis económica– comienzan a proliferar BdT de forma anárquica en muchos barrios del área metropolitana de Barcelona. El año 2011, después del 15-M, Sergi Alonso, actual director de la Asociación para el Desarrollo de Bancos de Tiempo (ADBdT), vio que no solo había que cambiar dinámicas sociales, sino también la forma de relación con el dinero, y se apuntó al BdT del barrio de Gràcia. Desde entonces insistió en utilizar una plataforma en línea para gestionar los bancos de tiempo, un espacio en el que se centralizase la información con el fin de facilitar su creación y compartir recursos para mejorar su funcionamiento. Con esta vocación nació el ADBdT.

Alonso insiste en que en el banco de tiempo, la reducción del consumo y la ecología van ligados a la organización local, con los vecinos como iguales, sin reglas ni presión impuestas desde el mercado. Todo el mundo tiene habilidades y tiempo, pero quizás no se conocen lo bastante las de los vecinos. ¿Intercambiar clases de inglés por una de yoga?, ¿la reparación de un electrodoméstico por un curso de coaching o quizás por un trayecto en coche?, ¿terapia Gestalt a cambio de pasear al perro, regar las plantas o una clase de informática?

“El dinero no lo es todo” es otro dicho bien conocido. Y es que, a veces, se hacen difíciles de contabilizar en dinero la satisfacción y el aprendizaje que se generan a la hora de invertir el tiempo en alguien que nos importa, en un tema que hayamos elegido o incluso a cambio de un servicio al que nunca habríamos imaginado poder acceder porque nuestra economía no nos lo permite. Pero en los BdT las habilidades personales abren las puertas de servicios que no se podrían pagar en dinero y de una red social enorme.

Transacciones de tiempo en línea

Maria Nikolopoulou es miembro del equipo gestor del Banco del Tiempo de Sants. Comenta que hace tiempo que la mayoría de BdT han cambiado los cheques de tiempo por un sistema de gestión en línea, el time over flow. Cada miembro del banco tiene un perfil de usuario y puede acceder a las ofertas y las demandas sin intermediarios.

Los administradores de la aplicación pueden hacer un seguimiento de los intercambios de la comunidad y ver si hay alguien que hace tiempo que no intercambia o si hay un desequilibrio entre horas dadas y recibidas. Quien tiene muchas horas positivas y no necesita ningún servicio también puede hacer una donación a usuarios que lo necesiten. A aquellos que tienen horas negativas, les invitan a realizar algún servicio. De este modo se garantiza que todo el mundo hace un uso racional del banco.

Los BdT también tienen un wiki colaborativo para poner al alcance de todo el mundo conocimientos relacionados con este sistema de intercambio. Los contenidos se generan de manera conjunta y se van alimentando a través de las diferentes experiencias de los bancos de tiempo.

Foto: Bancs de Temps

Un banco y un reloj como alegoria de los bancos de tiempo, en la segunda Fiesta del Tiempo que tuvo lugar el pasado mes de junio en el barrio de la Barceloneta.
Foto: Bancs de Temps

Comunidades de minutos

Así como los BdT son autogestionados entre vecinos, la plataforma Minuts.cat desarrolla proyectos de intercambio de minutos pero los usuarios se involucran en alguna tarea que se propone desde el ayuntamiento correspondiente. Se trata de una asociación sin ánimo de lucro que nació en el mes de octubre de 2016, inspirada en el GEM Project de Sudáfrica y el Time Credit del Reino Unido, que en estos momentos funciona en treinta y dos ciudades e involucra a unas cincuenta mil personas.

La plataforma lleva a cabo actualmente una prueba piloto en el municipio de Figaró-Montmany (Montseny), donde implican a la ciudadanía en acciones participativas para detectar los problemas del pueblo y apuntar soluciones. Minuts.cat propone plantear una actividad relacionada con tres áreas: sostenibilidad, cultura y espacio público.

Eduard Folch, miembro fundador de Minuts.cat, explica que, en el ámbito de la sostenibilidad, detectaron que había que incrementar la reducción de residuos y concienciar a la población sobre este problema. Formaron un equipo de personas para visitar diferentes domicilios y explicar a los vecinos las claves de la reducción y la separación de residuos a escala doméstica. A cambio de esta tarea, han conseguido minutos que pueden intercambiar por servicios especificados en un catálogo muy amplio pactado con el ayuntamiento de la localidad.

Según Folch, a los BdT a veces les cuesta casar oferta y demanda, y hay gente que se encuentra con muchas horas acumuladas que no sabe en qué gastarlas. Desde Minuts.cat trabaja por ampliar las posibilidades de intercambio y el radio de oferta, de modo que se puedan cambiar minutos por actividades de ocio, entradas para el teatro o un curso en el centro cívico.

El restaurante del tiempo

En el año 2012, veintisiete entidades de Terrassa y la Asociación Local de Entidades por la Inclusión (ALEI) fundaron el restaurante La Trobada para dar respuesta al aumento exponencial de personas en paro de larga duración y a la situación de precariedad de los más jóvenes que se arrastraba desde 2007.

Se trata de un restaurante del tiempo en que la gente que no tiene trabajo puede trabajar voluntariamente. Estas personas en riesgo de exclusión comen cada día en el restaurante gracias al apoyo de entidades que pertenecen a la Asociación Local de Entidades para la Inclusión de Terrassa (ALEI), de Cáritas y del Ayuntamiento. Pau Consola, uno de los coordinadores, comenta que a la mayoría de las personas en situación de pobreza no les queda más remedio que recurrir a los comedores sociales o a los bancos de alimentos, que no resuelven su reintegración en el tejido social y laboral. Por eso abrieron el restaurante, que permite a sus usuarios ocupar el tiempo de manera constructiva y volver a sentirse útiles mientras reciben formación. Los clientes del restaurante del tiempo La Trobada vienen de un proceso de aislamiento social, han roto con las amistades y algunos incluso con la familia. Pasar por el restaurante del tiempo les ha ayudado a alimentarse mejor, a sentirse valorados y a aprender un oficio relacionado con la hostelería, propiciando un proceso de reinserción laboral.

La Trobada entiende que, aunque la gente no disponga de dinero, sí que tiene tiempo y capacidad para llevar adelante un trabajo con valor; un tiempo que el mercado laboral no reconoce. Muchos de los que pasan por este restaurante han conseguido reintegrarse al mercado laboral.

Proyectos que inspiran

Maria Nikolopoulou, del equipo gestor del Banco del Tiempo de Sants, mantiene contactos con iniciativas internacionales basadas en la colaboración de los bancos de tiempo con las administraciones correspondientes. El proyecto Spice en Inglaterra, por ejemplo, trabaja con el sistema nacional de atención primaria para “recetar” a personas mayores inactivas que se apunten a un banco de tiempo. Asimismo, evalúa el estado de salud de las personas antes y después de pertenecer a uno de estos organismos.

El BdT de Sants también está en contacto con un proyecto de un municipio de Suiza en que la administración apoya con euros a un fondo de pensiones en horas. Durante una serie de años la gente ayuda y acompaña a sus vecinos enfermos o de más edad a cambio de acumular horas de “cotización”. Cuando sean ellos quienes necesiten ayuda, la recibirán de este “plan de pensiones”.

Estos dos proyectos pueden empezar a inspirar a los bancos de tiempo de nuestro país.

Rehacer el tejido social y cambiar de paradigma

“Al fin y al cabo las horas son la excusa para sentirse valorado. En el fondo la gente viene a solucionar problemas emocionales, a conocer a personas nuevas después de un cambio social fuerte o cuando se siente incómodo con la red social antigua”, comenta Jordi Macià, del BdT de Berga. Cada banco de tiempo tiene su peculiaridad: unos trabajan con la red vecinal para romper la desconfianza; otros para sentirse valorados, como Aiman Khater, de origen sirio, que llegó a Berga como refugiado y tiene muchísimas horas acumuladas porque no ha parado de hacer cosas por los vecinos, o Montse, del BdT del Pont del Dimoni, de Girona, que ha ido a pasar cuatro días a Berga a través de una agencia de viajes que se gestiona con horas de banco del tiempo: alojamiento y actividades a cambio de tiempo.

Las posibilidades son infinitas, aunque se trata en todos los casos de proyectos colaborativos con un valor social inmenso, desarrollados por personas que no son solo un grupo de vecinos que pasan el tiempo juntos, sino uno de los factores necesarios para el cambio social y económico y para cuestionar la forma habitual de relación entre la gente.

“Ahorra tiempo ayudando a tu comunidad” es uno de los lemas de los bancos de tiempo. Ahorrar sin invertir, transformando el mercado, aportando valor al tiempo y creando una alternativa económica y social. “El tiempo es oro”, dice el dicho, pero quizás aún lo es más cuando se puede decidir a qué y a quién se dedica y cómo se ahorra. Los bancos de tiempo no fabrican ni producen, sino que dan valor a lo que solo nosotros mismos podemos gestionar: el tiempo y las relaciones humanas en un intercambio equivalente.

Marta Molina

Periodista independiente

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