Foto: Vicente Zambrano

En Cataluña se desperdicia anualmente el 7 % del volumen total de comida adquirido por las familias, los restaurantes y los comercios. El despilfarro alimentario es un problema global contra el que se puede luchar con una mejora de la legislación y con proyectos sociales, pero también con iniciativas individuales y domésticas.

Foto: Arianna Giménez

Hoy la Modelo ya no tiene presos. Esas dos manzanas representan una oportunidad y, a la vez, una amenaza para los residentes de la Nova Esquerra de l’Eixample, que ven como se revaloriza el suelo de un barrio que, a lo largo de cuatro décadas, ha pedido con insistencia el cierre de la cárcel para instalar en su lugar equipamientos, zonas verdes y escuelas.

Foto: Vicente Zambrano

Desde la aparición de los primeros grafitis a mediados del decenio de los años ochenta, Barcelona ha vivido una relación bastante tempestuosa con estas nuevas manifestaciones artísticas dentro de su espacio público. Tres son los protagonistas principales de esta historia: los artistas, las instituciones públicas y la ciudadanía. En las páginas que siguen analizaremos cómo han evolucionado sus relaciones a lo largo de estas tres décadas.

Foto: Vicente Zambrano

Una galería internacional al aire libre

Arantxa Berganzo i Ràfols

El legado de los artistas barceloneses, algunos de los cuales han conseguido una gran proyección, se ve enriquecido con contribuciones de primeras figuras mundiales.

Il·lustració: Patossa

Existe una contaminación más sutil e invisible que la del aire y el agua: la que se encuentra dentro del propio cuerpo humano. Los disruptores endocrinos, sustancias contenidas en la comida, en los objetos del hogar y de oficina, en los productos de limpieza y cosméticos, etcétera, se acumulan en el organismo. La evidencia científica es clara, pero la mayoría de los gobiernos miran hacia otro lado. La Comisión Europea misma se ha saltado todos los plazos para poner límites a los disruptores.

Foto: Lluís Salom

Las narrativas históricas surgidas de la Transición han ignorado a menudo el papel de los movimientos sociales y, aún más, el peso de las mujeres en las luchas vecinales y obreras. Las cuatro historias de vida que presentamos ejemplifican la invisibilización de la mujer combativa por pertenecer a la clase trabajadora, por ser mujeres y, en su caso, además, por ser migrantes.

Foto: Eva Guillamet

Barcelona es una de las ciudades con un patrimonio fotográfico más importante de toda Europa. Archivos públicos y privados, anticuarios y coleccionistas, periodistas e historiadores, editoriales y sobre todo las propias familias integran el circuito que ha de hacer posible la conservación y difusión de este valioso patrimonio.

Foto: Dani Codina

Planes para la noche barcelonesa

Barcelona Metròpolis

El Ayuntamiento aprobó hace unos meses un nuevo marco normativo para permitir a bares, cafeterías y restaurantes programar música amplificada en directo siempre que se atengan a unos requisitos de seguridad y a un control estricto del nivel sonoro. Es el avance de un ambicioso plan para impulsar el circuito de la música en vivo de pequeño formato, a partir del reconocimiento del valor cultural y social de esta oferta de ocio.

Foto: Camilla de Maffei.
L’escultura del Gat de Fernando Botero, icona de la rambla del Raval, al mateix temps punt d’interès turístic i lloc de trobada dels barcelonins.

Luchas iconográficas en la ciudad

Catalina Gayà i Laia Seró

Barcelona vive hoy en día una lucha entre los iconos exportables, que la convierten en un bien de consumo, y los comunitarios, en peligro de extinción por la presión del turismo. El pasado colonial y la proyección internacional forman también parte del debate.

Photo: Jordi Pons i Secall.
Protest against the Forum of Cultures, in 2004, from the series Barcelona on Barcelona, by Jordi Secall. Image included in the exhibition of La Virreina.

La fotografía como lenguaje de representación no se puede desligar de la iconografía de una ciudad: ni la imagen que se proyecta al exterior ni la que la opinión pública se va construyendo de su propia ciudad a través del discurso de los medios. La exposición ‘Barcelona. La metrópolis en la era de la fotografía’ constituye una historia de la autorrepresentación de la ciudad.

Pérez de Rozas / AFB
Una imatge dels foscos anys cinquanta: benedicció de cotxes per Sant Cristòfor a la capella del carrer del Regomir, el juliol de 1958, amb un Biscúter en primer pla.

Por debajo de las prohibiciones de la dictadura se fueron constituyendo unas referencias culturales propias que emergerían totalmente a partir de la muerte de Franco y la restauración democrática. Los pioneros de los años cincuenta sentaron las bases de ese estallido.

© Biblioteca de Catalunya. Unitat gràfica. Fons Gaziel
Gaziel, a l’esquerra, passejant amb el pintor Joaquim Sunyer –“un dels millors amics que jo he tingut”– per la Diagonal de Barcelona, l’abril de 1946.

Agustí Calvet preparó durante su exilio interior en Madrid dos antologías de artículos escritos después de la Gran Guerra, una sobre política catalana, publicada hace poco, y otra sobre Barcelona, todavía inédita. Los textos revelan una ciudad que evoluciona de capital provinciana a gran metrópoli.

© Coolen Family Collection, Antwerp
Human child skeletons, an example of the exhibits included in anatomical museums. Drawn from the Museu Roca, they formed a part of the collection acquired in 1995 by the Belgian collector Leo Coolen at the Mercantic in Sant Cugat.

Si preguntamos a cualquier barcelonés si conoce el Museo Roca, la respuesta será que no. Acabada la guerra, desapareció en las sombras de un viejo almacén del Paral·lel sin dejar rastro. Justo ahora estamos en disposición de evocar la historia de este museo anatómico y de fenómenos de feria, que estuvo activo durante los años veinte y treinta del siglo pasado.

© Elisenda Llonch

Los mosqueteros, los fantasmas que te ayudan a ser tú mismo, a marcar tu propio territorio, a vivir en él, no son uno, ni dos, ni tres, como los tres mosqueteros (que eran cuatro): son innumerables. Lo importante es saber

© Andreu

Cuando los franquistas cruzaron el Ebro todo el mundo daba por perdida la Guerra Civil. De acuerdo con la política de tierra quemada ordenada desde Moscú, los comunistas decidieron destruir todo lo que mantenían aún bajo control. La ciudad se salvó in extremis porque el dirigente que debía llevar adelante el plan, Miquel Serra i Pàmies, fue capaz de sabotearlo.