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    El porciolismo y el Plan Cerdà: ¿boda por interés?

    La razón en la ciudad: el Plan Cerdà

    Texto Mercè Tatjer Universitat de Barcelona

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    © Lluís Sans
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    © Lluís Sans

    El Eixample fue una parte importante de la máquina de renta inmobiliaria. Mientras se hacía denso y se transformaba, cada vez más alejado de las propuestas de Cerdà, perdió patrimonio artístico y equipamientos privados, y tampoco mejoró su dotación pública.

    De unos treinta años a esta parte se ha escrito bastante sobre el Plan Cerdà. Sin tener en cuenta las notas aparecidas con motivo del centenario del plan y el libro publicado en 1968 por Fabià Estapé, gracias al cual se recupera la personalidad de su reconocido autor, ha sido a partir de 1970 cuando numerosos estudios han tratado de los orígenes y características de este plan, así como los grandes rasgos de su normativa urbanística, a la vez que se adentraban en la figura del polifacético ingeniero de caminos que fue Ildefons Cerdà1.

           Sin embargo, el Eixample todavía tiene muchas "islas del tesoro" por descubrir; es un espacio más complejo y poliédrico de lo que se podría pensar y va mucho más allá del Modernismo del Quadrat d'Or o de su consideración como la parte más burguesa de Barcelona. El Eixample popular y fabril de Sant Antoni, el Eixample del Poblenou, los "eixamples" del Fort Pienc o el próximo a la Sagrada Família son espacios que apenas empiezan a ser estudiados2 ahora.

     

    Calles fijas, casas y usos cambiantes

    A pesar de su apariencia estática, el Eixample experimentó desde muy pronto grandes transformaciones y cambios, manteniendo siempre su trama de calles como elemento fijo e inamovible.

           Los cambios fueron importantes durante el primer tercio del siglo XX, cuando la parte más central del Eixample empezó a tener una nueva función. Durante varias décadas había sido espacio de residencia burguesa, poblado por palacetes y casas unifamiliares con jardín, de nobles, de industriales y financieros, o por edificios de pocas plantas en los que el principal, donde vivía el propietario, se valoraba tanto por la posibilidad de ser visto como por la de ver; esa parte más acomodada iba acompañada a menudo de casas de vecinos de alquiler de carácter más mesocrático e, incluso, popular. A pesar de todo, no muy lejos de los espacios residenciales se encontraban algunas fábricas de sectores de las artes gráficas (las editoriales Montaner i Simón, y la editorial Espasa; fotograbados y tricotomía Thomas), mobiliario y decoración (talleres Masriera, talleres de mobiliario de F. Vidal) o géneros de punto. Algunos nuevos conventos (Adoratrices, Magdalenas, Arrepentidas...), escuelas religiosas (jesuitas, L'Ensenyança, escolapias, concepcionistas), y la reinstalación de fragmentos góticos desde Ciutat Vella (iglesia de Sant Miquel y claustro de Jonqueres en la actual iglesia de la Concepció, convento de Montsió -actual parroquia de Sant Raimon de Penyafort-, claustro del convento de Jerusalem en el actual colegio de Sant Miquel), habían aportado un cierto aire monumental a la zona y equipamiento religioso y escolar a la burguesía que allí habitaba, a la vez que se convertían en hitos característicos de la trama igualitaria del nuevo espacio urbano del Eixample.

           Esa parte central del Eixample todavía mantenía una parte de la antigua función de ocio (espacios al aire libre, cafés), pero poco a poco iba iniciando el camino hacia un espacio terciario.

           No tardaron en construirse grandes y vanguardistas edificios de oficinas, como La Unión y el Fénix (1927-1931), o las sedes de empresas como Nestlé (1934-1935). Siguiendo a las que ya existían desde hacía algún tiempo (Camisería Comas), se instalaron más tiendas de lujo, como la casa de modas Martí i Martí, abierta en 1916, o como la joyería Roca, inaugurada en 1934. Al comercio se fueron añadiendo algunas sedes de instituciones, como el esplendoroso y elitista Círculo Ecuestre (1926). Todos ellos se convirtieron en los primeros símbolos de la nueva función del Passeig de Gràcia.

           La construcción de nuevos grandes equipamientos de ocio, como el teatro Coliseum (1923), y la conversión del palacete Marcet en teatro en 1934, marcaban un nuevo camino entre la monumentalización terciaria y los modernos usos de ocio.

            Paralelamente, las nuevas ordenanzas municipales de 19233 y de 1932 favorecían construcciones con alturas superiores (planta baja más seis plantas y áticos) a las que hasta entonces se permitían en los edificios del Eixample (planta baja más cinco). En torno al Passeig de Gràcia y a la Diagonal pronto aparecieron edificios más altos: algunos novecentistas (Casaramona o Casa Sant Jordi) y otros racionalistas (Casa Codina o edificio Astoria); e incluso la promoción de un conjunto de viviendas para la Caixa d'Estalvis i Mont de Pietat de Barcelona (en el cruce entre la calle Londres y la de Muntaner).

           Esa nueva ordenanza, así como las obras públicas realizadas con motivo de la Exposición de 1929 y algunas leyes de vivienda (Ley de 1935) aceleraron la urbanización definitiva de la Diagonal y de nuevos espacios más allá del Eixample central, hacia la izquierda del Eixample. En la Diagonal y sus alrededores, a los edificios de carácter monumentalista de gran altura, se sumaron otros racionalistas (Casa Espona). En el sector de Sant Antoni también se construyeron edificios más altos, novecentistas y art déco, pero también racionalistas, que combinaban el uso residencial en los pisos con el uso industrial en el interior de la manzana (casa-imprenta Riusset, de la calle Floridablanca); hacia la zona de la Sagrada Família, también se levantaron una serie de edificios del mismo estilo en la avenida Gaudí y en varias calles cercanas (Casa Cardenal), al tiempo que la nueva función terciaria llevaba a la transformación, en 1934, de espacios fabriles, como la Editorial Henrich en sede de Unicolor; mientras que en otros casos se mantenía la función industrial. En esa parte más periférica del Eixample, muchas de las nuevas edificaciones respondían perfectamente a lo que ya señaló J. A. Solans4: efectivamente, las reducidas dimensiones -en torno a los 50-60 m2- y las escasas mejoras higiénicas introducidas por las ordenanzas en la mayoría de casas de renta modesta las convertían en habitáculos pequeños y poco salubres. Estos edificios habían ganado muy poco con respecto a las descripciones que Garcia Fària ya había hecho a finales del siglo XIX en su balance sobre la insalubridad de las viviendas de Barcelona, entre las cuales incluyó las construidas en el Eixample contraviniendo las propuestas de Ildefons Cerdà.

           Por otra parte, entre los años 1920 y 1930, en la izquierda del Eixample y en la parte de la Sagrada Família, se construyeron, en la zona del solar interior de una casa de vecinos, pasillos con pequeños habitáculos alquilados a las clases más modestas5.

     

    Cuando las casas empezaron a tener sombrero

    En los años de la posguerra, la facilidad para construir en altura y para levantar nuevos pisos sobre los edificios existentes, en una época de escasez de materiales, dio lugar a las primeras grandes transformaciones del paisaje del Eixample.

            Grandes conjuntos de casas que se acogieron a las leyes de la vivienda de 1944 y de 1948, y después a las de 1954, vinieron a sustituir en algunos casos a instalaciones fabriles y, en otros, se levantaron sobre solares todavía sin edificar de la periferia del Eixample central, en especial en la izquierda y hacia la Sagrada Família. El valor arquitectónico que consiguieron la mayoría de esos conjuntos construidos entre 1940 y 1956 fue escaso y se limita a los elementos neoclásicos (columnas adosadas, frontones...) que solían adornar unas fachadas de paramentos lisos y llenas de ventanas.

           Los nuevos pisos levantados sobre edificios ya construidos, realizados en muchos casos con materiales pobres y sin respetar la construcción de la casa existente, pusieron "sombrero" a muchos de ellos6; por otra parte, muchas casas reconstruidas después de la Guerra Civil, con el apoyo de las nuevas leyes de vivienda, aprovecharon para construir en altura; lo que, en conjunto, permitió una importante rentabilización de los inmuebles.

          La terciarización del Eixample central como espacio de hoteles, oficinas y sedes de banca o de empresa se intensificó rápidamente. En el año 1952 ya estaban construidos dos de los nuevos emblemas de la ciudad de la posguerra: el edificio del Banco Vitalicio, que se levantó sobre el solar del palacete del marqués de Marianao7, y el hotel Avinguda Palace, en la Gran Via.

           Poco a poco, las sedes de los bancos, los hoteles, más los establecimientos de lujo (Loewe) y las sedes de instituciones de la época (la Falange Española ocupó la sede del Círculo Ecuestre hasta el año 1947, cuando se estableció, hasta no hace mucho, el Banco Hispano Americano) avanzaron por el Passeig de Gràcia hacia arriba hasta la Diagonal, en donde el Palau Robert, ocupado por el famoso Julio Muñoz Ramonet, fue todo un símbolo de los nuevos tiempos.

     

    El Plan Cerdà y el porciolismo

    Con la llegada, en 1957, de Josep Maria de Porcioles i Colomer a la alcaldía de Barcelona, la transformación del Eixample fue aún más rápida y bastante espectacular.

           ¿Se puede afirmar que el porciolismo contrajo con el Plan Cerdà un matrimonio de conveniencia? Si eso es cierto, el matrimonio tenía precedentes, tal y como hemos visto. Por otra parte, la conveniencia se estableció, también, entre muchos grupos sociales y profesionales de la arquitectura. Los herederos y propietarios de casas modernistas, las nuevas empresas constructoras especialmente -y no sólo la de Núñez i Navarro- y las clases medias en demanda de vivienda en una Barcelona en crecimiento económico y demográfico favorecieron la importante transformación del Eixample ya construido y contribuyeron a estropear el que se iba completando.

           El Eixample pasó a ser un espacio en el que obtener rentas fáciles del suelo, ya que contaba con urbanización y era un espacio central bien comunicado. Las ordenanzas favorecieron que se construyeran edificios de mayor altura (planta baja más siete plantas) y que se añadieran áticos y sobreáticos8. Además, la permisividad, la tolerancia, cuando no la corrupción con que se aplicaban las normas -las viviendas ilegales en las terrazas, las grandes terrazas y tribunas que sobresalían hacia la calle, la continuada ocupación de los interiores de las manzanas con edificaciones de incluso dos plantas, las diferentes plantas de aparcamientos subterráneos- en una ciudad sin democracia municipal, acabarían convirtiendo el Eixample en uno de los símbolos de la especulación urbanística de la etapa Porcioles.

           A todas estas circunstancias se debe añadir, en especial en la década de los años sesenta, la configuración de las ideas porciolistas de la Gran Barcelona que pretendía conseguir una nueva imagen de la ciudad desplazando la industria hacia las áreas de la Zona Franca, el Bon Pastor y la parte interior del Poblenou9.

           La Gran Barcelona de Porcioles, de la mano de la Carta Municipal de 1960 -solicitada por Barcelona, y que confería amplios poderes a una alcaldía no democrática-, apostaba por el crecimiento en altura y la densificación del Eixample y por su transformación terciaria en la parte central. Baste con señalar que de los 33 edificios singulares levantados en aquellos años, diecinueve se construyeron en el Eixample, que debía convertirse en el CBD (el Central Business District del modelo norteamericano). Mientras tanto, Porcioles programaba la conversión del litoral industrial y de ocio popular en área de sol y playa de gran categoría, como se manifiesta claramente en los dos grandes proyectos de la década de los sesenta vinculados al gran capital industrial y financiero: el Plan de la Ribera (1965), obra de Antoni Bonet Castellana, y el Plan Especial de Ordenación de las Zonas Sudoeste de Montjuïc (1964-69), obra del mismo arquitecto, en colaboración con Oriol Bohigas y Josep M. Martorell.

           En esa misma línea se crearon varias figuras normativas sobre fiscalidad (impuesto de radicación, 1960) o de control de la actividad industrial, que se sumaron a los cambios de calificación del Plan Comarcal de 1953, mediante los planes parciales que transformaban suelo de equipamiento (zonas verdes, escuelas, etc.) y suelo industrial en residencial. Todas esas figuras contribuyeron a la especulación y a los grandes beneficios del sector inmobiliario, a la vez que densificaban el Eixample así como otras partes de la ciudad.        

           Con respecto a las fábricas, es obligado citar la construcción en el solar de la fábrica Elizalde en el paseo de Sant Joan: en lugar de dar paso a equipamientos o a zona verde, la Caixa de Barcelona construyó en él un denso conjunto de viviendas. La fábrica de cervezas Moritz se reconvertiría en un nuevo edificio de oficinas, y la fábrica de tejidos Blanch, situada entre las calles Calàbria y Rocafort, siguió el mismo camino con la construcción de un gran bloque de pisos de Núñez i Navarro, que privatizó el interior de la manzana para usos comerciales.

            Otras industrias de valor arquitectónico menos probado, como la fábrica de tejidos de Francesc Sans o la Frigo, ambas en la calle Casanova, o la de aluminio de la calle Borrell con Consell de Cent darían paso, ante la perplejidad del vecindario, a conjuntos de viviendas de mayor altura que la fábrica existente, con la consiguiente pérdida de luz y suelo y con un fuerte incremento de la densidad de población.

           Sólo cuando la presión vecinal fue lo suficientemente fuerte, algunos conjuntos fabriles pudieron, por fin, ser reconvertidos en equipamientos: como en el caso emblemático de la fábrica La Sedeta, en la actualidad escuela pública y centro cívico gracias a la lucha vecinal de los años finales del porciolismo y de la transición democrática, cuando los nuevos ayuntamientos querían reconstruir la ciudad10.

           En el Eixample, la pérdida de suelo de equipamiento en favor del residencial y del terciario fue muy importante. En esa reconversión jugaron fuerte las nuevas inmobiliarias surgidas en los años del boom económico; una de ellas fue Núñez i Navarro, pero, no obstante, no fue la única11. Sólo hay que citar algunos ejemplos bastante significativos, como el del Gran Price, que se transformó en 1972 en un mastodóntico edificio de viviendas.

           Otros edificios de equipamiento también pasaron a manos de inmobiliarias para ser reconvertidos en edificios de oficinas. El colegio de Loreto dio paso a un edificio de uso terciario, y la Casa Serra (ocupada por la escuela de las Damas Negras), obra de Puig i Cadafalch, una de las pocas incluidas en el catálogo de 1962, fue descatalogada y, sólo tras una larga lucha de colegios profesionales, entidades cívicas y vecinos, se consiguió mantener una parte del conjunto, a pesar de la conversión, ya en democracia, del resto del recinto en un edificio de oficinas de la Diputación.

           Si tenemos en cuenta el patrimonio arquitectónico-artístico modernista, el Eixample sufrió muchos derribos y numerosas mutilaciones de edificios. A pesar de la temprana publicación de estudios que comenzaban a valorar el Modernismo, pocas de las piezas a las que se le reconocía un indiscutible valor llegaron a salvarse, ya que muchas no fueron incluidas en el catálogo del patrimonio histórico-artístico de la ciudad hasta 1992. Un ejemplo bastante significativo y representativo lo constituye la Casa Trinxet: era una casa unifamiliar, obra del arquitecto Josep Puig i Cadafalch, construida para la familia de industriales textiles Trinxet, que, además de sus valores arquitectónicos, contaba con valores decorativos, como vidrieras y pinturas de Joaquim Mir. Esa casa fue derribada para levantar un conjunto de viviendas con bajos y seis plantas más áticos, promovido por Núñez i Navarro y proyectado por el arquitecto Joan Margarit Serradell.

           De nuevo, el movimiento vecinal, surgido a principios de la década de los setenta, fue pionero en la reivindicación de los edificios modernistas, a menudo con poca fortuna, si exceptuamos el caso del chalé Golferichs. Esta casa unifamiliar, obra de Joan Rubió i Bellver, era una escuela de las religiosas de la Presentación, cuyo derribo fue autorizado por el Ayuntamiento, después de ser vendida por las monjas a Núñez i Navarro; afortunadamente, una dura y larga lucha vecinal consiguió salvarla (a pesar de la destrucción de parte de su interior) y fue convertida en un centro cívico12.

           La iconoclasia del periodo porciolista no se limitó a los edificios residenciales: establecimientos de decoración modernista, novecentista y también racionalista fueron mutilados y transformados de manera brutal para conferir una imagen más moderna al comercio del Eixample, con el apoyo implícito o explícito de un buen número de arquitectos y de ciudadanos.

           Otra forma de agresión patrimonial y de cambio de función fue la autorización para subdividir los pisos, en general el principal, en el que había vivido el propietario, pero que progresivamente fue extendiéndose también a los de las demás plantas; la finalidad era construir pequeños apartamentos, pero, especialmente, dedicarlos a usos terciarios (despachos, consultorías de profesionales, sedes de empresas, etc.). Como resultado de la nueva función, se compartimentaron estancias, se bajaron techos, y los que antes habían sido grandes despachos de profesionales (médicos, abogados o notarios) y estancias de casas burguesas se convirtieron en cubículos de pequeñas dimensiones. Tampoco hemos de olvidar la pérdida de mobiliario: puertas, lámparas, vidrieras y ascensores que fueron destruidos para dar paso a elementos nuevos, casi siempre de escasa calidad.

           La terciarización del espacio más central del Eixample fue acompañada de una importante renovación comercial que convirtió el Passeig de Gràcia en los Campos Elíseos de Barcelona. Nuevos establecimientos de moda (Bel, Santa Eulàlia, El Dique Flotante, Torrents) se instalaron en ese paseo barcelonés, convertido en eje de la alta costura de la ciudad, y junto a ellos figuraban las mejores joyerías, zapaterías, peleterías y otras tiendas de lujo muy especializadas (Gimeno, Bagués, Regia, Magda) que servían a las clases más acomodadas catalanas pero también a las de buena parte de España.

           Librerías especializadas, las más modernas tiendas de electrodomésticos y deportes, de mobiliario y decoración, junto a galerías de arte y nuevos cines y espacios de reunión, como el famoso salón Rosa, convertirían el Passeig de Gràcia y sus alrededores en uno de los escaparates de la riqueza acumulada durante los años del desarrollismo coincidentes con el final del porciolismo.

           Más allá del Eixample central, el comercio tradicional local o también especializado (esparterías, cesterías, confección, radiofonía, mobiliario) se mantenía muy vivo en razón de la proximidad a los mercados (Ninot, Sant Antoni, Sagrada Família) combinado con talleres y fábricas a pie de calle, en los bajos de los edificios o en los interiores de manzana.

           A modo de balance, se puede decir que, durante el porciolismo, el conjunto del Eixample fue una parte importante de la máquina de renta inmobiliaria de la ciudad, a la vez que perdió patrimonio histórico-artístico y también equipamientos escolares privados (Presentación, Loreto, Damas Negras), mientras se mantenían los pocos centros de enseñanza pública, porque no se construyó prácticamente ninguna nueva escuela pública ni instituto de enseñanza secundaria, ni tampoco se mejoraron los existentes13. Tampoco se incrementaron los equipamientos de proximidad (mercados, bibliotecas, centros de salud, centros cívicos) o las zonas verdes.

           La densificación, el fuerte impacto del tráfico -cada vez más intenso, ruidoso y contaminante- y la falta de zonas verdes fueron alejando de la parte más central a las clases burguesas y más acomodadas, que optaron por irse a vivir "por encima de la Diagonal", en dirección a Pedralbes. Se mantuvieron, en cambio, las clases más mesocráticas y populares, favorecidas por la ley de arrendamientos urbanos que permitía tres subrogaciones y alquileres congelados, pero que, en contrapartida, ayudaba muy poco al mantenimiento y la mejora de los edificios, que acabaron por deteriorarse cada vez más.

           Paralelamente, los nuevos edificios de Núñez i Navarro y de otras inmobiliarias y promotoras escondían, en mayor o menor medida según las zonas y bajo una cierta apariencia moderna y de calidad en las porterías y revestimientos, casi minipisos y distribuciones muy angostas que eran ocupados por la pequeña burguesía. Aunque unos cuantos proyectos presentaran un cierto interés arquitectónico, no solían renunciar a la densificación.

            Contradictoriamente, mientras en la etapa de Porcioles el Eixample se iba densificando y transformando, cada vez más lejos de las propuestas iniciales del Plan Cerdà, la figura de su autor tuvo un primer reconocimiento oficial en 1959, con motivo del centenario de la aprobación del Plan de Ensanche. Al mismo tiempo se le erigió un monumento en la Gran Via, lindando con Hospitalet, que duró bien poco, ya que en la década de los setenta fue desmontado y desapareció14.

            El oportunismo político del alcalde Porcioles hizo coincidir esa conmemoración con el I Congreso Nacional de Urbanismo y con el Día Mundial del Urbanismo para dar muestras de apertura política y de nuevas ideas urbanísticas para la ciudad. Más adelante, también se celebraron conferencias y exposiciones a raíz de la publicación, en el año 1968, de la edición facsímil del libro de Cerdà, La teoría general de la urbanización, y del traslado de sus restos a Barcelona, dos años después, desde Barros, cerca de Caldas de Bezaya, donde había fallecido.

            Desde el periodo de los ayuntamientos democráticos, y a pesar de la recuperación del Eixample por la revalorización del patrimonio modernista, que ha incluido desde medidas de paisaje urbano hasta ayudas para la rehabilitación, la recuperación del Eixample todavía no se ha producido de puertas adentro; aunque su imagen urbana esté muy valorada, sigue siendo todavía uno de los lugares en los que se encuentran los peores ejemplos de la "Barcelona de las medianeras". Sólo se consiguieron mejorar poco a poco las condiciones de habitabilidad con la nueva normativa derivada del Plan Comarcal de 1976 (Plan Especial del Ensanche, de 1988), que limitaba la edificación de los interiores de manzana y los convertía en zona verde, a la vez que restringía las profundidades edificables y las alturas de los edificios y ampliaba los patios de luces.

            Sin embargo, la trayectoria de destrucciones patrimoniales, que desgraciadamente ha continuado en democracia (Casa Arnús de Passeig de Gràcia-Mallorca, Manzana de la Discordia, Les Arenes), ha convertido el Eixample en un conjunto urbano todavía muy densificado que sigue en peligro de deterioro, salvo en el caso de los edificios emblemáticos que, a menudo y en gran medida, se conservan gracias al negocio turístico.

     

    Notas

    1   Estapé, F.: Vida y obra de Ildefonso Cerdá. Anexo documental y bibliografía. Tomo III de "Teoría general de la urbanización, reforma y ensanche de Barcelona", Madrid, Instituto de Estudios Fiscales, 1968. No es éste el lugar para hacer una reseña completa del tratamiento de la figura Cerdà y de su Plan, puesto que en los últimos años varias publicaciones y valiosas exposiciones ya lo han hecho; no obstante citamos aquellos primeros estudios, obra de una joven generación de arquitectos, historiadores y economistas, que en la década de los setenta iniciaron la recuperación de Cerdà: "Cerdà. Un pasado como futuro", en Cuadernos de Arquitectura y Urbanismo, n.º 100, enero-febrero de 1974; 2c Construcción de la ciudad, nº. 6-7, 1977; y El ensanche de Barcelona, Laboratorio de Urbanismo de la ETSAB, 1978.

    2   González Moreno-Navarro, A. El Camp d'en Grassot. Família i territori,  Barcelona, (s.p.i.), 2008. Tatjer, M. "La indústria a l'Eixample: el sector de Sant Antoni", en R. Grau (coord.): Cerdà i els altres. La modernitat a Barcelona, 1854-1974, Barcelona, Quaderns d'Història, 14, Arxiu Històric de la Ciutat de Barcelona-Ajuntament de Barcelona, 2008, p. 279-302.

    3   Una crítica a este aumento de altura se puede ver en: "Un pis més a les cases", Civitas, enero de 1923.

    4   Solans, J.A.: "De las constituciones a los edictos de obrería, de los edictos a las ordenanzas de edificación, de las ordenanzas a las normas urbanísticas", en Arquitectura Bis, Barcelona, nº. 5, 1974, pp. 23-31.

    5   Tatjer, M.: "La vivienda popular en el Ensanche  de Barcelona", en Scripta Nova. Revista de Geografía y de Ciencias Sociales, Universitat de Barcelona, 1 de agosto de 2003, vol. VII, nº. 146 (021).

    6   El profesor Juan Carlos García Borrón recordó varias veces esta expresión que habían empleado Manuel Sacristán y él mismo en el grupo que editaba en los años cuarenta la revista Qvadrante (García Borrón, J.C.: España siglo XX). Recuerdos de observador atento, Barcelona, Ediciones del Serbal, 2004. p. 144.

    7   Roselló, M.: "La casa Salvador Samà de Josep Oriol Mestres. Un exemple d'arquitectura residencial de les primeres dècades d'urbanització de l'Eixample", en R. Grau (coord.): Cerdà i els altres. La modernitat a Barcelona, 1854-1974, Barcelona, Quaderns d'Història, 14, Arxiu Històric de la Ciutat de Barcelona-Ajuntament de Barcelona, 2008, p. 47-62.

    8   Joan Busquets ha calificado la ordenanza aplicada al Eixample en ese periodo como "ordenanza congestiva". Según este autor, la altura de los edificios pasa a ser de 24,4 m, con bajos y siete plantas más ático y sobreático, mientras que la edificación del patio interior de manzana podía alcanzar los 5,5 m de altura con posibilidad de zigurat por encima de ese límite: Busquets, J.: Barcelona. La construcción urbanística de una ciudad compacta, Barcelona, Ediciones del Serbal, 2004, p. 306.

    9   Sobre la "Gran Barcelona" que Porcioles y los agentes económicos y sociales que le dieron apoyo querían configurar, véase: Alibes, J.M.; Campo, J.; Giralt, E.; Huertas, J. M.; Prades, R.; Tarragó, S.: La Barcelona de Porcioles, Barcelona, CAU, nº. 21, septiembre-octubre de 1973. Editado en 1975 como libro por la Editorial Laia.

    10  Sobre las reivindicaciones vecinales para salvar el patrimonio y conseguir equipamientos en el Eixample, hay que releer los trabajos de Josep M. Huertas y Jaume Fabre, en especial: Tots el barris de Barcelona, Barcelona, Edicions 62, vol. 5, y Barcelona, Edicions 62, 1976; así como Barcelona: la construcció d'una ciutat. Barcelona, Plaza & Janés, 1989.

    11  Entre otras empresas inmobiliarias que actuaron en diferentes sectores del Eixample construyendo grandes conjuntos de viviendas que incrementaban la densificación, podemos citar: Spai, La Llave de Oro, Construcciones Pulido, Ibusa y Construcciones Españolas, sin olvidarnos de algunas cajas de ahorros.

    12  La Casa Golferichs fue una de las grandes reivindicaciones de la Asociación de Vecinos del Eixample de Sant Antoni, creada en 1969.

    13  Cf. Fabra, J.; Huertas Claveria, J. M.; op. cit., 1976, vol. 5, p. 98-100 y 125-126, sobre la situación de las escuelas públicas de los barrios de Sant Antoni y de la Sagrada Família (unos de los más populares y poblados del Eixample) durante el porciolismo. De los mismos autores véase el muy significativo plano de ubicación de las escuelas construidas en Barcelona durante la alcaldía de Porcioles: Fabre, J., y Huertas, J. M.: Barcelona. La construcció d'una ciutat, Barcelona, Plaza & Janés, 1989, p. 278-279.

    14   Sobre la historia del primer monumento a Cerdà, propuesto en 1889, y la polémica que suscitó, véase Nadal Piqué, F.: "Urbanisme i ideologia: la polèmica entorn d'un projecte de monument a Cerdà (1889)", en Història urbana del Pla de Barcelona, Ajuntament de Barcelona, 1990, vol. 2, p.465-491. Y sobre las conmemoraciones de la época de Porcioles y la labor de Fabià Estapé en la recuperación de Cerdà, véase Estapé, F.: "Una passió extraacadèmica: vida i obra d'Ildefons Cerdà", en De tots colors. Memòries, Barcelona, Edicions 62, 2000, pp.147-152, y las informaciones recogidas por  Bonet Correa, A.: Ildefons Cerdà y el Ensanche de Barcelona, Madrid, Ministerio de Cultura-Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, 2009.



    Otoño (octubre - diciembre 2009)

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