Anna Veiga: “Debemos esforzarnos y evitar que se paren proyectos científicos”

Tras la puerta de su despacho, en el perchero, descansan un jersey, una bata de laboratorio y medio centenar de colgantes con identificaciones para congresos y seminarios especializados en reproducción humana en los que ha participado Anna Veiga durante los últimos años. Uno de los encuentros científicos que han dejado su recuerdo en el perchero de la directora del Banco de Líneas Celulares es el congreso anual de la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología, una entidad de primer nivel científico mundial que preside Anna Veiga desde el verano de 2011.

Anna Veiga

©Pere Virgili

La reunión anual de la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología, celebrada en Estambul en julio de este año, ha servido para destacar que desde el nacimiento de Louise Brown, en 1978, han venido al mundo cinco millones de niños por fecundación in vitro (FIV)…

Sí, esta cifra demuestra que la fecundación in vitro es una técnica totalmente consolidada, con una metodología estandarizada que sirve para dar solución a muchos problemas de fertilidad. Es una técnica segura que arroja resultados similares a los nacidos sin reproducción asistida.

¿Sigue creciendo el número de tratamientos de fecundación in vitro en el mundo? En países industrializados en especial, por el retraso en la maternidad…

Es cierto que este es uno de los motivos del crecimiento de estas técnicas. No hay estudios que indiquen de forma clara que hoy en día existen en nuestra sociedad más problemas de esterilidad que antes. Las mujeres retrasan la edad a la que desean tener hijos, lo que comporta complicaciones a la hora de conseguir el embarazo. Muchos de los casos de infertilidad que se ven actualmente están motivados exclusivamente por la edad avanzada de la madre.

Anna Veiga

©Pere Virgili

¿Cuál es el área de trabajo de la Sociedad Europea de Reproducción Humana que usted preside?

Es una de las dos sociedades científicas más importantes del mundo en el ámbito de la reproducción humana; quizás podríamos decir que nos encontramos algo por delante de la sociedad norteamericana. Nuestro objetivo es apoyar científicamente las actividades de reproducción asistida, aportar evidencias científicas sobre la eficacia de las técnicas, recoger datos sobre la actividad del sector en Europa y ofrecer pautas para que los tratamientos se lleven a cabo de la mejor manera posible.

¿Cuáles son los retos de futuro de la FIV? Hace unos años se decía que el gran problema eran los embarazos múltiples inducidos por esta técnica.

Los embarazos múltiples siguen siendo una complicación de las técnicas de reproducción asistida, aunque durante los últimos años hemos reducido mucho el nacimiento de gemelos. Hemos mejorado las técnicas y cada vez sabemos más sobre los casos en que está justificado transferir más de un embrión y en qué casos podemos transferir dos embriones, o tres, como máximo. En algunos países incluso han regulado este aspecto; en el estado español, por ejemplo, la ley dice que no se pueden transferir más de tres embriones en cada tratamiento.

La estadística demuestra que en los últimos años el número de nacimientos múltiples ha crecido de forma considerable, lo que se debe básicamente a la reproducción asistida. Sí, lo ves cuando vas por la calle: se ven muchos más gemelos. Fíjese si es un hecho real que incluso algunas campañas publicitarias utilizan el reclamo de los partos múltiples.

©Pere Virgili

Cuando en 1978 nació Louise Brown, usted estudiaba biología en la Universidad Autónoma de Barcelona. ¿Por aquel entonces ya pensaba que podría dedicarse a la investigación en reproducción humana?

No, la verdad es que no. Aquella noticia me llamó mucho la atención, pero entonces estaba interesada solo de forma genérica en temas de genética y cultivos celulares. Había un profesor que me motivó mucho en estos temas.

El fallecido profesor Josep Egozcue…

Exactamente. Terminé la carrera y por casualidad leí una entrevista con el doctor Pere Barri, de la Clínica Dexeus, que explicaba que estaban realizando inseminaciones, y me dije: este es un campo que está empezando y quizá estaría bien colaborar.

Entonces, ¿es verdad que todo empezó leyendo una entrevista en la revista Ser Padres?

A partir de esa lectura hice algunas consultas hasta que pude hablar con el doctor Barri para ofrecerle mis servicios. Era consciente de que no podría ofrecer gran cosa, porque apenas había terminado la carrera de biología, con carencias muy importantes de formación desde el punto de vista médico. Me atendió muy cordialmente y en un principio no me pudo ofrecer gran cosa porque aún no tenían un proyecto consolidado. Pero sí: allí empezó todo.

¿En su familia hubo antes otros investigadores?

En absoluto. Mi padre trabajaba en temas de publicidad: había trabajado en automoción y en periodismo relacionado con el motor. En mi casa no había ningún tipo de tradición científica, ni médicos, ni biólogos.

¿De qué barrio de Barcelona es su familia?

De Pedralbes. Mis abuelos y mi madre se fueron de la Gran Via durante la Guerra Civil para refugiarse en Pedralbes a una casa que la familia había utilizado para veranear. Allí me crié y después he vivido en diferentes barrios de Barcelona, pero ahora, al cabo del tiempo, he vuelto a la misma casa.

¿Han experimentado muchos cambios la casa y el barrio?

Evidentemente, han cambiado un poco, pero la casa es la misma. Me gusta volver al barrio donde he vivido toda la vida, y se vive muy bien.

La Barcelona científica quizás ha vivido transformaciones más trascendentales desde su época de estudiante…

Hemos progresado mucho; nos hemos puesto a la altura. Tomamos conciencia de que si un país quiere progresar tiene que avanzar científicamente. Había que dedicar recursos y disponer de todas las herramientas necesarias para hacerlo posible. Se pusieron en marcha centros como el Parc de Recerca Biomèdica de Barcelona, donde está el Centre de Medicina Regenerativa en que trabajo. Fue una época de gran crecimiento de la ciencia.

Y ahora ¿cómo ve el presente y el futuro?

La situación es dramática. Se recorta por todas partes y a nosotros también nos toca pagar el pato. En el caso de la investigación, hay que insistir en que cuesta mucho que un país alcance un buen nivel, pero muy poco volver atrás. Nos será muy difícil crecer de nuevo. Muchos países con problemas se esfuerzan por preservar la investigación a fin de garantizar el progreso a medio y largo plazo. Barcelona y Cataluña en general habían conseguido atraer a científicos de primer nivel mundial, y no solo porque aquí tengamos muy buen clima –que también–, sino porque poseemos un nivel científico razonablemente bueno. Es complicado, pero tenemos que esforzarnos por seguir adelante y que no se paren proyectos científicos.

Volviendo a su carrera profesional, ¿cuál es el recuerdo más intenso que conserva del nacimiento de Victòria Anna, la primera niña nacida por fecundación in vitro en el estado español, gracias en buena parte a su trabajo?

¡Todo, en general!

Aprovechando el nombre y la fecha, un 12 de julio –en concreto, de 1984–, usted dice que ese día fue su particular Día de la Victoria.

Absolutamente. Lo vivimos con una gran emoción. Eran unos momentos muy especiales por la novedad, por saber que se estaban abriendo nuevos caminos para solucionar problemas de fertilidad que afectan a muchas personas… El nacimiento de aquella niña demostraba que estábamos trabajando bien y que la técnica funcionaba correctamente.

Los recuerdos positivos lo superan todo, pero les costó alcanzar el éxito…

Nos costó, pero no más de lo que en aquella época les costaba a otros grupos. Recuerde que en aquellos tiempos formarse en esta especialidad, conocer cómo funcionaban las técnicas, era muy difícil. Ahora existen másters y cursos de formación que lo facilitan mucho.

A veces la memoria borra sensaciones negativas. Aunque muy minoritarios, en los años ochenta también había grupos y personas contrarios a la FIV.

A decir verdad, estos movimientos eran muy minoritarios y nos molestaron muy poco. La inmensa mayoría de la gente estaba encantada con el trabajo que estábamos realizando. Los problemas reales eran otros, los momentos en que las cosas no funcionaban técnicamente como esperábamos…

Explíquenos algunos detalles de este caso concreto en que está pensado…

Hablo del primer embarazo que nuestro equipo conseguía con fecundación in vitro. La prueba del embarazo había dado positivo y cuando se hizo la ecografía se vio que el embrión no se había implantado en la cavidad uterina, sino que estaba en la trompa, de modo que el embarazo no pudo seguir adelante. Fue solo una semana antes de que tuviéramos la prueba positiva de embarazo de Dolors, la madre de Victòria.

¿Tenían la impresión de que había equipos que les hacían la competencia?

No era una impresión, era una evidencia. Había una competencia muy grande entre dos grupos, el nuestro y el que lideraba el doctor Marina, también en Barcelona. Sabíamos perfectamente que hacían lo mismo que nosotros. En verdad, fue una carrera.

¿Por qué decidió ampliar su carrera profesional con la investigación en células madre?

Las cosas a veces son el producto de muchas casualidades o de una conjunción de diferentes situaciones. Tuve la suerte de conocer a Juan Carlos Izpusúa [director del Centre de Medicina Regenerativa de Barcelona desde su fundación]; en aquel entonces la ley dejaba abierta la posibilidad de investigar con células madre embrionarias y se empezaban a destinar recursos para poner en marcha centros de esta especialidad… Me encontré en el camino que me llevaba a implicarme en este terreno y no dudé en ningún momento. Fue un privilegio dar el salto hacia este nuevo campo, aunque nunca he abandonado la reproducción asistida, y la prueba es que presido la Sociedad Europea, aunque se trata de un cargo no profesional.

Además, sigue vinculada al Institut Dexeus…

Sí, soy directora científica del Servicio de Medicina de la Reproducción del Institut Dexeus.

¿Cuál es el cometido del Banco de Células Madre que dirige?

Empezamos creando células madre embrionarias. Establecimos convenios con diferentes centros de reproducción asistida que nos facilitaban embriones que las parejas ya no deseaban para reproducción y a partir de estos embriones conseguíamos células madre. A partir de ahí derivamos varias líneas celulares que están debidamente registradas y que se pueden poner a disposición de los investigadores que lo pidan. Posteriormente apareció la metodología conocida como IPS [por las siglas en inglés de las células madre de pluripotencialidad inducida], que permite obtener un tipo de células muy similares a las embrionarias pero sin utilizar embriones.

Las IPS fueron descritas internacionalmente entre los años 2006 y 2007...

Sí. Nuestro grupo publicó un estudio científico en 2008 en el que explicábamos una técnica para crear IPS. De forma resumida, la idea consiste en utilizar una célula cualquiera, de la piel, por ejemplo, para hacer que vuelva atrás en su programa y convertirla en una célula como si fuera embrionaria, que posea la capacidad de volver a convertirse en cualquier otra célula del cuerpo.

¿Siguen trabajando en estos campos?

Sí. Ahora además trabajamos para conseguir un salto directo de un tipo celular a otro. Damos un salto directo para hacer pasar una célula de la piel a una neurona. Este verano se ha publicado en una importante revista científica internacional un estudio encabezado por una investigadora del CRMB que explica cómo se ha conseguido convertir células del cordón umbilical en neuronas.

Este tipo de trabajos puede resultar útiles en enfermedades neurodegenerativas como párkinson o alzheimer?

A la larga, evidentemente. Hoy en día únicamente existen dos ensayos clínicos en el mundo con células madre embrionarias, no con IPS, y ambos trabajos están relacionados con enfermedades de degeneración macular. Por ejemplo, en uno de los estudios se consigue que las células madre embrionarias se conviertan en precursores de retina y estas nuevas células se inyectan en personas que padecen este problema en la retina, que las está dejando sin visión.

¿No se había iniciado también un ensayo clínico con células embrionarias para regenerar médula espinal?

Costó muchos años que se aprobara la puesta en marcha de este ensayo, y finalmente se inició. Pero después, cuando se había empezado la primera fase de los trabajos con dos pacientes, la compañía responsable decidió pararlo y cambiar la estrategia de su negocio para dedicarse al cáncer.

¿Son las IPS una alternativa a las células madre embrionarias porque evitan la utilización de embriones?

La mayoría de personas que trabajamos en este campo tenemos claros los niveles éticos de nuestro trabajo. Las IPS están de moda porque representan una metodología nueva y constituyen un modelo excelente para entender cómo funcionan las cosas. Quizás ahora se está poniendo demasiada atención en las IPS, pero no debemos que olvidar que el estándar de pluripotencia de las células se halla en las embrionarias.

La “madre” científica de Victòria

Anna Veiga Lluch nació en Barcelona en 1956 y se licenció en biología en la Universidad Autónoma de Barcelona (1979), donde conseguiría también el doctorado cum laude (1991). Al poco de terminar la carrera empezó a colaborar con el equipo del doctor Pere Barri en la Clínica Dexeus y en julio de 1984 se convirtió en la madre científica de Victòria Anna, el primer niño nacido en el estado español gracias a la fecundación in vitro (FIV). Fue fundadora y presidenta (1993-2003) de la Sociedad Española de Embriología y directora del laboratorio de FIV del Institut Universitari Dexeus (1982-2004), entidad a la que continúa vinculada como directora científica del Servicio de Medicina de la Reproducción (desde 2005). Es profesora asociada del Departamento de Ciencias Experimentales y de la Salud de la Universitat Pompeu Fabra (desde 2002) y coordinadora del máster de biología reproductiva de la UAB. Ha sido galardonada con una veintena de premios y distinciones sociales y académicas, entre las que destacan la Creu de Sant Jordi (2004) y el Premio Nacional de Pensamiento y Cultura Científica (2006) por su contribución a la difusión y consolidación de los avances en ciencia, especialmente en el ámbito de la biomedicina. Anna Veiga es directora del Banco de Células Madre del Centre de Medicina Regenerativa de Barcelona desde 2005 y presidenta de la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología desde el verano de 2011.

Joaquim Elcacho

Periodista especializado en ciencia y medioambiente

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