La imaginación ciudadana

Foto: Pere Virgili

La arquitecta Itziar González, que dirige el equipo ganador de un concurso de ideas para la Rambla, protagoniza la entrevista de este número.
Foto: Pere Virgili

La tarea de políticos y urbanistas es detectar las patologías urbanas y ponerles remedio. La remodelación de la Rambla es una oportunidad para hacer, a pequeña escala, un ejercicio de terapia administrativa que convenza a la ciudadanía de que tiene mucho que decir y algo que hacer para mejorar su entorno de una manera no defensiva.

“Tu vares fer-te per mans precipitades, / en profundes, nebuloses centúries” [“Tú te hiciste por manos precipitadas, / en profundas, nebulosas centurias”], dice Joan Perucho en su Oda a Barcelona. Sí, las ciudades se construyen con la precipitación que dicta la necesidad, pero también con el orden que requiere la convivencia. La ciudad de Barcelona se ha construido sobre una orografía montuosa, con faldas y rellanos, túneles y puentes, ora encaramándose a la montaña, ora bajando al mar. Una ciudad de palacios y barracas.

Una ciudad es la suma de aciertos sedimentados y de errores impacientes, y también todo lo que ha renunciado a ser. Carme Grandas ha recogido en La Barcelona desestimada proyectos que por razones financieras, políticas o de cambio de modas quedaron en un cajón. ¿Se imaginan que hubiera prosperado la idea de Rubió i Tudurí de trasladar el zoo al Park Güell? ¿O que hoy la Rambla tuviera un collar de quioscos diseñados por Gaudí? A su vez, la Escola d’Arquitectura de Barcelona ha mirado hacia atrás y ha recopilado los mejores trabajos de final de carrera de los últimos cincuenta años. Aquí también la Barcelona imaginada por los alumnos sirve para reflexionar sobre su devenir real. La historia de Barcelona es también la de sus remordimientos y dudas, la de sus proyectos imaginados y no aplicados.

Foto: Institut Municipal d'Hisenda

Proyecto de reforma de la plaza de Catalunya de Pere Falqués de 1891.
Foto: Institut Municipal d’Hisenda

La tarea de políticos y urbanistas es detectar las patologías urbanas y ponerles remedio. Dicho de otro modo, detectar las lacras que se han enquistado en los chakras de la ciudad, aquellos puntos de concentración de energía y movimiento que hacen que fluya. El caso de la plaza de Les Glòries, convertida en los años sesenta del siglo pasado en un nudo viario de cuatro ramales, es un ejemplo paradigmático de patología urbana, que consistió en supeditar las personas a los coches. La urbanización de Diagonal Mar ha puesto en evidencia que estábamos sacrificando un punto neurálgico del movimiento ciudadano en beneficio de la movilidad de los vehículos. De chakra a lacra.

Esta distinción entre movimiento y movilidad es uno de los pilares del proyecto de remodelación de la Rambla que impulsa el colectivo Km_zero, liderado por Itziar González. Exconcejala de Ciutat Vella, arquitecta y terapeuta urbana, González explica en la entrevista que abre este número que hay que rescatar la Rambla tanto del monocultivo turístico como de la inercia desencantadora. El proyecto de Km_zero tiene la vocación de convertirse en un laboratorio de participación que podría inaugurar una nueva relación entre la ciudadanía y la Administración. González tiene muy claro que gestionar la ciudad no es lo mismo que hacer ciudad, que es siempre la manifestación de la expresión colectiva. Para propiciar esta dinamización comunitaria es imprescindible una innovación en la gobernanza que pide unas nuevas reglas del juego y un nuevo lenguaje.

Foto: Pau Bajet

Proyecto de reforma de la plaza de Catalunya, el trabajo de final de carrera de Pau Bajet, alumno de la Escuela de Arquitectura, fechado en 2013.

A los que han oído tantas veces la palabra “empoderamiento” sin entender muy bien su significado, he aquí un ejemplo concreto. La remodelación de la Rambla es una oportunidad para hacer, a pequeña escala, un ejercicio de terapia administrativa que convenza a la ciudadanía de que tiene mucho que decir y algo que hacer para mejorar su entorno de una manera no defensiva. Km_zero propone un método horizontal, que tenga en cuenta tanto la opinión de las partes implicadas (vecinos, entidades, empresarios, etc.) como la observación de los técnicos. Es imposible refundar la Rambla sin la cooperación de todos los sectores, pero tampoco sin unos valores irrenunciables: la transparencia, la finura y la proximidad de la Administración, y sobre todo la urbanidad en el sentido más primigenio de la palabra, que en este caso quiere decir protección del arbolado, fomento del movimiento por encima de la movilidad, recuperación de la condición marítima y de los nodos (o chakras) que componen el paseo e integración de los barceloneses en su rico tejido cultural, sin olvidar a los turistas que han traído la luz de otros soles y que una tarde de agosto murieron atropellados.

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