Justicia de género

Foto: Arianna Giménez

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El Plan por la Justicia de Género (2016-2020), impulsado desde la Concejalía de Ciclo de Vida, Feminismos y LGTBI, marca el camino para construir una ciudad en que las mujeres tengan voz y capacidad de decisión; en que las tareas domésticas y de cuidados estén distribuidas de manera más justa; en que la pobreza y la precariedad, que ahora tienen rostro de mujer, vayan desapareciendo; una ciudad, también, donde ninguna mujer tenga miedo al volver a casa sola de noche.

En los últimos años, la crisis económica ha afectado negativamente a nuestra ciudad, una crisis que, tal como demuestran los datos, afecta con más crudeza a las mujeres. Ellas han asumido los cuidados y han sufrido más que los hombres el paro de larga duración y la precariedad laboral. Demasiado a menudo hemos visto cómo la maternidad tenía una penalización que se traducía en sueldos inferiores y en la inaccesibilidad a cargos directivos.

Pese a la inercia patriarcal de la sociedad, una fuerza atávica difícil de corregir, algo comienza ya a cambiar, y en Barcelona hay claros indicios de ello. En primer lugar, no es extraño que una ciudad que ha elegido por primera vez en su historia a una mujer para ocupar la alcaldía se fije ahora como prioritario un Plan por la Justicia de Género. La acción no es un designio impuesto desde el consistorio, sino que se suma a la lluvia fina que ha dado ya los primeros brotes verdes de un nuevo modo de entender la justicia social. Hemos asistido a la aparición de numerosas iniciativas que posibilitan un cambio auténtico: la red vecinal se ha activado para facilitar el acceso a los bienes comunes desde múltiples ejemplos de innovación social, como grupos de consumo, bancos de tiempo, huertos urbanos, finanzas sociales. El sentido comunitario de estas prácticas debe formar parte de los cambios estructurales hacia otro modelo de urbe. Y, para ser real, la transformación tendrá que estar impregnada también de justicia de género.

Foto: Arianna Giménez

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El Plan por la Justicia de Género (2016-2020), impulsado desde la Concejalía de Ciclo de Vida, Feminismos y LGTBI, constituye el instrumento municipal básico en el camino de eliminar las desigualdades de género. Es una herramienta para la promoción de la equidad entre hombres y mujeres, y entre las mujeres mismas. El plan marca el camino para construir una ciudad en que las mujeres tengan voz y capacidad de decisión; en que las tareas domésticas y de cuidados estén distribuidas de manera más justa; en que la pobreza y la precariedad, que ahora tienen rostro de mujer, vayan desapareciendo; una ciudad, también, donde ninguna mujer tenga miedo al volver a casa sola de noche.

El Plan de Justicia de Género se define en un contexto de cambio en que se están produciendo múltiples crisis a la vez –económica, de sostenibilidad de los cuidados, ecológica y de representación–, con un impacto significativo en la desigualdad entre mujeres y hombres. Es en el ámbito local donde somos más conscientes de este impacto, pero a la vez es también el espacio en que disponemos de más instrumentos para mitigarlo. Tenemos la oportunidad de mejorar el sistema representativo, democratizar la democracia con mecanismos que permitan a hombres y mujeres participar en la toma de decisiones de modo equitativo.

Uno de los objetivos del plan es reforzar los mecanismos de participación política, social y tecnológica de las mujeres, trabajar el reconocimiento de sus voces y dar alas a la emancipación que busca transformar la sociedad patriarcal.

Foto: Arianna Giménez

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Una ciudad inclusiva requiere repensar sus bases económicas. Debemos poner el cuidado de las personas en su centro, como actividad que genera valor social y no solo de mercado. No se trata de crear simples mecanismos de compensación para garantizar los derechos y el bienestar de las mujeres, sino de poner en solfa una política que transforme todos los ámbitos. Es un cambio institucional que ha de empezar por el propio consistorio, y que comporta revisar los procesos que se siguen a la hora de incorporar la igualdad como requisito y garantizar que las condiciones laborales de la función pública sean igualitarias.

Precisamos una ciudad más femenina, que prestigie las tareas que han ejercido sobre todo las mujeres, también para repartirlas equitativamente, pues de nada serviría prestigiar la labor abnegada y anónima de tantas mujeres que prestan servicio a los demás si los hombres no quisieran asumirla o compartirla. No se trata de premiar a las mujeres por realizar los trabajos menos gratificantes, sino de darles el valor que tienen para el bienestar de la colectividad.

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