Crisol de lenguas

Diarios en diferentes versiones lingüísticas en un quiosco.
Foto: Pere Virgili.

Este crisol de lenguas en el que se ha convertido la gran Babelona, capital de un país en el que ya tenemos censadas más de trescientas lenguas, es un patrimonio de gran valor social y económico, pero también un bien cultural con un delicado equilibrio ecológico.

Barcelona se ha vuelto políglota. Aquella ciudad que durante los Juegos Olímpicos se dirigía al mundo ufana y sin complejos en catalán, castellano, inglés y francés, se ha transformado hoy en un hábitat lingüístico mucho más rico y diverso, reflejo del mundo que nos ha sobrevenido con la globalización. Este crisol de lenguas en el que se ha convertido la gran Babelona, capital de un país en el que ya tenemos censadas más de trescientas lenguas, es un patrimonio de gran valor social y económico, pero también un bien cultural con un delicado equilibrio ecológico.


Taxi con el indicador de ocupación en catalán. Arriba, el cinema Texas, el único que ofrece en exclusiva programación traducida al catalán.
Fotos: Pere Virgili.

Un total de ocho organizaciones internacionales han iniciado los preparativos para la redacción de un Protocolo de Garantía de los Derechos Lingüísticos, concebido como texto de referencia en materia de defensa de la igualdad lingüística y de promoción de lenguas en peligro. Para ser un referente del multilingüismo Barcelona ha de empezar por preservar la lengua que le es propia, la catalana, garantizando su uso sin imposiciones ni conflictos, pero también sin complejos. Ahora que algunos quisieran ver fracturas sociales causadas por las diferencias lingüísticas, conviene más que nunca afirmar la convivencia y el respeto hacia todos los hablantes. El gesto de dirigirse en catalán a una persona de aspecto foráneo debe entenderse como una señal de respeto. De otro modo, estaríamos actuando con prejuicios raciales ante personas que no podemos discriminar lingüísticamente por el color de su piel o por su fisonomía, apellido o manera de vestir, excluyendo así a amplios sectores de la población del acceso al catalán. Las lenguas no han de ser problemas, sino oportunidades; no han de ser barreras, sino puentes que faciliten la inclusión de nuevas personas y comunidades en la ciudad. En la medida en que nos podamos entender todos entre todos, conseguiremos que las lenguas de los recién llegados sean también útiles para el desarrollo de Barcelona, que ha de poder establecer vínculos económicos y culturales con la amplia red de ciudades que van redibujando hoy el mundo.

Clase de catalán en la Casa Amaziga de Cataluña.
Foto: Pere Virgili.

Como bien apunta Francesc Xavier Vila en el dossier que dedicamos a las lenguas de Barcelona, el fenómeno del multilingüismo en la ciudad no es una situación nueva, sino que viene de lejos: arranca con la Barkeno en la que convivían íberos, griegos y cartagineses, sigue con una Barcino que latinizó a autóctonos y colonos, y se prolonga en una Barchinona en la que el latín popular convivía con el latín culto y con el griego, el hebreo, las lenguas de los bárbaros, el árabe y el amazigh.

Una hablante de amazigh es precisamente el personaje que centra la entrevista que abre este número de Barcelona Metròpolis: Najat El Hachmi, escritora de origen amazigh –ganadora del premio Ciutat de Barcelona– que es hoy una de las figuras emergentes de la literatura catalana. Najat El Hachmi es una representante de la nueva inmigración de los años ochenta, que trajo al país a personas de origen no europeo. Sin ser la metrópoli de un viejo imperio, Barcelona es hoy el escenario de nuevos relatos escritos por autores de aquí y de fuera, como pueden ser la alemana Stefanie Kremser o el francés Mathias Énard, último premio Goncourt. El caso de Najat El Hachmi y de estos otros escritores es un indicio de que la historia del país y de la ciudad que iremos construyendo será cada vez más diversa y heterogénea. El relato sobre Barcelona ya no está en manos ni a la merced de una sola clase, ni de un solo grupo mediático, ni de un puñado de lobbies poderosos con una idea de marca. Tampoco, naturalmente, en manos de un Ayuntamiento que trabaja para empoderar a los ciudadanos y darles voz para que construyan en común la Barcelona que quieren.

Actividades en la asociación de brasileños con sede en el Centro Cívico Parc-Sandaru.
Foto: Pere Virgili.

Barcelona será lingüísticamente soberana si consigue que el catalán tenga su lugar en el mundo. Y será también una auténtica ciudad refugio de las lenguas si es capaz de acoger –sin condescendencia ni superioridad– a hablantes de todo el mundo, también a los de las lenguas más amenazadas.

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