Urbanismo y género de Barcelona para el mundo

Desde la red estratégica Metropolis Women, presidida por la concejalía barcelonesa de Feminismos y LGTBI, se trabaja para incorporar la visión de género a la Asociación Mundial de las Grandes Metrópolis, que reúne a 138 ciudades.

Foto: Arianna Giménez

Las políticas urbanas han de tener en cuenta las diferentes formas de movilidad, que varían en función del ciclo de vida y de los roles de género en la estructura social. En la imagen, ascensor de acceso a la estación del metro de la Sagrera.
Foto: Arianna Giménez

La Asociación Mundial de las Grandes Metrópolis, conocida con el nombre de Metropolis, es un espacio de lobby integrado por 138 ciudades que reivindica el papel central de las urbes a escala internacional y permite el intercambio de conocimientos y de buenas prácticas urbanísticas. Ada Colau es una de las copresidentas de Metropolis, cuya secretaría general se encuentra en Barcelona. La organización cuenta con una red estratégica, Metropolis Women, que trabaja para incorporar la visión de género a la asociación. La presidencia de esta red recae en Barcelona, y desde hace un año la asume Laura Pérez Castaño, concejala de Feminismos y LGTBI.

Se inicia así una nueva etapa en la que Metropolis Women se concibe como un instrumento para incorporar la perspectiva de género, con la misión de construir unas ciudades más humanas que sitúen la vida cotidiana en el centro de las políticas urbanas. “El objetivo principal es dotar a Metropolis de visión de género”, explica Sílvia Llorente, jefa de proyectos de la iniciativa. Metropolis Women no se concibe solo como una sección concreta de la asociación, sino como una línea estratégica transversal. Este enfoque sigue la dinámica del Ayuntamiento de impregnar todas las políticas de visión de género.

Metropolis, mediante Metropolis Women, trabaja para otorgar a todas las personas el derecho a la ciudad, como decía el filósofo Henri Lefebvre, para que se acerquen y participen del entorno urbano. “Cuando se habla de urbanismo todo se plantea como si fuese neutro, y no lo es. Las ciudades son los espacios físicos de nuestra sociedad, en las que, por lo tanto, también se reproducen roles y desigualdades”, afirma Llorente.

Las ciudades que participan en Metropolis se dividen en cinco regiones: Europa, Asia-Pacífico, África, América del Norte y América del Sur. Es preciso tener en cuenta que incluye territorios como Mashhad (Irán), Seúl (Corea del Sur), Bogotá (Colombia) o Montreal (Canadá), de donde es el presidente de la Asociación, Denis Coderre.

No todas las urbes trabajan en la misma línea ni priorizan incorporar la perspectiva de género a las políticas urbanas. En el seno de Metropolis, solo el 18 % del total de representantes de les ciudades asociadas son mujeres. Para revertir estas y otras discriminaciones, y bajo la nueva presidencia de Barcelona, en octubre de 2016 se aprobaron en Bogotá las nuevas líneas estratégicas de la asociación. Se pretende, en primer lugar, dotar a todas sus estructuras de una visión de género, y definir una nueva agenda política que incluya dicha perspectiva. En segundo lugar, identificar y compartir las buenas experiencias que llevan a cabo las ciudades miembros y crear sinergias que generen nuevos conocimientos. Por último, posicionar Metropolis como un referente internacional de políticas urbanas con visión de género.

En el ámbito interno, Metropolis ya ha logrado cambios que han repercutido en toda la organización, como por ejemplo el otorgamiento a Metropolis Women de voz y voto en el consejo de administración, máximo órgano de toma de decisiones. Siguiendo la apuesta por una ciudad diversa, cuidadora y sostenible planificada para facilitar la vida cotidiana de las personas, la red de mujeres ha elaborado una agenda política con dos líneas temáticas: la movilidad sostenible y la seguridad en el espacio público.

En cuanto a la primera, Sílvia Llorente argumenta que hay políticas urbanas que no tienen en cuenta otras formas de movilidad –como por ejemplo la de las mujeres–; una movilidad que varía en función del ciclo de vida y los roles de género en la estructura social. Por eso es imprescindible analizar cuáles son los motivos que originan los desplazamientos, sus características y su espacio temporal. “El transporte público debe responder a la diversidad de necesidades; la ausencia de respuesta repercute sobre el derecho a la ciudad de las mujeres”, expresa Llorente.

En referencia a la seguridad en el espacio público, hasta ahora se ha enmarcado en un modelo patriarcal que se asocia con la criminalidad: si no hay violencia, hay seguridad. La jefa de proyectos de Metropolis Women afirma que se requiere un cambio conceptual, porque se ha constatado que la percepción de la seguridad es una construcción fundamentada en las posiciones que ocupan mujeres y hombres en la estructura de poder y los roles tradicionales respectivos en el espacio público. “Tenemos que leer la ciudad con otros ojos y velar por la seguridad de todas”, reflexiona Llorente.

Para lograrlo, la presidencia de Metropolis Women, junto con ciudades como Seúl, Quito y Bruselas, ha presentado una propuesta a la convocatoria internacional Pilot Project de Metropolis. El objetivo es crear una auditoría de género que guíe a los diferentes gobiernos de las ciudades miembros en la implementación de políticas públicas para combatir la violencia sexual en el espacio urbano.

Un modelo internacional

“En el seno de Metropolis, Barcelona se concibe como una ciudad feminista, pionera y referente en las políticas de género”, declara Sílvia Llorente. La ciudad recibe muchas peticiones de participación en todo tipo de seminarios y congresos. “No vamos solo allí donde el discurso es similar al nuestro, sino también donde podemos abrir rendijas e incorporar la visión de género”, añade.

Barcelona lleva a cabo políticas de cambio, pero aún puede fijarse en otras metrópolis. En términos de carácter técnico, como por ejemplo los presupuestos con visión de género, el referente es Bruselas. En lo que a dinámicas participativas se refiere, la mirada se mueve hasta las ciudades de las dos Américas. De allí destacan el trabajo comunitario de las asociaciones feministas y de mujeres y las políticas de los gobiernos para combatir la violencia sexual en el espacio público, precisamente porque son ciudades con tasas elevadas de inseguridad.

La presidencia de Metropolis Women remarca la necesidad de pensar ciudades que respondan a la diversidad de funciones, usos y actividades sostenibles en un mismo espacio para garantizar, como diría Jane Jacobs, una “danza urbana” constante, en la que una multiplicidad de personas den vida a nuestras calles y las hagan activas y seguras. Y es que, resume Llorente, “la perspectiva de género es el instrumento principal para construir unas metrópolis en las que el derecho a la ciudad sea democrático y, por tanto, es importante que esté presente en el ADN de Metropolis”.

Foto: Arianna Giménez

Paso de peatones en la Meridiana.
Foto: Arianna Giménez

Ocho puntos clave para la movilidad inclusiva

1.Construir un modelo de ciudad cocreada, inclusiva y sostenible en el que se entienda el derecho a la ciudad como un derecho democrático fundamental. En el centro se debe situar el concepto de “cuidado”, es decir, las actividades reproductivas de la sociedad que a menudo se traducen en tareas domésticas y que implican cuidar de los demás.

2.Dotarse de un modelo de gobernabilidad con perspectiva de género, en que las mujeres participen en el diseño e implantación de las políticas de movilidad. Debe ser ser metropolitano, multinivel, intersectorial y coproductivo.

3.Incorporar los usos personales, sociales y familiares a los valores de uso de la ciudad, que han de ser plurales y basarse en las necesidades de la vida cotidiana.

4.Promover una movilidad urbana democrática que sea accesible física, económica y socialmente, para que se adapte a toda la ciudadanía y favorezca la autonomía de las personas.

5.Partir del concepto de ciudad compacta y mixta, que privilegie el uso de un transporte público sostenible basado en la proximidad, la adaptación de horarios y frecuencias y la conexión entre ciudades y áreas peri­urbanas y rurales, y que proteja la salud de la ciudadanía.

6.Reconocer que hombres y mujeres perciben y viven de modo diferente su seguridad, que es un derecho fundamental. Teniendo en cuenta esto, velar por la seguridad física y psicológica general, prestando atención a indicadores que vayan más allá de los conceptos de conflicto, criminalidad o ausencia de seguridad.

7.Utilizar estrategias de interseccionalidad a la hora de formular políticas inclusivas de movilidad urbanas, que deberían incorporar todo tipo de categorías sociales: clase, edad, origen y orientación sexual, diversidad funcional, etc.

8.Favorecer la creación de nuevas maneras de desplazarse respetuosas con el medio ambiente y con la preeminencia del transporte público.

Clàudia Rius i Llorens

Periodista

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