Reconstruir el “yo” colectivo

No basta con querer atender las necesidades sociales de las personas. La acción educadora promueve la capacitación de los individuos, genera vínculos de pertenencia, recrea comunidad.

“La educación no cambia el mundo: cambia a las personas que van a cambiar el mundo”. Paulo Freire.

El lema del Congreso de Ciudades Educadoras –“Una ciudad educadora es una ciudad que incluye”– es revolucionario en un tiempo de fractura social, de desintegración, de aumento de desigualdades, de nuevas formas de exclusión social. Porque en medio del lujo deslumbrante, en las calles son tiempos de crisis. Tiempos de desahucios, paro, desnutrición infantil, pobreza extrema, soledad y aislamiento. Por ello el lema se erige en estandarte de un ideal, de otra manera de entender y vivir la ciudad.

Las ciudades educadoras son integradoras, son escuelas de ciudadanía que garantizan el desarrollo de sus habitantes y la capacidad de reconstruir un “yo” colectivo. Pretenden que el “nosotros” asegure a todo el mundo un lugar y un vínculo de pertenencia. Generan humanidad y combaten la desintegración y la exclusión social con acciones y proyectos que congregan a personas comprometidas con la comunidad y ejercen la conciudadanía haciendo realidad, dia a día, una sociedad más justa y fraternal.

El lema une la inclusión y la educación como dos caras de una misma moneda. No se puede entender la una sin la otra. El concepto de las ciudades educadoras nos recuerda que hay que dejar de pensar y de querer resolver la exclusión y los problemas sociales en términos paternalistas o asistenciales sin tener en cuenta la necesaria dimensión política de la educación. No basta con la respuesta, a menudo urgente y fragmentada, desde la beneficencia. No basta con querer atender las necesidades sociales de las personas. Una acción educadora promueve la participación y la capacitación de los actores, genera vínculos de pertenencia, recrea comunidad.

En el programa del congreso la presentación de experiencias ocupó un espacio y un tiempo destacados. Participación, capacitación, vínculo social y comunidad son dimensiones que aparecieron con fuerza en cinco de estas iniciativas, de carácter integrador, que explicitan la voluntad de promover el compromiso cívico, de trabajar por una sociedad más justa, equitativa e igualitaria, y que se dirigen a los sectores más vulnerables de la ciudadanía; son experiencias surgidas en entornos difíciles para acoger la fragilidad y la vulnerabilidad crecientes. Estas acciones generan nuevas formas de solidaridad y recuperan la centralidad de la persona como sujeto protagonista de su vida. Son acciones, todas ellas, con una clara dimensión política y, por lo tanto, con vocación educadora.

Desde Brasil, la tierra madre de Paulo Freire –el padre de la pedagogía liberadora–, nos llegaron dos experiencias de las que podemos aprender. En la región metropolitana de São Paulo hay dos núcleos urbanos, São Bernardo do Campo y Santo André, que trabajan en diferentes proyectos presididos por la voluntad de transformar la ciudad a partir de una gestión pública diferente. Rigurosos procesos de participación nos hablan de una nueva forma de hacer y de entender la política, de generar democracia y de construir ciudadanía.

Hay que romper con la parálisis

Las primeras palabras que enmarcan el proyecto plurianual participativo de São Bernardo do Campo son bastante reveladoras de lo que se propone: “Gobernar es romper con la parálisis y poner fin a las prácticas de exclusión que enajenan a la mayoría de la sociedad de las decisiones del gobierno, las decisiones que afectan a la vida de todos. Gobernar es abrirse, acogerse. Es saber escuchar, debatir, pensar y hacer juntos”. En Santo André, el proceso de participación llega a los niños y aglutina toda la red de escuelas municipales con la clara voluntad de “hacerlos protagonistas de la historia de su ciudad”. Los chicos y chicas son protagonistas de debates y propuestas sobre la salud, el deporte, la cultura, la vivienda, el turismo, la economía y el conjunto de la vida urbana.

En Buenos Aires, Argentina, la experiencia “Mujeres en el urbanismo cotidiano”, dirigida por la Secretaría de Hábitat e Inclusión Social, promueve un nuevo paradigma de la gestión pública y una nueva manera de ejercer la democracia. Las palabras clave son “participación, diálogo y convivencia” desde la perspectiva de género. Conscientes de que demasiado a menudo las mujeres en situación de desventaja quedan al margen de la vida política, se crean consejos de mujeres en todos los barrios. Se realizan mapeos de la vida cotidiana, encuestas, debates y jornadas de reflexión. Se trabaja para incluir en la planificación urbana la realidad de las mujeres, para escuchar su voz y para capacitarlas y hacerlas partícipes de las políticas y la gestión públicas. Los consejos de mujeres debaten y hacen propuestas sobre el trabajo doméstico, la movilidad y la conectividad, la segregación urbanística, las condiciones de la vivienda, la violencia de género, los servicios y el espacio público.

En la ciudad portuguesa de Almada, la experiencia que se presenta promueve el ejercicio de la ciudadanía activa entre las personas mayores. El Consejo de las Personas Mayores es el motor de un plan de inclusión social mediante el que la administración local, las entidades, las empresas, la universidad y los agentes culturales se coordinan para llevar a cabo una serie de acciones significativas. Algunos ejemplos son la Universidad de Séniors, el apoyo y la ayuda a domicilio, el Flexibus para mejorar la movilidad, el voluntariado para combatir la soledad, las actividades deportivas, los proyectos intergeneracionales y las campañas de calidad de vida. Toda la actividad tiene el objetivo de reforzar la autonomía, la calidad de vida y el ejercicio de la ciudadanía de los mayores y, al mismo tiempo, de fortalecer y recrear el tejido solidario.

En Rennes, Francia, la creación de vínculos sociales entre los estudiantes universitarios y los barrios más populares guía los objetivos de la Asociación de Estudiantes por la Ciudad (AFEV). Bajo el lema de “Vivir juntos”, han iniciado un proyecto que une el derecho a la vivienda de los estudiantes con su voluntad de compromiso social. Se les ofrece alojamiento en viviendas sociales a un precio muy moderado a cambio de su trabajo solidario. El intercambio beneficia a los estudiantes y a los barrios, se trabaja por el derecho a la vivienda de los más jóvenes y, al mismo tiempo, se crean lazos comunitarios entre dos mundos físicamente cercanos pero en verdad muy alejados, como son la universidad y los barrios de atención prioritaria.

En las experiencias presentadas en Barcelona, la ciudad se convierte en agente educador de primer orden: integra en la diversidad, abre oportunidades de futuro, recrea el espacio común. En el centro de la acción encontramos la participación y el derecho de ciudadanía de los diferentes actores sociales. Palabras como empoderamiento, capacitación, implicación, compromiso ciudadano, cohesión comunitaria, vínculos o lazos son las notas que componen la melodía para combatir la exclusión social. Una música de fondo que hace que los mismos beneficiarios de los diferentes proyectos, ya sean jóvenes, mujeres, personas mayores o niños, se conviertan en los protagonistas de la acción. La participación y el compromiso cívico se erigen, pues, en piezas clave para entender lo que son experiencias integradoras, constructoras de ciudadanía.

Para luchar contra la exclusión social se promueve la cohesión, el compromiso, el sentimiento de pertenencia a la colectividad, la interdependencia y el vivir juntos. Los gobiernos locales trabajan codo con codo con las instituciones y las entidades para generar ciudadanos libres, responsables, constructores de futuro y de nuevas respuestas a los problemas sociales. No temen el debate y las tensiones; no niegan los conflictos y se recupera el sentido más noble de la vida política, de la civis. Se unen la acción de iniciativa social y la acción pública para recrear el espacio común, y se da la palabra a los ciudadanos no solo para reivindicar o proponer, sino también para diseñar, planificar y gestionar. Los beneficiarios se convierten en actores y se reducen las distancias que los separan de los centros de decisión. Se reduce la burocracia y se acorta la distancia entre los que están dentro y los que están fuera, para construir el “nosotros” en un espacio común en el que todos tienen cabida.

Anna Jolonch i Anglada

Doctora en Ciencias de la Educación por la Universidad de París 8. Profesora asociada de la Universidad Ramon Llull

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