La crisis potencia un cambio de valores

Si etimológicamente crisis significa “ruptura”, la crítica es el análisis necesario para emitir un juicio, y criterio quiere decir “razonamiento adecuado”. Así pues, la crisis ha provocado una toma de conciencia que se traduce en nuevos valores y propuestas de actuación.

Dani Codina
Imagen de la segunda edición del festival de manualidades Handmade, celebrada en el recinto ferial de Montjuïc el pasado mes de abril, que promueve la filosofía del “hazlo tú mismo”.

Un sábado cualquiera quizás te despierta el silbato del afilador cuando pasa bajo tu ventana. O tal vez, si es más tarde, los golpes metálicos del butanero contra la bombona. Son los mismos sonidos que oían tus padres y tus abuelos.

Te preparas un té: lo compraste por internet a una empresa del Ampurdán que ofrece productos innovadores, de proximidad y saludables; infusiones de gran calidad con un valor medioambiental bajo la marca registrada Tegust, según se indica en su sitio web. Cada vez que las compras contribuyes a ampliar sus áreas de cultivo, favoreces el trabajo rural y participas en una gestión sostenible; además, una entidad del tercer sector se encarga del empaquetado de las bolsitas de infusión, de manera que también cumples una labor social. Sus creadores han elaborado fórmulas para conseguir sabores exclusivos y bien catalanes, como las infusiones de ratafía o Aromas de Montserrat sin alcohol.

Bajas al mercado. Es más caro que el súper, pero te gusta el ambiente, la sensación de vida, y en ningún otro lugar has encontrado un pescado tan bueno, excepto en la pescadería del barrio, pero ahora no te coge de paso. Los lácteos que consumes son de La Fageda, una cooperativa que, entre otras cosas, hace maridajes con mermeladas y está entre las veinticinco empresas con mejor reputación digital. Después vas a comprar unos bistecs a Casa Ametller, que pasó del mercado semanal de Vilafranca del Penedès a abrir catorce tiendas en Barcelona, y se ha convertido, como los mismos propietarios la definen, en “tu masía del siglo xxi”. Una masía urbana o para urbanitas. Su objetivo es ofrecer una alimentación sana y equilibrada recuperando las esencias originales. Sus productos frescos están recolectados directamente del campo, y con el lema “Hemos cerrado el círculo, producimos para ti”, definen una filosofía que tiene como valores la honestidad y el compromiso con los clientes, los trabajadores, los proveedores y el entorno.

Dani Codina
El Hortet del Forat, un espacio reivindicado por los vecinos del barrio de la Ribera desde 2005, que forma parte del Casal de Barri Pou de la Figuera.

Sentirse buena persona

Cargas la compra en una cesta de mimbre porque las bolsas de plástico han convertido los océanos en un inmenso vertedero, y el otro día viste la noticia de una ballena muerta a la que le encontraron veinticinco kilos de plástico en las entrañas. Te gusta saber que ayudas a salvar el medio ambiente; es sencillo hacer una buena acción, basta con los pequeños gestos, te sientes buena persona. Vas a tomarte un vermú. Esas bodegas auténticas que huelen a madera, y que hasta hace unos años solo frecuentaban los parroquianos con un palillo en la boca, se han puesto de moda. Están siempre repletas de jóvenes que bordean los cuarenta años. Inspirado en este modelo de aperitivo, anchoas, conservas y cerveza bien tirada, se creó Morro Fi, con un estilo más moderno, y que ya cuenta con tres bares, un espacio en L’Illa Diagonal y vende sus productos a sitios como la librería La Central. Sí, se debe reconocer que hay una parte de postureo en lo del vermú. Pero, en todo caso, reivindica la tradición, recupera las costumbres de toda la vida. Costumbres que forman parte de la propia identidad.

Entonces, mientras pides unos mejillones y llegan tus amigos, algunos con los cochecitos donde ríen sus hijos, te planteas esto: ¿hay una intención ciudadana de rehabilitar la Barcelona auténtica frente a esa otra que parece un escaparate para turistas, que siempre se está poniendo guapa y se considera la mejor tienda del mundo?

Cambio de valores

La sociedad cambia de forma permanente. En tiempos de bonanza y gin-tonics, cuando la mayoría está cómoda, lo hace poco a poco, mediante una transformación apenas perceptible. Entonces la idea de éxito va ligada a la adquisición económica: gana quien más tiene, y cada cual vive pendiente de su ombligo, no se fija en lo que gasta ni en qué lo gasta, y tiene manga ancha porque considera que se merece un capricho de vez en cuando. Así se mantiene el sistema.

Una crisis es una separación, una ruptura. Cuando la situación que se vive deja de ser confortable, hay que escapar de ella cuanto antes mejor. Después de una primera fase de desconcierto, que puede provocar ansiedad ante un futuro desconocido, empieza otra resolutiva. De repente todo va muy deprisa, y la percepción de que esta evolución es posible genera un optimismo constructivo que la acelera todavía más. Los cambios se hacen visibles.

La última crisis económica, vinculada a los casos de corrupción, los recortes en las políticas sociales, educativas y los derechos individuales, los desahucios de familias desfavorecidas, la criminalización de los manifestantes y la elevada tasa de paro –la injusticia, en definitiva– han hecho que la sociedad pierda la confianza en las instituciones y se aleje de ellas. Nada quieren saber de los dirigentes que, en vez de gestionar el país, parece que miren por sus intereses, manden y punto.  Se desarrolla una nueva sensibilidad que quiere cambiar el sistema desde las personas y pretende recuperar la ciudad para sus vecinos. Así, se crean nuevas redes de apoyo y de protesta.

En un informe que Labrand, una consultora de estrategias de marca especializada en el estudio de los comportamientos sociales, ha elaborado para el Ayuntamiento de Barcelona, se apunta que una de las consecuencias de este cambio de valores es que la gente ha empezado a salir a la calle para reivindicar los espacios públicos como espacios comunitarios. La autogestión, la objeción ante las situaciones que no gustan, una forma diferente de consumir y las nuevas opciones de financiación consolidan una ciudadanía más activa e implicada, absolutamente emancipada, y que ha dejado de ser crédula. Ha perdido la inocencia.

Dani Codina
Gra de Gràcia, tienda de productos alimenticios a granel.

De la indignación a la reflexión

La indignación de la primera etapa de la crisis se ha convertido en reflexión. De hecho, si etimológicamente crisis significa “ruptura”, la crítica es el análisis necesario para emitir un juicio, y criterio quiere decir “razonamiento adecuado”. Así pues, la crisis ha provocado una concienciación que se traduce en varios aspectos.

Aunque se mantienen valores universales como la amistad o la familia, ganan fuerza otros que hasta ahora no solían destacarse como estrategia de mercadotecnia porque ya se daban por supuestos y no era necesario, o no tenían el significado que tienen en estos momentos. Ahora estos valores necesitan ser reclamados y son, al mismo tiempo, un reclamo. Fijémonos en algunos conceptos que utilizan las jóvenes empresas alimentarias que apuntábamos al principio: honestidad, orígenes, tradición, sostenibilidad, proximidad, salud, compromiso, solidaridad, ecología.

Se ha establecido una relación más directa entre las empresas y el consumidor, que ya no tan solo compra, sino que tiene la impresión de que interactúa con su entorno de manera responsable. La comida de la propia tierra, la ropa reciclada en festivales como el Handmade o los talleres de customización, la artesanía con la que se elaboran cervezas y caramelos, el orgullo de barrio, las cooperativas y el asociacionismo se están convirtiendo en la denominación de origen de la ciudad.

Esta autogestión podría recordarnos al funcionamiento de los pueblos medievales, donde cada uno elaboraba su producto y se lo vendía a sus vecinos. Se creaba un mundo que vivía al margen del señor feudal a quien, eso sí, había que pagarle diezmos y peajes. “La gran diferencia es que ahora hemos adquirido la conciencia de que, uno a uno, se construye un todo activo, de modo que cada individuo, en comunidad, es capaz de cambiar las cosas”, apunta Sergio Prieto, experto en estrategia de marcas y miembro del equipo de Labrand.

La empresa trabaja a partir de la observación de unas formas de expresión incipientes y al principio minoritarias que, poco después, son adoptadas por el gran público. Así, desde el análisis de lo micro, se puede deducir como se verá afectado lo macro.

Dani Codina
Librería de la cooperativa cultural Rocaguinarda, en el barrio del Guinardó, que promueve actividades culturales más allá de la venta de libros.

Cooperar, crear y recrear

Según su último estudio sobre los cambios de comportamiento, hemos pasado del factor humano que el año pasado caracterizaba la reacción de la sociedad ante la sacudida económica a un nuevo estadio que, además de cooperativo, es creativo y recreativo. Consignas como “Nosotros decidimos”, “Sí se puede” o “La calle es de todos” son la muestra de esta voluntad participativa que, ahora y cada vez más, se expresa de formas originales mediante una actitud positiva.

Por ejemplo, si el Ayuntamiento no invierte en Nou Barris y se niega a poner arena en el Prospe Beach, que lleva veinte años celebrando actividades vecinales y torneos de vóley-playa en la Prosperitat, no hay problema: las asociaciones se lo toman con humor, se inventan el Prospe Ciment, crean el blog Nou Barris cabrejada y montan una playa en la plaza de Sant Jaume con pelotas y pancartas para protestar. Aportan con buen ánimo su granito de arena.

El Hortet del Forat se creó en el 2005 en el llamado Forat de la Vergonya [agujero de la vergüenza], en el barrio de la Ribera. Cuando los vecinos se enteraron de que el plan urbanístico de 1999 pretendía convertir en un aparcamiento un solar calificado como zona verde, se movilizaron, y en diciembre de 2001 plantaron allí simbólicamente un árbol de Navidad. Poco a poco añadieron nuevas plantaciones hasta convertir aquel descampado en un espacio común de ocio y descanso. En 2008 consiguieron una subvención municipal para mantenerlo.

Llúcia Ramis

Periodista

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