Nuestro barrio: para ti, para todos

La autenticidad va ligada a la tradición. Barcelona, que tenía que convertirse en la capital del diseño, ahora rinde homenaje a la profundidad de las raíces y las cosas de toda la vida. Al mismo tiempo, hay ganas de hacer una Barcelona para todos, y se extienden las iniciativas solidarias, de crítica y de denuncia social.

Paralelamente a la sensación de que desde la ciudadanía se pueden alcanzar metas en otros tiempos impensables, va creciendo el sentimiento de pertenencia a los barrios. En los balcones de la Barceloneta ondean banderas conmemorativas de su nacimiento para reivindicarse ante la mala imagen que los últimos veranos les ha dado el turismo de borrachera. Han pasado de la queja al orgullo compartido.

Rutas para conocer Sant Andreu, las caras de los vecinos del Poblenou convertidas en grafitis en las puertas metálicas de sus establecimientos, “El rastre de l’aigua” de Horta-Guinardó, el Mapa Verde de Sarrià, las rutas de tapas, las camisetas y tiendas que incluyen la marca Gràcia o L’Eixample, el micromecenazgo para salvar locales históricos como salas de cine o teatro; todo ello invita a los vecinos a formar parte de un proyecto de ciudad. La ciudad que ellos quieren.

Para dotarla de una identidad, hay que desenterrar su memoria. En su pasado radica la singularidad de cada espacio. La defensa de los edificios emblemáticos o las fotos de una Barcelona desaparecida pretenden reconstruirla desde sus cimientos históricos. Su legado romano cobra protagonismo, así como también la época bohemia en que la burguesía y los bajos fondos del Xino se mezclaban en el Paral·lel, a principios del siglo xx. En Verkami, el proyecto para editar el libro Un barri fet a cops de cooperació. El cooperativisme obrer a Poblenou ya ha recaudado casi 1.500 euros. Este es el segundo volumen de la colección Memòria Cooperativa de la Ciutat Invisible, iniciado con Les cooperatives obreres de Sants.

El bar Núria, en Canaletes, o el Niza, en la Sagrada Família, se encuentran en proceso de rehabilitación. Los vecinos de Badal han conseguido que su ayuntamiento se comprometa a recuperar el refugio antiaéreo. Las Cases Barates del Bon Pastor o los seis mil años de historia del Raval, donde en el Neolítico ya vivían ganaderos y campesinos incipientes, son la base desde la cual se estructura la ciudad.

También hay interés en descubrir las Barcelonas más ocultas o curiosas: el Taller de Historia de Gràcia, por ejemplo, programó un recorrido nocturno para conocer la crónica negra del distrito. Manel Gausa ha publicado Somorrostro, crónica visual de un barrio olvidado. Paseos por sus cementerios o a la luz de la luna, una carrera deportiva en el subsuelo, una ruta científica, rutas en sidecar, los puntos más smart del Born a través de una aplicación del móvil, o el pescaturismo, son otras propuestas que nos muestran la ciudad como nunca la habíamos visto.

La autenticidad va ligada a la tradición. Esta que tenía que convertirse en la capital del diseño –pura estética– ahora rinde homenaje a la profundidad de las raíces y las cosas de toda la vida, como la petanca, los quintos, el desayuno de tenedor, las albóndigas, la absenta o la leche de yegua.

Consumo y solidaridad

Quizás eres de los que se cortan el pelo en las barberías de navaja. Quizás también eres cliente de la clínica Les 1001 Dents, porque te da la satisfacción de que un 13% de lo que pagas por consulta está destinado a financiar la atención sanitaria a personas sin recursos. El precio es el mismo que en cualquier otro dentista, las pocas ganas de ir, también, pero saber que has contribuido a una buena causa hace que tu sonrisa impecable sea más sincera y más amplia.

No nos engañemos. La realidad todavía es dura, pero la solidaridad ha pasado a tener una cara más festiva, como tu sonrisa de dentista solidario. “Si quieres cambiar el mundo, empieza por ti mismo”, decía Mahatma Gandhi. Los barceloneses ya no se adaptan a la ciudad, ni se resignan, sino que aprenden a gestionarla. Y al hacerla suya, al ver que pueden transformarla, el entusiasmo se contagia, y los unos intentan ayudar a los otros.

De hecho, hay diversas iniciativas para que conozcas mejor a la gente que te rodea. SOS Racismo puso en marcha las “Comidas con la familia de al lado”, para que vecinos de orígenes culturales distintos compartan mesa. Así se rompen desconfianzas mientras hablan del independentismo, de fútbol y de la receta de lo que están comiendo. En Barcelona viven personas de más de ciento cincuenta nacionalidades diferentes, y las tiendas incorporan productos étnicos adaptados a la nueva demanda; crece la variedad de compradores y también la de propietarios de los establecimientos.

En Sant Adrià de Besòs, en el tramo de la C-31 que pasa por la ciudad, hay una muestra fotográfica de sus vecinos que deja patente esta diversidad. La Mesa Joven del Raval, junto con entidades que luchan contra la exclusión social, pusieron en marcha una liga de valores entre equipos de fútbol para potenciar el trabajo en equipo, la tolerancia, el respeto y la resolución de conflictos entre los adolescentes.

La Fundación Arrels incorpora en su equipo directivo a dos personas que conocen la indigencia de primera mano. El restaurante Terrasseta, en Gràcia, combina su oferta de comida casera con un comedor social. Una ciudad sin barreras arquitectónicas, con préstamo de lectura a domicilio para las personas con problemas de vista, y que lleva medicinas a casa de esas otras con dificultades para moverse mediante el Whats-App; esta es la tendencia para que nadie sea invisible.

Ciutat Meridiana se conoce como Villa Desahucio. Es el barrio más pobre de Barcelona y el que concentra mayor número de ejecuciones hipotecarias en todo el estado. Su asociación de vecinos es la principal impulsora de las movilizaciones para evitar los desahucios de la zona, junto con la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. En las asambleas, en las que participan los perjudicados, se suele incidir en la palabra fraternidad.

La hermandad es un valor positivo. Como también lo son las “recetas de felicidad laboral” que ha elaborado la Fundación IBO, la Liga de Optimistas Pragmáticos o la red social solidaria Barcelona Actua. Se ha creado una responsabilidad social universitaria, y las entidades destinadas a atender a las personas que viven en la calle han impulsado Hatento, un observatorio de los delitos de odio contra los sintecho.

Hay ganas de contribuir a hacer una Barcelona para todos, y hacerla de buen rollo. Documentales de denuncia como Ciutat morta o Bye Bye Barcelona han abierto los ojos a los vecinos y les han puesto las pilas. Después de ejercer su derecho a la protesta, con más o menos fortuna, han pasado a actuar con alegría. Tal vez hay un punto naíf en esta actitud, pero el sistema funciona porque es atractivo y amable; no asusta a los más prudentes, que también quieren implicarse. Todos se sienten afectados y, por lo tanto, también integrados. Poco a poco va dando sus frutos.

Llúcia Ramis

Periodista

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