Ciudad y democracia: inteligencia y experimentación colectiva

La ciencia ciudadana puede ser una manera de proceder más democrática, más transparente y claramente alineada con la visión que algunos tienen en materia de innovación social bajo la denominación de laboratorio ciudadano.

© Eva Vázquez

“Al operar sin un líder, las abejas exploradoras de un enjambre evitan hábilmente una de las mayores amenazas para una buena toma de decisiones en un grupo: un líder dominante. La existencia de este individuo reduce la capacidad colectiva para descubrir un conjunto diverso de posibles soluciones a un problema, para evaluar críticamente estas posibilidades y para descartarlas todas excepto la mejor.” Thomas D. Seeley, Honeybee Democracy (2010)

Las abejas han desarrollado un sentimiento colectivo que quizás no es directamente trasladable al comportamiento de los humanos. Muchos expertos han discutido sobre este tema. Pese a ello, lo que es del todo indiscutible es que podemos aprender mucho del comportamiento de una colonia a la hora de reflexionar sobre el futuro de las ciudades, sobre la toma de decisiones en estas ciudades y, finalmente, sobre lo que puede implicar vivir en una ciudad como Barcelona.

La historia que les quiero explicar empieza a principios del 2012. Pasa en nuestra ciudad. Está cargada de particularidades y hechos concretos, pero la ambición que esconde destila una democracia propia de las abejas de la miel. Instigados por la Dirección de Creatividad e Innovación del Ayuntamiento de Barcelona y brainstormings incontables, nos decidimos a explorar y poner en marcha prácticas de ciencia ciudadana. En aquel momento poca gente sabía qué significaba este dúo de palabras que, sorprendentemente, se relacionan muy poco entre ellas: ciencia y ciudadanía.

A escala internacional, el concepto “ciencia ciudadana” apenas empezaba a consolidarse gracias al eco del éxito de proyectos de investigación sobre astronomía o biología molecular que introducían prácticas de participación ciudadana, y cuyos resultados se publicaron en las revistas científicas más prestigiosas, Nature y Science. Uno de los artículos que revisaban el fenómeno definía la ciencia ciudadana de forma contundente y clara: “people power”. La ciencia ciudadana introduce al ciudadano en los procesos propios de una investigación, lo capacita para intervenir con diversos grados de intensidad y, en los casos más extremos, le cede las riendas para poder gobernar la investigación.

Esta manera de hacer transforma el concepto de investigación de la universidad y los centros de investigación. Bebe de la innovación social, de makers, de hackers y de otras comunidades no regladas de carácter tecnológico afines a los mundos open y CreativeCommons. Pero la ciencia ciudadana también tergiversa el do-it-yourself de la tecnología y potencia el do-it-together a la hora de generar un conocimiento para todo el mundo y con todo el mundo. Rompe la falsa frontera entre ciencia aplicada y ciencia básica cuando se acerca simultáneamente a la curiosidad ciudadana y a la obtención de un conocimiento de uso inmediato. Destroza la cadena de montaje de la producción científica donde el ciudadano o la sociedad son simplemente destinatarios de un conocimiento o de una tecnología. El cambio resitúa al individuo y su amateurismo inmanente en la sala de máquinas de la ciencia.

Gracias al evento BarcelonaTheLab de noviembre de 2012, organizado por la Dirección de Creatividad e Innovación, se empezó a construir una primera comunidad de científicos interesados en sacar adelante proyectos de ciencia ciudadana. A partir de enero del 2013 empezaron a trabajar juntos 7 grupos de investigación provenientes de 5 instituciones diferentes1, que reunían a un total de 23 investigadores de áreas de conocimiento muy diversas, y que desarrollaban un total de 9 proyectos. En 2013 se construyó un protocolo de actuación común a través de un decálogo de buenas prácticas. El grupo inicial ha recibido recientemente una ayuda dentro del prestigioso programa RecerCaixa, que permitirá trabajar hasta el 2016 sobre una infraestructura común y sobre las posibilidades que ofrece la ciencia ciudadana con respecto a renovar la educación en ciencia y tecnología en entornos informales.

Visto en perspectiva, es fantástico comprobar cómo a partir de una idea abstracta de unos pocos científicos se consigue capturar el interés de muchos más. El 11 de junio de 2014, dentro del programa del Festival de Ciencia, Tecnología e Innovación, se celebró el primer Barcelona Citizen Science Day, que reunió a más de 90 participantes y 28 ponentes, y en el que se presentaron 22 proyectos. Durante el mismo festival se propusieron seis experimentos que ya tienen una solidez envidiable: MARduino, Abejas Urbanas, Observadores del Mar, AtrapaelTigre.com, Bee-Path: Experimentos de Movilidad Humana y Mr. Banks.

© Albert Armengol
Aspectos del proyecto artisticotecnológico “Big Bang Data”, visitable en el CCCB hasta finales de noviembre de 2014, que explora el fenómeno de la explosión de datos como marco del pensamiento cultural y político del mundo actual. La imágen recoge una instalacion artística que interactúa con los asistentes a través de sensores.

La gobernanza y la gestión de una ciudad deberían tener un papel primordial en las prácticas de ciencia ciudadana. El interés, además, debería ser recíproco. La Administración local es capaz de facilitar y potenciar como nadie una intermediación con el ciudadano, pero, paradójicamente, no hay ciudad en el mundo que tenga un compromiso explícito con las prácticas de ciencia ciudadana. Se puede mencionar un caso incompleto como el de Nueva York2, pero no hay una estructura capaz de reelaborar el concepto de smart city desde un ayuntamiento a través de las prácticas de ciencia ciudadana. Esta puede incorporar a la ciudadanía en tareas de corresponsabilidad social o socioambiental y hacerlo con una capacidad transformadora que solo el conocimiento permite, y no los datos sin procesar. Recuperando la cita sobre la curiosa democracia de las abejas, la ciencia ciudadana puede ser una manera de proceder más democrática, más transparente y claramente alineada con la visión que algunos tienen en materia de innovación social bajo la denominación de laboratorio ciudadano3.

El Ayuntamiento de Barcelona, a través de la Dirección de Creatividad e Innovación, está construyendo la plataforma BarcelonaLab. El BarcelonaLab ayuda a aumentar la visibilidad de los proyectos y ha facilitado escaparates para los proyectos de ciencia ciudadana en infraestructuras culturales como la Red de Bibliotecas, el Festival DAU Barcelona, el Festival de Ciencia, Tecnología e Innovación, el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), el Museo de Ciencias Naturales o, más recientemente y tímidamente, el Festival Grec. El BarcelonaLab ya está imaginando una Oficina de Ciencia Ciudadana que articule la relación con la ciudadanía y con los investigadores. Esta oficina, la primera reconocida en el estado desde la creación de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), debería saber aprovechar los resultados para impulsar un mejor diseño de la ciudad o nuevas políticas ciudadanas.

Mientras tanto hemos ensayado cómo podría funcionar la relación con el Ayuntamiento en tres proyectos muy concretos. El Festival de Juegos de Mesa DAU Barcelona ya ha acogido durante dos años experimentos sobre comportamiento humano. Los resultados de 2012 se han publicado en Nature Communications en julio de 2014. El experimento de 2013 se transformó en Mr. Banks, el juego de bolsa que permitió realizar el seguimiento de veinte mil decisiones, y que se espera que tenga un impacto científico similar. En 2012 iniciamos experimentos de movilidad, Bee-Path, en el marco del Parc de la Ciutadella y de la Fiesta de la Ciencia de entonces. Ya hemos sido capaces de extraer un modelo de movilidad y patrones de comportamiento de los peatones, que se han presentado en varios congresos y han servido también para entender la movilidad de los visitantes de la exposición “Big Bang Data”, del CCCB. Y, finalmente, en junio de 2014 instalamos, en colaboración con el Museo de Ciencias Naturales, la primera colmena de abejas monitorizada de la ciudad en el Castell dels Tres Dragons de la Ciutadella. El experimento científico quiere aportar su granito de arena a la normalización de la apicultura urbana. Las abejas dictaminarán a través de su comportamiento el grado de salubridad de la ciudad. Y si sabemos cuidarlas, también aprenderemos a cuidarnos.

Es cierto que hay mucho camino por delante, pero esto debería estimularnos. Nos queda intacta la ambición de transformar la ciudad en que vivimos a través del conocimiento. Parafraseando a Seeley, evaluaremos críticamente el conjuntol de posibilidades y entre todos seremos capaces de descartar todas excepto la mejor. Un ejercicio de democracia en estado puro. Es así como la ciencia ciudadana, en su sentido más radical, cede el poder a la ciudadanía.

Referencias

1 – OpenSystems (UB). Art and participacion for Science; PhysComp2 (UB). Physics and Computation of Complex Systems; Grupo Freshwater Ecology and Management (UB); Observadores del Mar. Instituto de Ciencias del Mar (CSIC); ICREA-Laboratorio de Ecología del Movimiento (CEAB-CSIC y CREAF); Punto de Información Aerobiológica (PIA, UAB); SciVolunteers.

2 – Véase la experiencia del Center for Urban Science+Progress de la Universidad de Nueva York: http://cusp.nyu.edu.

3 – En Iberoamérica está presente la iniciativa Ciudadania 2.0.: http://www.ciudadania20.org.

Josep Perelló

OpenSystems Research Group. Universidad de Barcelona

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