Una historia de la autorrepresentación de Barcelona

La fotografía como lenguaje de representación no se puede desligar de la iconografía de una ciudad: ni la imagen que se proyecta al exterior ni la que la opinión pública se va construyendo de su propia ciudad a través del discurso de los medios. La exposición Barcelona. La metrópolis en la era de la fotografía constituye una historia de la autorrepresentación de la ciudad.

Foto: Joan Guerrero.
Santa Coloma en 1970: una imagen expresiva del urbanismo desarrollado bajo el franquismo en el área metropolitana barcelonesa. La fotografía, de Joan Guerrero, abre el catálogo de la muestra sobre la imagen de la ciudad entre 1860 y 2004 producida por La Virreina Centre de la Imatge del Instituto de Cultura.

La fotografía como lenguaje de representación no se puede desligar de la iconografía de una ciudad: ni la imagen que se proyecta al exterior ni la que la opinión pública se va construyendo de su propia ciudad a través del discurso de los medios. Barcelona. La metrópolis en la era de la fotografía, 1860-2004 es el título de la exposición que, producida por el Instituto de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona y organizada por Jorge Ribalta en calidad de comisario, repasa en La Virreina Centre de la Imatge –con el complemento de un libro-catálogo– 144 años de imágenes producidas en y por Barcelona. Este trabajo pone en diálogo la imagen oficial de la ciudad –desde que Ramon Alabern inmortalizara el Pla del Palau con la llegada del daguerrotipo–, con las de presentación al extranjero y las de denuncia ejercida por los miembros del Grup d’Arquitectes i Tècnics Catalans per al Progrés de l’Arquitectura Contemporània (GATCPAC), los movimientos vecinales y los fotoperiodistas.

A través de diecisiete ámbitos se explican los seis grandes momentos de producción iconográfica de Barcelona: la aprobación del plan Cerdà y la Exposición Universal (1860-1888); el surgimiento de la prensa gráfica, la abertura de la Via Laietana y la reforma de Montjuïc y la eclosión de las retóricas del modernismo arquitectónico y artístico (1888-1929); los años treinta y la Guerra Civil (1930-1939); la hegemonía del paradigma humanista y el nuevo fotoperiodismo de la Transición (1940-1970); el nacimiento del nuevo estilo documental topográfico en relación con la recuperación de la ciudad y el auge del movimiento vecinal (1970-1992), y, por último, las nuevas luchas sociales en que la imagen adquiere una nueva centralidad, tanto en la gestión municipal como en el conflicto social (1992-2004), con la llegada del marketing municipal y la respuesta ciudadana a procesos como la reforma interior del Raval.

Como por sedimentos, la exposición va dilucidando la iconografía barcelonesa que nos rodea hoy, tanto al viandante del 2016 como al turista.

Los encargos institucionales conformaron los trazos de la primera imagen gráfica de la Barcelona oficial. “Recuerdo de la visita de SS.MM. y AA. a la ciudad de Barcelona”, reza el pie de un gran álbum abierto que fue un obsequio para Isabel II, en su primera visita a la ciudad. Luego vendría la electricidad y la Exposición Universal de 1888 y, con ellas, una nueva inyección de iconos urbanos para la exportación de “la París del sur” a la cual aspiraba Puig i Cadafalch, y cuyo exponente más nombrado es Colón. Al comienzo de la muestra y del libro, se pueden ver los andamios que rodeaban la escultura en 1887.

Más tarde llegaría el boom de los medios de masas que hizo entrar aquella iconografía urbana hasta los comedores de las viviendas barcelonesas. Apareció la revista pionera La Il·lustració Catalana, que se convirtió en el principal espacio de difusión del fotoperiodismo emergente catalán y, entre 1908 y 1939, desarrolló su tarea la Sociedad de Atracción de Forasteros, generando una iconografía de la Barcelona que pretendía ser parte del circuito de viajeros del momento.

Foto: Pérez de Rozas / AFB.
Altar construído en la plaza de Pius XII, en la Diagonal, con motivo del Congreso Eucarístico de 1952.

En los años treinta la fotografía documental social vivió una eclosión internacional y, en el ámbito dedicado a la Guerra Civil, el visitante de la exposición podía encontrar su primer testimonio audiovisual: un reportaje sobre el movimiento revolucionario de 1936. En la segunda mitad del siglo xx, el yugo propagandístico de la dictadura llevó a la celebración del XXXV Congreso Eucarístico, que buscó representar iconográficamente Barcelona como una ciudad de un régimen católico y anticomunista.

Foto: Jordi Secall i Pons.
Protesta contra el Fórum de les Culturas, en 2004, de la serie Barcelona sobre Barcelona, de Jordi Secall. Imagen incluída en la exposición de La Virreina.

Hasta que llegó la Transición, cuando los movimientos vecinales hallaron un espacio discursivo relevante en las revistas de barrio, la “prensa pobre”, según la denominación de Maria Favà. En los setenta se publicaban hasta una cincuentena de cabeceras. Y así hasta el año 2004, con la polémica operación urbanística del Fórum de las Culturas.

Barcelona. La metrópolis en la era de la fotografía remueve las entrañas de una iconografía a veces invisible para quien camina mirándose los pies, pero muy presente en el imaginario de la Barcelona real y también de la virtual con “la expansión masiva de las tecnologías digitales, internet, la telefonía móvil y las redes sociales”, tal como indica el texto de la exposición, en calidad de nuevos productores (y reproductores) de iconografía.

Catalina Gayà i Laia Seró

Periodistas del colectivo SomAtents

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