Cuando el patriciado descubrió Collserola

L’avinguda secreta. Un llegat

històric al peu del Tibidabo

[La avenida secreta. Un legado histórico a los pies del Tibidabo]

Autoras: Glòria Soler y Eugènia Vidal

Ayuntamiento de Barcelona

Barcelona, 2014

155 páginas

El mar Mediterráneo y la montaña de Montjuïc forman parte del imaginario colectivo de los barceloneses desde hace centurias, pero la sierra de Collserola, con la majestuosa cumbre del Tibidabo en primer lugar, no fue tan emblemática hasta el último tercio del siglo xix, cuando el Plan Cerdà y la alta burguesía acercaron la ciudad a sus límites naturales y convirtieron el barrio de Sant Gervasi en el principal camino hacia la montaña.

Este libro es un recorrido por la avenida del Tibidabo, que conecta la calle de Balmes con Collserola. Las antiguas villas residenciales de los personajes más poderosos de Barcelona que flanquean la avenida han pasado a ser hoy casas de gran valor arquitectónico que aguantan solemnemente la modernidad en medio de una ciudad cosmopolita. Glòria Soler y Eugènia Vidal presentan un mosaico de amplias ilustraciones, investigaciones documentales e historias cotidianas que nos trasladan a una época y a una Barcelona desaparecidas.

Durante la primera parte de la obra, las autoras aprovechan para localizar y situar el barrio de Sant Gervasi en el particular contexto histórico en el que algunos promotores pertenecientes a la ostentosa burguesía de la época se dedicaron a urbanizar los contornos de la ciudad, con el trasfondo del Plan Cerdà. El municipio de Sant Gervasi, que en aquel momento consistía en una serie de viñas y ermitas en un entorno bucólico, fue escogido por las grandes fortunas para colocar sus características segundas residencias, y se convirtió en poco tiempo en una plataforma hacia la redescubierta sierra de Collserola.

No fue un proceso fácil. A las polémicas iniciales sobre el modelo urbanístico que debía desarrollar la ciudad se sumaron las dificultades que tuvo el empresario Salvador Andreu para promover entre la clase patricia de Barcelona la compra de unos terrenos entonces incomunicados y mitigar las controversias sobre cómo se debía explotar un terreno natural que hasta aquel momento no se había urbanizado. El libro repasa los planos y las crónicas periodísticas que acompañaron la evolución de las obras, y cómo sus protagonistas políticos o civiles acabaron haciendo de la urbanización de una avenida todo un símbolo de la metamorfosis que experimentó no solo la ciudad, sino también la mentalidad barcelonesa de principios del siglo xx.

Muy pronto la avenida del Tibidabo se convertiría en uno de los epicentros de la actividad lúdica, festiva y cultural de la burguesía catalana. El legendario Hotel Metròpoli, del que podemos ver varias fotografías de la época, era quizás el símbolo de toda aquella vida, pero no el único punto de referencia. Distintos promotores llevaron a la avenida carreras de automóviles, salas de conciertos y academias musicales, que reflejaban el espíritu de emprendeduría artística y deportiva de aquellas primeras décadas del siglo. Por otra parte, el mantenimiento del asilo de ciegos Empar de Santa Llúcia era una de las principales actividades sociales llevadas a cabo por una junta de “damas beneméritas”. Son solo algunas de las muchas vicisitudes que encontraremos en esta obra imprescindible para los amantes de la ciudad y la historia de una época a menudo olvidada.

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