Carles Fontserè, cartelista, fotógrafo y curioso universal

Foto: Pere Virgili.
Fontserè en su casa de Porqueres, en 2003, junto a su cartel más conocido, Llibertat!, que realizó en 1936 para la CNT-FAI.

En el centenario de su nacimiento, recordamos a Carles Fontserè por los carteles que realizó durante la Guerra Civil, pero también queremos destacar su dedicación a la escenografía, la fotografía, la escritura…, a la vida: los múltiples intereses de un artista, todo un personaje, que se definía a sí mismo como un gran curioso.

La producción de carteles durante la Guerra Civil española fue una tarea colosal. Solo en las tres grandes ciudades del lado republicano, Barcelona, Valencia y Madrid, se llegaron a dibujar, imprimir y distribuir unos 1.750 carteles durante mil días de conflicto bélico. Los autores de todo este carrusel de imágenes impactantes suman más de trescientos nombres identificados, sin contar los numerosos carteles sin autoría conocida. De todos ellos, prácticamente la mitad trabajaron en un momento u otro en Barcelona (una cifra que incluye a los que, acompañando al Gobierno central, pasaron de Madrid a Valencia y, de allí, a la capital catalana). Con estas cifras en la mano, no es fácil afirmar quién debía de ser “el” cartelista más importante de la República. Pero, en los últimos cuarenta años, el estudio y difusión de la producción de carteles de la Guerra Civil ha hecho que unos cuantos nombres se hayan ido destacando por encima del conjunto, debido a la calidad o el impacto de sus creaciones y también por otros factores que los han convertido en protagonistas: Josep Renau, Mauricio Amster, J. J. Parrilla, Manuel Monleón, José Bardasano… O Lorenzo Goñi, Helios Gómez y Martí Bas. Evidentemente, en un lugar destacado, se encuentra nuestro protagonista de hoy, Carles Fontserè.

La figura pública de Fontserè se hizo popular durante la Transición como una de las caras más visibles del fenómeno del cartelismo de guerra, que entonces empezó a vindicarse y valorarse. Su aspecto de profeta, campesino o revolucionario reforzaba el aura del superviviente que aún podía relatar de primera mano uno de los episodios artísticos más intensos de la Cataluña del siglo xx. En efecto, cuando estalló la guerra, Fontserè tenía apenas veinte años y era, por lo tanto, uno de los más jóvenes del grupo entusiasta que llenaba plazas y calles con mensajes coloristas y comprometidos. Su larga vida, hasta los noventa años, le permitió, tras retornar del exilio en 1973, reconstruir la historia de aquel momento que él había vivido como protagonista.

Recordamos también su firmeza en la reivindicación de los documentos que se encontraban en el archivo de Salamanca, reivindicación que quiso encabezar como afectado directo. Quizás no es tan conocida su generosidad hacia todos quienes se le acercaban en busca de noticias sobre aquel período tan intenso. Puedo hablar por mi experiencia personal y recordar mi visita, hace más de veinte años, a su casa de Porqueres, junto al lago de Banyoles. Sin apenas saber nada de mí, me recibió y accedió a responder a mis preguntas; también me facilitó los contactos de los pocos cartelistas supervivientes, que intenté aprovechar como pude… Era todo un personaje a quien se recuerda con afecto.

Foto: AFB.
Uno de sus trabajos de propaganda política durante la Guerra Civil, para la UGT, Treballa per als que lluiten (Trabaja para los que luchan) que fue uno de los tres primeros carteles de la guerra.

No obstante, la vida de este barcelonés ilustre va mucho más allá de su quincena larga de carteles de la Guerra Civil, aunque haya sido el autor de algunos de los iconos de aquel momento, como el cartel Llibertat!, con la figura robusta del segador que enarbola la hoz, de connotaciones catalanistas y revolucionarias. Los tres volúmenes de memorias que publicó (a los que desearíamos que se añadiera el cuarto, inacabado) son una guía excelente de sus vivencias y su actitud creativa.

Nacido hace cien años en el seno de una familia carlista, el joven Carles comenzó su actividad gráfica en los ambientes de la política más conservadora (los carlistas eran llamados también “tradicionalistas”) y llegó a dibujar algunos carteles electorales para la coalición Derecha de Cataluña en las elecciones de 1932. Pero la efervescencia de los años republicanos y algunas lecturas (de las que él destaca Tolstoi) lo fueron conduciendo hacia las posiciones anarquistas a las que siempre estaría vinculado de una forma u otra, junto con un insobornable catalanismo. Antes de la guerra también trabajó de manera asidua en el dibujo comercial, haciendo publicidad y etiquetaje.

Foto: Colección de Carteles del Pavellón de la República / CRAI-UB.
Uno de sus trabajos de propaganda política durante la Guerra Civil, para el PSUC: Dones! Treballeu per als germans del front (¡Mujeres! Trabajad para los hermanos del frente).

Compromiso ideológico

Sin embargo, el inicio de la guerra supuso un detonante de su compromiso ideológico. Como otros cartelistas, se incorpora a las tareas del Sindicato de Dibujantes Profesionales, responsable de muchas de las imágenes que empapelaron la ciudad en aquel momento. Él se reivindica como el autor de uno de los tres primeros carteles de la guerra, el simple pero efectivo Treballa per als que lluiten [Trabaja para los que luchan]. Es uno de esos carteles que los dibujantes realizaban por iniciativa propia, al margen de los partidos, en los primeros momentos de efervescencia revolucionaria, y que inician una serie de obras que pudo realizar a pesar de su particular guerra, llena de peripecias, junto a las Brigadas Internacionales o la Defensa Antiaérea. También colaboró con el Comisariado de Propaganda de la Generalitat de Cataluña.

La derrota de los ejércitos republicanos lo llevó al exilio (pasó la frontera con Lluís Companys) y, como tantos otros, fue encerrado en uno de los infames campos de refugiados que los franceses instalaron en la Cataluña Norte. Fontserè consiguió escapar y se instaló en París, pronto ocupada por los alemanes, donde sobrevivió (junto a sus amigos Martí Bas y Antoni Clavé) dibujando cómics de estilo americano y realizando mil trabajos de supervivencia: en sus memorias se define como un exiliado de tercera, ya que no contó con las ayudas que los gobiernos republicanos catalán y español habilitaron para tantos políticos e intelectuales, y tuvo que ganarse la vida con su ingenio.

En 1948 tiene la ocasión de viajar a México, llamado por Mario Moreno, Cantinflas, para realizar trabajos escenográficos en sus espectáculos y filmes. No llegó allí como exiliado político sino como emigrante económico.

Fotografía documental

En su breve estancia en México se relaciona con los numerosos catalanes exiliados y empieza en firme su otra gran pasión, la fotografía documental, que le ocupará desde entonces y le permitirá dar salida a su interés por las cuestiones más diversas o, como él decía, a su curiosidad universal.

Fotos: Carles Fontserè / Archivo Comarcal del Pla de l’Estany
A partir de 1948, en su exilio mexicano, Carles Fontserè se inició en la fotografía documental. Las fotos de arriba las tomó entre 1961 y 1964 en Nueva York, París y Ciudad de México.

Desde 1950 y durante más de veinte años vivió en Nueva York, donde siguió cultivando la fotografía. En la ciudad de los rascacielos desarrolló también un concepto de exposición histórico-documental, o “relato gráfico”, basado en fotografías propias y reproducciones de documentos históricos, que explica la evolución de la ciudad de Nueva York a lo largo de los siglos. Allí también conoció a Terry Broch, que se convirtió en su compañera y colaboradora inseparable.

Mientras escribo estas líneas me llega la noticia de la muerte de Terry, quien ha mantenido vivo el recuerdo del artista organizando y digitalizando sus numerosos materiales. La celebración del centenario de Fontserè puede ser también la ocasión para recordar su aportación.

Cuando volvió a Cataluña, en 1973, consciente de la importancia de su trabajo y de las circunstancias que habían hecho posible esa trayectoria, participó en cuantas iniciativas permitían poner en valor aquel patrimonio y publicó numerosos escritos. Uno de los textos más importantes fue el artículo sobre el Sindicato de Dibujantes Profesionales (SDP), incluido en el libro de Josep Termes Carteles de la República y de la Guerra Civil, editado por La Gaya Ciencia en 1978. Asimismo, publicó diversos artículos en La Vanguardia sobre cartelistas de su generación, como Lorenzo Goñi, y polemizó con Josep Renau sobre el alcance de la propaganda antifascista. También realizó algunos carteles nuevos para las fiestas de Banyoles, donde se instaló; para el Ateneo Enciclopédico Popular; para una campaña de la Generalitat sobre la historia de Cataluña, etc.

A partir de 1995 publicó las memorias que relatan su trayectoria artística y vital durante la República y la guerra, y los tristes años del exilio en Francia, seguidos por la más luminosa etapa de México y los inicios de su estancia en Nueva York, que explicaría en detalle en un cuarto volumen.

Por todo esto y mucho más (su labor de reivindicación, su vida longeva…), se le ha llegado a considerar como un verdadero icono del cartelismo, referente, patriarca, apóstol y profeta, o, simplemente, “el cartelista” de la Guerra Civil. El centenario de su nacimiento es una excelente ocasión para visitar de nuevo su producción gráfica y fotográfica, releer sus textos y recordar toda la trayectoria de este gran curioso apasionado.

Santi Barjau

Doctor en Historia del Arte. Conservador del departamento gráfico del AHCB

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