La nueva cara de la arquitectura catalana

El Congreso de Arquitectura 2016 ha dedicado meses a debatir los retos que le corresponde afrontar a la profesión en una època en que las ciudades se han convertido en el principal instrumento de cambio. La anterior edición del encuentro queda ya muy lejos, en el tiempo pero sobre todo en cuanto a prioridades.

Foto: Vicente Zambrano

El congreso ha debatido los nuevos sujetos, contextos e instrumentos de la arquitectura en más de cien actos, mayoritariamente localizados en la sede barcelonesa del Colegio Oficial de Arquitectos –en la imagen–, pero también repartidos por las demarcaciones.
Foto: Vicente Zambrano

El urbanista italiano Bernardo Secchi (1934-2014) defendía, en los años anteriores a su muerte, que la ciudad es la fortaleza en juego en esta época convulsa que nos ha tocado vivir. El decano del Colegio Oficial de Arquitectos de Cataluña (COAC), Luis Comerón, utilizó la expresión “cambio de época” en la clausura del Congreso de Arquitectura 2016, a finales del pasado mes de noviembre, ante un mercado de Sant Antoni transformado en auditorio. Dando la vuelta a la tortilla a lo dicho por Secchi, afirmó que las “ciudades son el principal instrumento de progreso de la humanidad”, del nuevo paradigma que se nos abre. La disciplina arquitectónica catalana se ha mirado en el espejo y ha debatido durante meses los retos que la sacuden.

Los congresos de arquitectura se celebran cada veinte años aproximadamente desde 1888. Cada encuentro tiene, pues, cierto espíritu de refundación, ya que las circunstancias, los contextos y los retos cambian. Algo de eso se respiró durante las jornadas de síntesis. Aun así, este congreso se ha querido en minúscula, “de arquitectura” y no “de arquitectos”, y en un formato mucho más abierto y horizontal que los precedentes. De hecho, el anterior, el de 1996, el coorganizado con la Unión Internacional de Arquitectos, el de los 14.000 visitantes, el de Maragall y Foster, el del “modelo Barcelona” y el star system, ha sido el modelo a no seguir. El gremio de arquitectos ha pedido seis meses de tregua para detenerse, pensarse y reenfocarse en la nueva realidad.

Esta realidad empezó en el año 2008, con el estallido de una burbuja muy vinculada a la construcción. En 2010, el flamante SArq, el primer sindicato de arquitectos de España, divulgaba los resultados de la primera encuesta de ocupación. De los 1.800 arquitectos, 675 no colegiados, el 32 ⁠% se encontraba en el paro y solo el 3,1 % cobraba prestación. En 2013, la tercera encuesta declaraba que el 71 % de los arquitectos de España vivían en situación de precariedad laboral, es decir, en el paro, en contratación irregular o con salarios por debajo de los mil euros.

El COAC ha elaborado su primera encuesta de la profesión aprovechando el encuentro de este año. Han participado 1.700 arquitectos, el 22 % no colegiados, de un total de 10.000 que hay en Cataluña. Los resultados muestran que uno de cada tres arquitectos ha emigrado al extranjero y el 46 % cobra menos de veinte mil euros al año, y la gran mayoría son autónomos. Pese a que “la tempestad ya ha pasado”, como glosa Miquel Puig en el análisis de la encuesta, la valoración en el seno del colectivo sigue siendo bastante o muy negativa.

Durante este período también han cambiado las funciones. La obra nueva, tanto de viviendas como pública, se ha detenido hasta prácticamente desaparecer. Las cifras actuales de construcción se sitúan alrededor de lo que es y ya era normal en países de nuestro entorno, sin burbuja del sector de la construcción. La adaptación y la diversificación funcional se han tenido que hacer de manera rápida y, en muchos casos, traumática.

Foto: Vicente Zambrano

Foto: Vicente Zambrano

La encuesta de la profesión del COAC dibuja un nuevo mapa funcional con la rehabilitación como actividad principal, seguida de la obra nueva, la dirección de obra, el seguimiento y cumplimiento de normativas y el interiorismo y retail. El próximo quinquenio emergerán actividades de eficiencia energética y gestión de edificios, la aplicación de tecnología informática (BIM, 3D…), la gestión de proyectos y la participación y la mediación ciudadana. La rehabilitación se mantendrá como principal y la obra nueva bajará más posiciones, según la misma encuesta.

Cambio de etapa y no solo un paréntesis

Todos estos factores, generados por la crisis, se interpretan como propios de un cambio de etapa y en ningún caso como un mero paréntesis. El sector de la construcción representaba el 10 % del PIB antes del estallido de 2008, el doble que el actual y el doble que el de los países europeos del entorno, que no han fluctuado tanto. Así pues, se espera que, tras un crecimiento gradual de hasta el 6 % aproximadamente, el sector se estabilice. Pero los cambios no se reducen solo al marco económico y laboral.

El escenario social y territorial ha cambiado radicalmente. Los últimos años se ha construido mucho, muchísimo, y, aunque no se diga lo bastante, muy mal. Buena parte de la situación que (mal)vivimos es fruto del modelo urbanístico desarrollado en las últimas décadas. Deficiencias en movilidad y acceso, ineficiencia energética, despilfarro de suelo y de agua, segregación y gentrificación… Territorios y ciudades están cambiando al paso de los efectos del cambio climático, las desigualdades y la entrada de capital especulativo. Hacen falta intervenciones y cambios.

Enric Batlle pudo explicar, en diferentes momentos del congreso, su tríada ecología-ocio-producción sobre los espacios abiertos de nuestras ciudades y territorios. Por una parte hay que hacer todo lo posible para reducir la contaminación y el uso del transporte motorizado, su principal causante, y por otra, proteger la biosfera, hacer que quede interconectada e introducirla en la ciudad. Según Batlle, el 50 % de la superficie de la región metropolitana de Barcelona es espacio abierto que tiene la posibilidad de vertebrar el territorio a escala local y regional. No es necesario hacer crecer la ciudad, pero sí urbanizar el verde, es decir, protegerlo, abrirlo, articularlo y convertirlo en productivo agrariamente. Batlle también es comisario de la exposición “Metròpolis Verda”, que puede verse en el espacio Mercè Sala de TMB, en Rambla de Catalunya.

Las características, pues, de los nuevos sujetos y contextos de la arquitectura determinan los objetos de trabajo, los instrumentos con que abordarlos y los valores que han de guiar la práctica. El congreso ha querido definirlos desde una visión colectiva y ha rehuido las cátedras y las voces autorizadas. En más de cien actos, mayoritariamente localizados en Barcelona pero también repartidos por las demarcaciones, profesionales, asociaciones e instituciones han explicado lo que ya se está haciendo y que puede ser útil en los próximos años.

La vivienda (acceso, mantenimiento, propiedad, alquiler, funcionalidad…), el derecho a la ciudad (la nueva Agenda Urbana de la ONU-Hábitat, la participación, los campos ciudad de refugiados, el bienestar de los que viven en ellos, la perspectiva de género…) y el territorio (espacios abiertos, planificación supramunicipal, ordenar las periferias, construir y potenciar el paisaje…) son los retos del presente periodo, como advertía Secchi. Pero también se han explorado los nuevos ámbitos de actividad, la divulgación cultural y social o los compromisos éticos de los profesionales. En estos campos, a diferencia de los primeros, ha quedado más o menos claro que queda mucho por hacer y que no se pisa terreno firme.

Foto: Vicente Zambrano

Foto: Vicente Zambrano

La arquitectura considerada como un bien general

Por eso es necesario un replanteamiento de los instrumentos y una revisión de los compromisos. La parte más propositiva del congreso, en la que los ojos se vuelven boca, se ha centrado en los concursos de arquitectura, la Ley de territorio y, en especial, la Ley de Arquitectura, esta sí en mayúscula. Actualmente en proceso parlamentario, pretende crear un marco social que reconozca la arquitectura como patrimonio del presente. El borrador define la arquitectura como bien general del país, establece herramientas para asegurar su calidad y fomenta su divulgación entre la ciudadanía. Pero también blinda el criterio de los arquitectos en el planeamiento urbanístico y los concursos públicos, lo que ha despertado no pocas inquietudes en otros colectivos durante el proceso de tramitación.

En un siglo en que el suelo está limitado, los recursos se acaban, la biodiversidad pende de un hilo y las ciudades son activo social y objeto de deseo económico, la arquitectura catalana ha sabido tomar conciencia del cambio de época y no solo de la época de cambio, como quizás han hecho otros colectivos o gremios. Ante el nuevo contexto, la profesión ha sido capaz de cambiar el paso, repensarse, adaptarse y mirar la realidad con ojos nuevos.

Aleix Porta Alonso

Periodista

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