La mirada de los arquitectos noveles

Fotomontaje de la plaza de Catalunya con la transparente y ligera biblioteca proyectada por Pau Bajet en la ubicación de El Corte Inglés.

Una exposición de la Escola de Arquitectura ha recopilado los mejores trabajos de final de carrera desde 1978. El presente artículo ofrece una pequeña muestra de esos trabajos vistos por sus autores, arquitectos en ejercicio que se han prestado al experimento de volver al pasado y contextualizarlo en el presente.

Los proyectos de final de carrera de la Escola de Arquitectura de Barcelona (ETSAB) son una buena base de datos de la mirada de los arquitectos sobre la ciudad. Equipamientos, desarrollos urbanísticos, infraestructuras, soluciones para problemas, ideas arriesgadas… Todo ello ha sido abordado por infinidad de propuestas. Doscientas sesenta de ellas, las mejores de los últimos cincuenta años de vida de la ETSAB, fueron seleccionadas para conformar la exposición Escola-Ciutat, cinc dècades de projectes de fi de carrera d’arquitectura a Barcelona [Escuela-Ciudad, cinco décadas de proyectos de fin de carrera de arquitectura en Barcelona]. Una muestra que se presentó en el MNAC en octubre y que tendrá una segunda vida en la misma escuela. Sus comisarios son Roger Such y Ariadna Perich, profesores y subdirectores del área de cultura del centro. Los proyectos seleccionados desde 1977 también sirven para hacer una radiografía aproximada del devenir de la ciudad real y la imaginada por los alumnos cuando se preparaban para dejar la universidad. Los focos de atención de los trabajos han sido múltiples: el distrito de Ciutat Vella copa buena parte de las propuestas en los primeros años de la democracia, mientras que en la década de los noventa se hace patente la dinámica de la ciudad de extender y diversificar la red de equipamientos. Otros ejes argumentales son el desarrollo y la dignificación del urbanismo, el impulso del 22@, el diseño de la gran área desde Glòries hasta el Fòrum y las infraestructuras y los espacios naturales.

Los que aparecen a continuación configuran una pequeña muestra de aquellos trabajos de fin de carrera vistos hoy por sus autores, arquitectos en ejercicio que se han prestado al experimento de volver al pasado y contextualizarlo en el presente.

Mercado en la plaza de la Gardunya, de Eduard Gascón.

Mercado cubierto en la plaza de la Gardunya

El trabajo de final de carrera de Eduard Gascón fue un proyecto de mercado en la plaza de la Gardunya. Lo planteó en 1984 en el marco del programa de estudios “Del Liceu al Seminari”, que se realizó en la ETSAB a partir del proyecto urbanístico municipal del mismo nombre lanzado unos años antes para revitalizar y coser el Raval con el Eixample. Lo hizo con Francesc Mitjans como tutor principal. El hoy autor, entre muchos otros, del futuro Nou Palau Blaugrana, recuerda que su trabajo de final de carrera provocó cierto lío. “Partí de la idea de recuperar la plaza de la Boqueria para la ciudad, ya que, antes de que se construyera la estructura del mercado en 1840, era un espacio bastante similar al de la plaza Reial . Estaba convencido de que era mejor recuperar un espacio de calidad arquitectónica con un perímetro de columnas neoclásicas que por sí mismas ya conformaban una plaza”, explica.

De esa manera, la Rambla hubiera tenido una conexión directa con un espacio abierto, ciudadano, como es una plaza. “Situé el mercado encima del aparcamiento de la Gardunya que ya existía y en el que destinaba una primera planta subterránea para la carga y descarga. Seguía un criterio historicista y dibujé unas cubiertas inclinadas con una estructura metálica. Tendría dos alturas, en la planta el mercado del producto fresco y en el primer piso un gran supermercado”.

Décadas después de la propuesta de Gascón, se produjo cierto debate en el sector sobre la posibilidad de trasladar la Boqueria a la plaza de la Gardunya. Lo curioso es que hoy, al cabo de treinta y tres años del trabajo de fin de carrera, la Gardunya está en proceso de culminar su nueva configuración. Pasado el tiempo, Gascón se mantiene en su idea: “Sigo pensando que ganar una plaza como la Boqueria era buena”.

Jardines en los terrados del Eixample, de Eva Prats.

Jardín en los terrados del Eixample

La idea originaria de este proyecto de 1992 de Eva Prats tuvo como punto de partida una azotea de Ciutat Vella que unos amigos de la arquitecta habían convertido en un espacio comunitario. “Pensé en desarrollar algo parecido pero a escala mucho mayor: toda una manzana del Eixample, precisamente por lo compacto de su estructura, repetida y rígida”, apunta Prats. Se fijó en una manzana en concreto, la conformada por las calles Ausiàs March, Alí Bei, Girona y Bailèn. Era un espacio completamente construido, en su perímetro y en su interior; la configuración de sus edificios, de alturas similares, le permitía trazar un continuo de estructuras –¡y hasta un puente!– para comunicar los terrados, que se habían convertido en unos “espacios cerrados y abandonados una vez eliminados los antiguos depósitos de agua”.

Prats, que tuvo como tutor a Enric Miralles, partió de un cálculo de estructuras para situar los diferentes espacios y las pasarelas que enlazarían los edificios. Proyectó un gran terrado que acogería un espacio de prácticas de una escuela de jardinería, una zona de plantas acuáticas y otra para prácticas de poda, un invernáculo, una extensión con diferentes tipos de césped y otra para enredaderas. Todo ello en recipientes mínimos con poca tierra y con un sistema de riego a base de depósitos de agua.

Otra parte indispensable del proyecto era crear espacios para los vecinos. “Todos los residentes de los pisos de la manzana disfrutarían del conjunto –explica la arquitecta–. La idea era que pudieran compartirlo para celebrar fiestas o comidas y cenas que no puedes plantearte en una vivienda debido a las limitaciones de espacio”. La apuesta de Prats no cayó en saco roto; al cabo de los años aquel proyecto ha suscitado interés, y las maquetas que hizo en 1992 han sido reclamadas para exposiciones. Incluso el Ayuntamiento de Barcelona –tanto en el mandato actual como durante el de Xavier Trias– ha realizado alguna aproximación a la idea, aunque sin llegar a desarrollarla. En el transcurso de su desempeño profesional, la arquitecta, junto con su compañero Ricardo Flores –reciente premio Ciutat de Barcelona por la reforma de la sala Beckett– ha seguido la línea de propiciar espacios comunitarios y de buscar soluciones con elementos ajardinados. “Para ajardinar un terrado lo único realmente imprescindible es que la comunidad de vecinos tenga la voluntad de hacerlo”, defiende, veinticinco años después.

Ordenación del puente de Santa Coloma, de David Martínez.

Ordenación del Pont Vell de Santa Coloma

Nacido en Santa Coloma de Gramenet en 1973, David Martínez García observaba este poco hospitalario puente justo entrado el siglo xxi y pensó en transformarlo en una rambla metropolitana que sirviera de nexo de unión, de cosido de la calle principal de la localidad con el paseo que conecta con la Meridiana, según el proyecto que concibió en 2001. “Imaginaba el puente como un símbolo de la recuperación para las personas del espacio urbano deprimido, en este caso en el contexto de la recuperación del río Besòs, que todos recordamos cuando era una alcantarilla a cielo abierto. Tomé como referencia los puentes italianos clásicos y más concretamente el Ponte Vecchio de Florencia. Se podría decir que fue un proyecto arquitectónico con un marcado componente urbanístico”, explica Martínez.

De hecho, ese ha sido principalmente su ejercicio profesional desde entonces: fue responsable de los servicios urbanísticos del Ayuntamiento de Badalona hasta 2011, cuando se integró en esta misma área de la corporación barcelonesa, donde permanece actualmente con el encargo de relanzar el distrito 22@. “El programa que desarrollé tenía tres partes. En primer lugar, abría una zona de espacios comerciales, de tiendas. En segundo lugar, proponía cubrir la Ronda parcialmente con un sistema de piezas prefabricadas sin pilares, en las que también se podría desarrollar actividad económica. Y, en tercer lugar, ubicaba un centro de interpretación del río Besòs que explicara su historia. El proyecto incluía también una estructura que permitía a las personas acceder a la ribera del río”, recuerda. La idea que animaba todo el proyecto era la de humanizar una zona que se había convertido en una simple carretera de conexión. “Por el contrario, en todos estos años en el Pont Vell apenas se ha intervenido de una forma ambiciosa, y únicamente se ha ganado algo más de espacio para los peatones”, concluye David Martínez.

Una biblioteca muy central

Más que nacional o provincial, el proyecto firmado en 2013 por Pau Bajet era el de una biblioteca central en el mismísimo centro de Barcelona: la plaza de Catalunya, exactamente en la inmensa pastilla urbana que ocupa El Corte Inglés. Un programa que le vino sugerido por Eduard Bru, su tutor y catedrático de la ETSAB, con una idea rompedora: “¿Por qué no colocamos un catalizador cultural en el centro de la ciudad confrontándolo al poder capitalista que representa el resto de la actividad urbana?” Una reflexión que no anduvo alejada de algunas propuestas para ubicar la entonces proyectada Biblioteca Provincial en el edificio del Banco de España de la misma plaza. “Se trataba de un gran edificio de cerca de 30.000 metros cuadrados, construido a partir del concepto renacentista de la biblioteca como gran espacio representativo del conocimiento; a ello le añadía, por mi parte, la voluntad de que fuera rompedor. La estructura era de hormigón pulido, lo más parecido a la piedra, desarrollada con elementos prefabricados y con unas medidas a escala humana”, explica.

En contraposición al edificio de El Corte Inglés y a su fachada opaca, Bajet proponía cerrar externamente la biblioteca con una fachada a modo de celosía que permitiera ver el interior desde la plaza, aunque no desde el paseo de Gràcia o Fontanella. El visitante se encontraría con un gran atrio y un sistema de rampas con las paredes forradas de estanterías y libros: “Dejando de lado el aspecto tradicional de las bibliotecas clásicas con compartimentos y plantas, diseñaba un único espacio que se pudiera recorrer de forma continua, sin plantas. Desde el momento en que entrabas ya se podría distinguir el techo. Con todo, se generaban zonas más recogidas: contrastaba la monumentalidad general de la construcción con el carácter más doméstico de otras áreas de dimensiones reducidas”.

Nadie discute que la plaza de Catalunya es el resultado de diferentes operaciones en el tiempo que le han dado un aspecto global bastante disperso y discutible. Años después de aquella propuesta, Bajet, que después de colaborar en Inglaterra con David Chipperfield abrió su propio despacho en Barcelona, considera que su proyecto contribuía a mejorar ese conjunto deslavazado que constituye hoy por hoy la plaza de Catalunya.

Blanca Cia

Periodista

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