El abrevadero del Poble-sec, testimonio de carros y arrieros

23 septiembre, 2014 | Insólito, Tu Ayuntamiento

La proximidad del Poble-sec con las canteras de Montjuïc y con el puerto de la ciudad hizo que el barrio fuera, durante muchos años, sede de arrieros y carreteros. Y uno de sus principales ejes, la calle de Vila i Vilà, era camino de paso obligado. Por eso, a lo largo de su recorrido había tabernas donde los arrieros paraban a tomarse la barreja, una mezcla de bebidas alcohólicas, mientras los caballos descansaban y se refrescaban en los abrevaderos que estos establecimientos ponían a disposición de la clientela. Uno de estos abrevaderos está en el número 77 de la calle de Vila i Vilà y se ha conservado hasta hoy; incluso ha dado nombre a un restaurante: El Abrevadero. Ahora forma parte de la red de pequeños paisajes de Barcelona.

El carro fue un importante medio de transporte antes de la llegada de los camiones, y en el barrio del Poble-sec el oficio de arriero fue una importante actividad económica. En un artículo publicado por el Centre de Recerca Històrica del Poble-sec (CERHISEC), se citan hasta una decena de empresas, como Cal Gabelli, Can Calvet o Can Xaranga. Dos de estos establecimientos habían llegado a tener más de un centenar de carros cada uno. Son Cal Pau, cuyo propietario era Pau Segur, que ocupaba unos terrenos en la esquina de las calles de Jaume Fabra y de Elkano, donde una de las actividades principales era el transporte de carbón a la zona del Maresme; y Cal Ribes, también conocido como Cal Reverendo, que estaba en la calle de Blesa y también transportaba carbón, pero a la Barceloneta y a Sant Martí.

Entre las diversas historias y anécdotas que hay relacionadas con este mundo, Josep Guzmán, presidente del CERHISEC, explica que, aunque estaba prohibido, no era infrecuente ver a algún carretero echando una cabezada mientras los caballos, que se conocían de sobra el camino, iban avanzando. En algunas ocasiones se había dado el caso de que chicos que jugaban en la calle u otros carreteros aprovechaban la oportunidad para hacerle una jugada al conductor dormido: hacían dar la vuelta a los caballos, de manera que, al despertarse, el arriero se encontraba volviendo a casa en vez de yendo allí donde tenía que ir.

El oficio de arriero desapareció, pero la necesidad de transportar todo tipo de productos y materiales se ha mantenido, y aunque algunos de los antiguos establecimientos cerraron, otros cambiaron carros y caballos por camionetas y camiones y se reconvirtieron en empresas de transporte. Ahora, el abrevadero de la calle de Vila i Vilà es el testimonio de esta actividad económica y social tan presente en la ciudad hasta bien entrado el siglo XX.