La isla de Maians

9 marzo, 2012 | Insólito

Decir que el litoral barcelonés, tal como lo conocemos hoy en día, es una construcción moderna no sorprendería a nadie. Muchos ciudadanos recuerdan cómo las playas de Barcelona no tenían nada que ver con las que hoy pueblan la línea de la costa desde la Barceloneta hasta el Fòrum. También el mismo Foro de las Culturas del 2004 significó ganar unos palmos de suelo al mar y cada construcción de un nuevo muelle del puerto significa hacer retroceder unos metros las aguas, y asegurar que nuestros hijos o nietos verán el mismo litoral es, quizás, aventurar demasiado.

Si fuéramos hasta la prehistoria, nos podríamos encontrar que Montjuïc podría haber sido una isla separada de la costa, pero no hay que ir tan lejos para encontrar curiosas sorpresas. Cuando los romanos fundaron Barcino, parte de Ciutat Vella y el Poblenou eran zonas de pantanales que el paso del tiempo y la acción humana fueron secando. En este sentido, la toponimia y el nomenclátor son unos grandes aliados para verlo, sobre todo en el distrito de Sant Martí. Los nombres de calles y paradas de metro son la muestra de un pasado no tan lejano de unos terrenos a medio camino entre la tierra firme y el Mediterráneo, con la Llacuna (una depresión anegada de agua), el Bogatell (una rambla o corriente de agua) y el Maresme (zona de costa cubierta por aguas), así como la calle de Joncar (en referencia a un arenal lleno de juncos) o la misma rambla del Poblenou, que como el nombre indica es también un antiguo torrente.

Una de las anécdotas más curiosas, y gracias a Quim Monzó más conocidas al menos por el nombre, es la isla de Maians, un pequeño banco de arena delante de la costa de la Barcelona medieval donde ahora se encuentra, aproximadamente, la estación de Francia. La construcción del primer espigón de un primitivo puerto, en el siglo XV, permitió que empezara a acumularse tierra y sedimentos alrededor de la isla, que con el paso de los años se convirtió en el origen de la pequeña península de la Barceloneta. Posteriores construcciones y ampliaciones del puerto durante los siglos siguientes fueron facilitando la sedimentación hasta que en el siglo XVIII, después del derribo de medio barrio de la Ribera para construir la ciudadela militar borbónica, se proyectó por primera vez la construcción del barrio de la Barceloneta después de la derrota de 1714 como medida para recolocar a los afectados. No fue hasta bien entrada la segunda mitad del siglo cuando el barrio de la Barceloneta se convirtió en una realidad. Entonces, se dio prioridad a aquellos que tenían un trabajo relacionado con el mar para poblar el barrio y aquella primera idea de recolocación quedó en segundo término…