Historia de un edificio, el Palau Reial Major

25 agosto, 2011 | Insólito

París tiene Versalles, Berlín tiene Sansoucci, Madrid tiene el Palacio de Oriente y Londres tiene Buckingham. Las capitales de grandes estados, en su época más dorada, han edificado palacios majestuosos como residencias reales, como muestra de poder y de riqueza. Barcelona, en su medida, también. Tenemos el Palau Reial de Pedralbes, obra del conde Güell, que a principios del siglo XX se cedió a la corona española, pero que nunca ha sido residencia estable de ningún monarca. El edificio que sí ha incluido una corte real y cuyas paredes podrían explicar mil y una vicisitudes del trajín del gobierno real es el Palau Reial Major, en la plaza del Rei. Es aquí donde vivieron y desde donde gobernaron los condes de Barcelona y los reyes de Aragón hasta la unión dinástica con el reino de Castilla en el siglo XV y el traslado de la corte a Madrid.

El Palau Reial Major (llamado así para distinguirlo del Menor, otro palacio medieval actualmente desaparecido) es un palacio medieval que no tiene nada que ver con las majestuosidades arquitectónicas de la edad moderna mencionadas al principio de esta entrada. Naturalmente, no hay jardines inacabables ni infinidad de salas y habitaciones. De arquitectura austera, actualmente el Palau Reial Major es uno de los pocos ejemplos del gótico civil catalán (a diferencia del gótico religioso, del cual tenemos numerosos vestigios), aunque desde que se construyó ha ido cambiando prácticamente de manera constante.

El conde-rey Jaume I reformó el antiguo palacio y le dio, en esencia, la forma que tiene hoy día. Su nieto Jaume II construyó la capilla contigua de Santa Àgata (entonces dedicada a Santa María) y fue Pere III el Ceremonioso quien construyó el Saló del Tinell, el espacio más simbólico del palacio, y que era la sala de las cortes, banquetes y solemnidades. Más tarde, en el siglo XVI, cuando los reyes de Aragón y condes de Barcelona gobernaban desde Madrid como reyes de Castilla, se encargó a la Generalitat la construcción de una residencia para el lugarteniente del rey en Cataluña, cosa que supuso el nacimiento del Palau del Lloctinent, actual sede del Archivo de la Corona de Aragón, al mismo tiempo que se construía la Torre del Rei Martí, atribuida a este conde, aunque hacía más de cien años que había muerto.

En estas circunstancias, en el siglo XVI, el Palau Reial Major pasó a ser la sede en Barcelona del Santo Oficio, es decir, la Inquisición, además de la Audiencia Real y la Alcaldía General durante prácticamente tres siglos. En 1718, el primer rey Borbón, Felipe V, cedió el edificio a las monjas clarisas, después de que el convento de Santa Clara, en el barrio de la Ribera, se derribara para construir la ciudadela militar donde actualmente se encuentra el parque de la Ciutadella. Este cambio de manos del palacio fue comportando nuevas y sucesivas reformas y añadidos, como la edificación de nuevas plantas, de manera que la huella condal parecía que había desaparecido. La restauración que se llevó a cabo en los años treinta del siglo pasado devolvió parte del esplendor medieval al palacio, borró buena parte del paso de las clarisas y lo dejó prácticamente como lo encontramos hoy día, sede principal del Museo de Historia de Barcelona.

Nosotros lo visitamos no hace mucho e hicimos unas cuantas fotografías que encontrarás en este álbum en nuestro Flickr.