El umbráculo del parque de la Ciutadella

15 mayo, 2015 | Barceloneses, Insólito

En el parque de la Ciutadella existe un lugar donde se puede pasear, sin salir de Barcelona, entre plantas que habitualmente crecen en bosques tropicales o subtropicales. Es el umbráculo, un edificio con 128 años de historia donde se pueden ver plantas originarias de unos veinte países de cuatro continentes. Entrar en el recinto y sentarse en uno de los bancos de fundición permite alejarse del ruido del entorno.

Cuando Josep Fontserè proyectó el parque público que debía recuperar para la ciudad el espacio que ocupó, durante casi un siglo y medio, la ciudadela militar levantada por Felipe V para controlar Barcelona, previó un programa científico y museístico que incluía varios edificios y esculturas. No todo lo que inicialmente se proyectó se llevó a cabo, pero algunos edificios sí llegaron a construirse. Uno de ellos es el umbráculo, diseñado por el propio Fontserè.

El parque de la Ciutadella es monumento histórico-artístico desde el año 1951, y es que, de hecho, el espacio ya fue concebido un poco como un gran museo, aunque no todo lo que se proyectó llegó a buen puerto. Por ejemplo, la escultura del célebre mamut es la única reproducción a tamaño natural de animales extinguidos que se realizó de todas las que la Junta de Ciencias Naturales quería instalar en el parque. Lo que sí se construyó fue el Museo Martorell de Geología, el invernadero y el umbráculo, los tres situados, juntos, en el lado del parque que da al paseo de Picasso. El edificio del Museo está en el centro, y a ambos lados se encuentran el invernadero, en la parte de montaña, y el umbráculo, en la parte de mar, más cercano a la zona que ocupa el Zoo.

El umbráculo fue construido entre los años 1883 y 1887 por Josep Amargós a partir de un proyecto de Josep Fontserè. Poco después, sin embargo, de cara a la Exposición Universal de 1888, que tuvo como recinto central el parque de la Ciutadella, fue reformado para convertirlo en sala de fiestas y conferencias. Después de la Exposición el propio Josep Amargós, entonces bajo la dirección de Elies Rogent, le devolvió el aspecto y las funciones originales.

Según el diccionario, un umbráculo es “un lugar dispuesto de manera que, dando paso al aire, resguarde las plantas que ahí crecen de los rayos del sol”. Y esto es precisamente dicha instalación del parque de la Ciutadella, un espacio donde crecen un buen número de plantas propias de hábitats de bosques tropicales y subtropicales y donde estas disfrutan de la sombra de grandes árboles.

La estructura del umbráculo está realizada con pilares de fundición y vigas curvadas de hierro unidas por jácenas, también de hierro. La cubierta es una bóveda de cinco arcadas con listones de madera transversales. La torre central es más grande y más alta, y a ambos lados hay dos torres más pequeñas, una más baja que la otra. Todo ello genera un juego de luces y sombras que recrea bastante bien las condiciones de los bosques donde crecen las especies plantadas. Y viendo los ejemplares que hay en el umbráculo, es bastante evidente que las plantas se encuentran bien y que el edificio cumple la función para la que fue construido.

Entre las plantas del umbráculo las hay bastante conocidas, como las hortensias, las kentias, las gardenias o los ficus pequeños (Ficus benjamina); otras menos frecuentes, pero también bastante conocidas, como las marquesas o las costillas de Adán, y algunas menos vistas, como los ficus de la India, las arecáceas, las carnaubas o los jazmines de invierno. Los ejemplares tanto de las plantas más conocidas como de las menos frecuentes que contiene el umbráculo son bastante grandes, y al entrar al recinto la sensación es de frondosidad; se respira un ambiente muy diferente, más tranquilo, como aislado del bullicio que llena el parque, más allá de las cuatro paredes.

El espacio está organizado con un parterre central y otro que recorre las cuatro paredes con un pasillo central bastante ancho por donde se puede pasear con comodidad y donde hay instalados varios bancos para sentarse y poder contemplar con tranquilidad las plantas, con ejemplares originarios de Asia, África, América y Oceanía, y de países como Japón, China, Mongolia, Corea, Taiwán, Filipinas, India, Vietnam, Sri Lanka, Yemen, Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Guatemala, Panamá, Costa Rica y Australia.