El primer coche matriculado en Barcelona y otras historias de automóviles

3 abril, 2012 | Insólito

Rupert Garcia fue el barcelonés que tuvo el honor de lucir la placa de matrícula con la inscripción B-1, el primer automóvil matriculado en la ciudad que correspondía a un modelo Berliet. En realidad, Barcelona ya empezaba a disponer de una red de vehículos de algunos años antes, que en aquella época respondía a las necesidades de la burguesía catalana de la época, que los adquiría como muestra de distinción y exclusividad. Aunque no fue hasta el año 1898 cuando se inauguró el primer concesionario de automóviles en Barcelona, de la marca francesa Panhard Levassor, el primer barcelonés en circular por la ciudad en coche fue el industrial Francesc Bonet i Dalmau, en el año 1889. Este fabricante textil, que también trabajaba como promotor musical, era un auténtico obsesionado de la tecnología.

La Exposición Universal de Barcelona de 1888 le hizo abrir los ojos y, al año siguiente, se fue a París a visitar la Exposición Universal que aquel año se celebraba en la ciudad francesa, capital de un país donde la industria automovilística había arraigado fuertemente. Francesc Bonet volvió de París con un motor Daimler y, con la ayuda de un mecánico, el verano de 1890 construyó un triciclo motorizado, con asientos de mimbre y ruedas de carro. Según parece, este vehículo estrambótico desentonó bastante con la Barcelona de la época, que recibió aquel automóvil con cierto escepticismo y mofa por la estruendosa tecnología y la inutilidad de un aparato que ni siquiera podía subir la pendiente de paseo de Gràcia. En cualquier caso, Francesc Bonet fue un innovador y tomar ese riesgo sirvió como precedente de lo que años más tarde acabaría consolidándose como un elemento imprescindible para la mayoría de los barceloneses. De la misma manera, hay que destacar que el vehículo construido por el industrial barcelonés no solo fue el primero en circular por Barcelona, sino que fue el primer automóvil en circular por la península Ibérica.

El mismo año en que en Barcelona se instaló el primer concesionario de coches, el capitán de artillería Emilio de la Cuadra creó la primera fábrica de automóviles del Estado en el paseo de Sant Joan, esquina con Diputació, y el año 1904 nacería, en la calle Floridablanca, la mítica Hispano-Suiza. El acceso a los automóviles, a partir de entonces se iría haciendo cada vez más común entre los residentes en Barcelona, hecho por el que, el 3 de agosto de 1907, se estableció la obligatoriedad de colocar ente los vehículos matrículas con distintivo provincial. Fue así como Rupert Garcia se llevó este honor que, ciento cinco años después, el diseñador y editor Ròmul Brotons ha recogido como una de las muchísimas anécdotas del libro Coses de la vida moderna. 58 invents que han transformat Barcelona, publicado en catalán por Albertí Editor.