El Corpus, una celebración muy barcelonesa

13 junio, 2017 | Barceloneses, Insólito | Publica un comentario

Este jueves 15 de junio es el día de Corpus, una celebración que hoy en día pasaría bastante desapercibida, si no fuera porque se engalanan algunas fuentes del centro de la ciudad para colocar en ellas L’ou com balla. Esta fiesta, no obstante, fue, durante siglos, una de las más importantes y Barcelona fue uno de los lugares donde tuvo más relevancia. Además de L’ou com balla, legó varios elementos a la cultura tradicional, como los gigantones y gran parte del bestiario popular.

El gran acto de la celebración del Corpus siempre había sido la procesión, documentada en Barcelona desde el año 1320. Joan de Déu Domènech, autor del libro El Corpus. Una festa de Barcelona, editado en el año 2008 por el Ayuntamiento de Barcelona, explica que la procesión del Corpus “era la más solemne y espectacular de todas las que se organizaban. La más grande y la más vistosa”. Y añade: Y añade: “Lo que la diferenciaba de otras manifestaciones litúrgicas era la mezcla de elementos religiosos y teatrales y, en medio, incienso, flores y autoridades, todo en un desfile de horas y horas por las calles y plazas de la ciudad. Un espectáculo imponente –el mayor que ha conocido Barcelona–”.

Fragment d'una tira de Corpus. Segle XIX. AHCB.

Otro autor, Amadeu Carbó, nos da otra visión de la procesión del Corpus en El llibre dels gegants de la ciutat, editado por el Ayuntamiento de Barcelona en el 2011. Dice Carbó: “La concepción lineal de la procesión, como un gran desfile triunfal en la calle, recuerda, por un lado, las grandes exhibiciones de alegría en honor a visitas de gran importancia para la ciudad, como por ejemplo las reales. Y, por el otro, recuerda los desfiles victoriosos de carácter marcial, donde el vencedor, en este caso la custodia, cerrando la comitiva, desfilaba con sus tropas y sus trofeos de batalla perfectamente dispuestos por orden de importancia o jerarquía, de menor a mayor, dentro de los séquitos”.

Hubo una época en la que la procesión del Corpus se celebraba pasara lo que pasara y, si hacía falta, se cambiaba de día. Así fue en 1640, el año del Corpus de Sangre, la revuelta que supuso el inicio de la Guerra de los Segadores. Este hecho obligó a suspender la procesión, que acabó celebrándose el mes de noviembre. En otras ocasiones, se había organizado más de una para celebrar sucesos concretos. Así, en el año 1571 hubo tres: la preceptiva del día del Corpus, una el 18 de noviembre en acción de gracias para celebrar la victoria en la batalla de Lepanto, y una tercera, el 30 de diciembre, también como acción de gracias, en este caso por el nacimiento de un hijo del rey.

Uno de los elementos de las procesiones eran los llamados entremeses que, según la definición de la Gran Enciclopèdia Catalana son “figuras animadas o inanimadas que se exhibían o se hacían danzar con motivo de una fiesta cortesana”. Es decir, los gigantones, los dracs, las àligues, las víbries y los diferentes elementos de la cultura popular y tradicional que han llegado hasta hoy.

El patrimonio que el Corpus ha legado a la sociedad catalana es bastante evidente. Aunque la fiesta ha perdido gran parte de su fastuosidad, todavía quedan en Cataluña varias celebraciones relacionadas con esta fecha, algunas bastante conocidas, como las enramadas de Sallent, las alfombras de flores en Sitges y Arbúcies o la Patum de Berga. En Barcelona perdura una tradición propia: L’ou com balla. No se sabe demasiado bien de dónde procede esta tradición típicamente barcelonesa, aunque hay quien dice que fue una manera de distraerse y entretener a los niños de los vecinos de los palacios de la calle Montacada mientras esperaban el paso de la procesión.

Sea como fuere, es una tradición que ha llegado hasta nuestros días y en la ciudad hay varios lugares que no fallan y cada Corpus colocan L’ou com balla: la Casa de l’Ardiaca, sede del Archivo Histórico Municipal o el claustro de la Catedral, entre otros.

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