Sistema alimentario

La relación entre el sistema alimentario global y el cambio climático es bidireccional. Por una parte, distintos organismos internacionales (FAO, 2003a; IPCC, 2007) afirman que las cuatro dimensiones de la seguridad alimentaria, es decir, la disponibilidad de alimentos (la producción y el comercio), la estabilidad en el suministro de alimentos, el acceso a los alimentos y su uso, probablemente se verán afectadas por el cambio climático.

El Cuarto Informe de Evaluación del IPCC (2007) prevé un incremento del potencial de producción de alimentos a escala mundial, que puede aumentar como consecuencia del aumento de la temperatura media local (entre 1 y 3 °C), pero por encima de este intervalo se espera una disminución de esta producción, unida también a la existencia de más olas de calor y la reducción de las precipitaciones. Por otra parte, los cambios en los patrones de acontecimientos meteorológicos extremos, como el aumento de la frecuencia e intensidad de las sequías e inundaciones, afectarán la estabilidad y el acceso a los suministros alimentarios. Además, la inseguridad alimentaria y la pérdida de medios de subsistencia se verán agravadas por la pérdida de superficie cultivable y de viveros de peces, a causa de la inundación y la erosión costera en zonas bajas (FAO, 2003b).

Por otro lado, el sector alimentario es una fuente importante de emisiones de gases de efecto invernadero (GEH). Las diferentes etapas de la cadena alimentaria (producción, transformación, almacenaje, transporte, venta y consumo) representan entre el 15-30 % de las emisiones globales de GEH (Garnett, 2008). Más en detalle, la producción de fertilizantes sintéticos representa el 38 %; la ganadería, el 31 %; el cultivo de arroz, el 11 %, y la gestión del estiércol, el 7 % (Stern, 2005a). En el ámbito catalán, según la Oficina Catalana del Cambio Climático, en el año 2015 la ganadería y la agricultura representaron el 11 % de las emisiones. Finalmente, una fuente de emisiones que también hay que tener en cuenta son los residuos alimentarios que se generan a lo largo de la cadena alimentaria, que solo en Cataluña corresponden a 35 kilogramos por persona y año (ARC, 2012).

Así pues, el sistema alimentario es un elemento clave para el desarrollo de la sociedad, por lo cual se convierte en un elemento relevante a la hora de estudiar los efectos que el cambio climático puede tener en la ciudad y cuáles tienen que ser las estrategias para adaptarnos y aumentar nuestra resiliencia.