Preguntas y respuestas sobre el cambio climático

¿Qué puede hacer una ciudad como Barcelona ante un problema global como este?

Las ciudades representan parte del problema del cambio climático, ya que concentran buena parte de las emisiones y del consumo energético de todo el mundo, pero, por eso mismo, también son una parte clave de la solución.

En términos generales, gran parte de las ciudades ya están recibiendo los impactos asociados al cambio climático, como son los efectos sobre la salud, el aumento de las temperaturas, el agravamiento del efecto isla de calor, más periodos de sequía y más inundaciones, más olas de calor, el incremento del nivel del mar, la disminución de los recursos hídricos...

Las actuaciones de las administraciones locales son muy importantes para la gestión de la cuestión del cambio climático tanto en el ámbito local, en la medida en que mejoran las condiciones de vida de sus ciudadanos, como a escala global, puesto que las concentraciones urbanas en todo el mundo engloban hoy ya más del 54 % de los habitantes del planeta y, en la Unión Europea, un 74 % de la población vive en áreas urbanas, donde se consume el 75 % de la energía.

Las ciudades y sus ámbitos metropolitanos representan un enlace intenso entre la urbanización, el uso de la energía y las emisiones de gases de efecto invernadero. La densidad urbana y la organización espacial son factores clave que influyen en el consumo de energía, especialmente en los sectores del transporte y de los edificios.

Pero ¿la Tierra no ha pasado por muchos cambios climáticos? ¿Por qué nos tiene que preocupar?

Porque es el primero que sucede con una población humana que se extiende por todas las zonas de la Tierra. Pasa a ser, pues, una problemática que trasciende los aspectos estrictamente ambientales para convertirse en una cuestión ética y de responsabilidad. En este caso, los cambios están producidos directamente por la acción humana y no todas las poblaciones tienen la misma capacidad de adaptación; los más afectados y con más dificultades para la adaptación serán los que menos han contribuido al problema.

Si no actuamos, con el ritmo de emisiones actual, en el 2100 incrementaremos entre 3 y 5 °C la temperatura media del planeta... ¿Realmente hay para tanto?

Quizás 3 o 5 °C no parezcan mucho, pero un cambio global de un grado en la temperatura media significa una gran cantidad de calor para calentar todos los océanos, la atmósfera y el suelo. En el pasado reciente de la Tierra, una diferencia de 5 °C es lo que separa la última glaciación de una época interglaciar.

¿El CO2 es un contaminante? Cuando hablamos de contaminación atmosférica, ¿hablamos también de CO2?

La presencia del CO2 y de otros gases de efecto invernadero en la atmósfera es natural y, de hecho, es una de las causas que permite la vida en la Tierra, ya que mantiene una temperatura apta. La concentración de estos gases es fruto de un equilibrio entre las fuentes emisoras y los imbornales (procesos que los absorben o fijan). El problema no deriva de si son sustancias contaminantes, sino del hecho de que estamos aumentando su concentración y, por lo tanto, la capacidad de retención del calor que refleja la Tierra. Desde la Revolución Industrial, se han incrementado sustancialmente las fuentes antropogénicas, mientras que la mayor parte de imbornales (océano, vegetación, litología) tienen un ciclo mucho más lento. Así pues, las emisiones actuales pueden tardar decenios o siglos en ser absorbidas.

Cuando hablamos de contaminación atmosférica, nos referimos a otras sustancias que, cuando están presentes a partir de una determinada concentración, tienen un efecto directo en la salud.

Efecto invernadero, calentamiento global, cambio climático... ¿Estamos hablando de lo mismo?

El efecto invernadero es un fenómeno natural que permite la vida en la Tierra. Tiene relación con la capacidad de absorción y el porcentaje de reflexión de la radiación solar en forma de calor y su retención en la atmósfera por parte de los gases de efecto invernadero (CO2, N2O, CH4), que representan el 1 % de la composición de la atmósfera. El incremento en la emisión de estos gases a partir de las actividades antrópicas produce el calentamiento global, el incremento de la temperatura media de la Tierra (actualmente 15 °C) y, como consecuencia, cambios en el clima y otros efectos:

  • Disminución de la nieve y el hielo (incremento del albedo)
  • Incremento en la temperatura de los océanos (disminución de la capacidad de imbornal).
  • Acidificación de los océanos
  • Incremento del nivel del mar
  • Incremento de fenómenos meteorológicos extremos
     

¿Se puede ser neutro en carbono o cero CO2?

Cualquier actividad que haya utilizado energía no procedente de fuentes renovables (solares, eólicas) provoca emisiones de CO2. También generan emisiones de gases de efecto invernadero algunas actividades agrícolas o ganaderas. Es, pues, muy difícil todavía encontrar productos o servicios de “cero emisiones”. Lo que sí que se puede hacer es compensar estas emisiones, es decir, calcular la cantidad de gases de efecto invernadero emitidos al fabricar un producto o hacer una actividad (por ejemplo, un viaje en avión) e invertir en un proyecto que permita reducir la misma cantidad de emisiones. Eso es lo que significa un producto o actividad “neutro en carbono”.

Huella de carbono, mochila ecológica..., ¿son lo mismo? ¿Qué nos dicen las etiquetas?

La huella de carbono de un producto es el cálculo de las emisiones asociadas a su fabricación “de la cuna a la sepultura”, es decir, desde la obtención de las materias primas hasta la puesta en disposición en el lugar de utilización o consumo. No debe confundirse con la mochila o huella ecológica, que es un concepto más amplio que tiene en cuenta también otros elementos como el consumo de agua, la emisión de contaminantes, la ocupación de suelo, etcétera. La comparación entre productos no es fácil, ya que son muchos los factores que intervienen en la cantidad de emisiones. Por ejemplo, en el caso de los vinos, intervienen factores como la eficiencia energética en la bodega, el tipo de vidrio utilizado en la botella o la cadena de distribución (dónde se vende el vino y cómo se transporta). Pero también otros factores no relacionados con la eficiencia o el ahorro, como la distancia de la viña a la bodega, el rendimiento de las viñas o el tipo de vino elaborado con más o menos aprovechamiento del mosto. Las dificultades de interpretación y su relación con la “bondad” del producto han hecho que no sea habitual que los fabricantes informen de la huella de carbono de sus productos. Es, sobre todo, una herramienta de uso interno que permite evaluar la eficacia en la introducción de medidas para disminuir emisiones. Previsiblemente, en un futuro próximo se irán desarrollando los mecanismos que permitan a los consumidores conocer la huella de carbono de los productos.

¿El Acuerdo de París fue realmente tan importante?

El denominado Acuerdo de París representa un salto adelante importante porque, por primera vez en la celebración de las cumbres por el clima, no se cuestiona ni el problema ni sus causas. Sin entrar a valorar si es el acuerdo que el planeta necesita, permite la construcción de una arquitectura que, por primera vez, demuestra que se asume de verdad el reto. Se crea el marco de activación y gobernanza, y, asimismo, se basa en el principio de la transparencia: todos los firmantes deben hacer públicos sus objetivos, no iguales, pero coherentes con la capacidad tecnológica. También se articulan los mecanismos de colaboración con los países no desarrollados, lo que representa también una asunción de responsabilidades por parte de los países más desarrollados.

¿Las energías renovables son la solución?

Las energías renovables son un pilar fundamental para reducir las emisiones del sistema energético. Ahora bien, ante la necesidad de acelerar rápidamente las tasas de reducción de emisiones, hay que abordar también otros frentes como el sistema de producción de alimentos (la agricultura y la ganadería tienen un peso importante en las emisiones de metano y óxidos de nitrógeno que actualmente aumentan más rápidamente que el CO2). Igualmente es importante el mantenimiento y la regeneración de los bosques de todo el mundo.

Será imposible conseguir los niveles de mitigación necesarios sin una transformación del sistema social de una magnitud similar a los cambios tecnológicos. Eso incluye la manera como trabajamos, cómo nos desplazamos y lo que comemos, entre otros ejemplos.(Josep Canadell Gili, en el Tercer informe sobre cambio climático).