Los antecedentes: la Olimpiada Popular de 1936 y la tradición deportiva en Barcelona

La Olimpiada Popular de Barcelona tenía que ser un acontecimiento deportivo alternativo a los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, ciudad que había obtenido la sede antes de que Hitler llegara al poder. Cuando este llegó al poder, utilizó el movimiento olímpico como propaganda nazi y legitimación de su régimen mediante el deporte y el olimpismo.

Numerosos países y organizaciones internacionales decidieron movilizarse y poner en marcha una campaña de boicot y presión contra los Juegos Olímpicos organizados en Berlín. En aquel momento, el deporte popular catalán contaba con un buen tejido de entidades, aspecto que favoreció la organización de la Olimpiada Popular.

Además de la reivindicación antifascista, la Olimpiada Popular fue un movimiento alternativo que dio paso al auge del deporte popular, de la unión entre cultura y deporte, de la identidad deportiva de los pueblos y de la lucha solidaria contra el fascismo.

Un día antes de celebrar la Olimpiada Popular llegaron las primeras noticias del golpe militar. El 19 de julio, el mismo día que el estadio de Montjuïc tenía que abrir la puerta al deporte popular de medio mundo, definitivamente aquel inusual acontecimiento deportivo y cultural se vio frustrado ante la salida del ejército de los cuarteles para consumar el golpe de Estado contra la República y la Generalitat. Si bien la gran mayoría de los deportistas extranjeros volvieron a casa, hubo unos cuantos que decidieron coger las armas y luchar contra el fascismo: inicialmente al lado de los obreros armados que detuvieron a los soldados en las calles de Barcelona y, más adelante, yendo al frente integrados en las Milicias Antifascistas. Se convirtieron, involuntariamente, en los primeros voluntarios extranjeros en defensa de la República, el embrión de las futuras Brigadas Internacionales.

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